Gazmoños, mojigatos y Roberto Cavalli

Hace tiempo asistí a una de tantas muestras de esa clase de despropósitos que en la jerga de Internet se llama “trollismo”. Vaya, a un intento de buscar la complicidad o provocar la protesta o incitar al insulto contra alguien de una forma extemporánea y desproporcionada . Esta vez le tocó a Khatia Buniatishvili, que interpretó el Concierto para piano de Robert Schumann acompañada de una de las orquestas que más me gustan en el Rheingau Musik Festival, a finales de Agosto de 2012.
La grabación, que se ha reproducido ahora más de 3.700.000 veces, ha suscitado casi 1900 comentarios, bien contrarios o bien favorables a… la vestimenta de la pianista.
Veamos (la fotografía seguro que ayuda): Khatia, que está a punto de cumplir 30 años, revela su origen georgiano en cada mirada negrísima y en todos los tonos de su piel, aceitunada como la de una romaní. Que para ese concierto eligiera un vestido blanco que dejaba al desnudo sus hombros y su espalda sólo merece, creo yo, el comentario más jaleado de todos los que, para bien, se dirigieron a su imagen:

The woman can wear whatever she god damn want to (Freydabae)

Khatia

Su técnica, su postura y su capacidad de entendimiento con la orquesta parece que quedan fuera de toda duda. Pero los comentarios supuestamente cándidos, propios de los más pobres de espíritu o de los peores cínicos fueron (y siguen siendo) numerosos:

There really is a double standard in the way pianists dress.  While women can wear comfortable clothing, men still have to wear tuxedos with neck-throttling bow ties (Gerry R)

Khatia no es la única que ha recibido críticas de esa clase. Yuja Wang, otra grandísima (si olvidamos su altura) pianista, suele vestir de Roberto Cavalli y ha sido definida como “un prodigio al piano popular por la brillantez de sus interpretaciones y por su llamativa vestimenta (“dramatic outfits”). Las críticas le llegan desde arriba (“spiky-haired”) hasta abajo (“five-hinch-heels”) y, sin embargo, yo nunca la he oído fallar un pedal…
Las músicas no son las únicas destinatarias de tanta tontería, por mucho que el machismo sea un ingrediente más que habitual de estas salsas. Pero Yo-Yo Ma o Lang Lang o James Rhodes no han recibido censuras por sus formas de vestir o no sólo por eso. Si en lugar de concertistas de música sinfónica fueran vocalistas de grupos de rock, dudo que alguien reparara en su forma de vestir, criticara su tendencia a la mezcla de estilos (Ma o Lang)  o censurara su testimonio como víctima de abusos (Rhodes).

Hay otra forma de ver las cosas: con independencia de sus gustos personales, las empresas discográficas que contratan a estas dos pianistas están sacando buen partido de sus, llamémoslas veleidosas elecciones de vestuario. Todo el mundo señala que la interpretación musical actual tiene un componente plástico, visual: un concierto no sólo se interpreta, también se representa. No sé cómo le va a Khatia, pero Yuja coloca el “sold-out” con relativa facilidad.
Creo que quien afecta escrúpulos, quien censura de forma exagerada e irrespetuosa, no está defendiendo con más o menos calor una opinión o esgrimiendo un argumento o declarando una convicción. Creo que está padeciendo la famosa terciana  que combina la frase hecha con el estereotipo y el lugar común. Esta dolencia no la originan los mosquitos (como la malaria, de donde he tomado el adjetivo) sino las tonterías y esa extraña tendencia a limitarse a cuatro prejuicios que adquirimos antes de los 20 y no dejamos ni pasados los 80. Pereza intelectual, conformismo y dejadez serían buenos sinónimos  ¿ Por qué se ha de permitir a los músicos de jazz o de pop o de punk lo que se censura en los músicos sinfónicos ?. Me gusta Chopin, me gusta Yuja cuando sobrevuela el teclado en los Preludios, me encanta Cavalli y, aunque no soy muy de orientales, considero las minifaldas de lentejuelas y las espaldas desnudas como otro de los atractivos de una experiencia estética.
Yuja acaba de representar a Chopin frente a un estanque con miles de medusas y un auditorio con no tantos oyentes. Vestido largo vaporoso, realmente etéreo y marino, su último peinado a lo “Bob” y esa forma de hacer conseguir el piano súbito… El mismo día, en la misma ciudad, a muy pocos metros yo opté por un concierto con Das Lied von der Erde y salí perdiendo.

Dejadme que parafrasee al Marcello de La Bohème: “Per vendicarmi, ho messo un video”. Y, claro, ahora me diréis que nos os gusta Brahms.

Khatia Buniatishvili – Yuja Wang – Johannes Brahms – Hungarian Dance No. 1 from medici.tv, music with vision on Vimeo.

La semana de la víctima

En 1972 se estrenó una de las mejores películas dirigidas por Eloy de la Iglesia, que también era el autor de la trama. En ella, a Vicente Parra no le quedaba más remedio que encadenar un asesinato tras otro, por aquello de que una cosa lleva a la otra: que si mi mujer me ha visto matar (accidentalmente) a un taxista, que si mi hermano y mi cuñada sospechan de lo de mi mujer, igual que mi padre… el matador protagonista, acumulando un asesinato tras otro, contaba afortunadamente con unas instalaciones industriales donde dar salida a tanta casquería. Como el protagonista de otra magnífica historia, la novela “Por amor al arte” de Andreu Martín, el Marcos de la peli mata con impasibilidad, casi con estupor. Pongamos que cada amenaza provoca una curiosidad y cada muerte, un descubrimiento: el extraordinario descubrimiento de la impunidad.

EC

La maravillosa mirada de Emma Cohen, una de las víctimas en la historia de Eoly de la Iglesia.

La película de Eloy de la Iglesia se tituló “La semana del asesino” y yo he parafraseado ese título para mostrar mi hartazgo con los acontecimientos de estos últimos, pongamos que siete,  días.
El lunes descubrí que la arrogancia lleva a algunos a presumir incluso de su propia ignorancia. Ya sé que eso tiene una explicación psicológica, pero es desalentador que un  adolescente, cuando se le sugiere que debe interpretar un finale “como si fuera de Shostakovich” se desentienda arguyendo que ni siquiera sabe cómo se escribe  ese nombre. ¿ Llegará ese estudiante a comprender la genialidad de la Música para Cuerda, Percusión y Celesta o las series de Rebounds ?  ¿ Llegará a acentuar Bartòk y a escribir Iannis Xenakis ? ¿ Y podrá entonces comunicar esa música para el disfrute de quienes no sabemos qué hacer con una baqueta ? ¿ O seguirá aporreando inmisericordemente sus cajas y timbales sin la menor expresión ?.
Esta misma mañana he leído que un dirigente europeo está llamando al boicot a una marca de cerveza, pretextando que la estrella de su logotipo recuerda la simbología comunista. Dudo mucho que estemos ante otro caso de ignorancia. Este desalmado pretende sacar ventaja de una deriva nacionalista con un porcentaje de manipulación algo más alto del habitual. En todo caso, la tontuna la ponen sus seguidores. A ver si consiguen entre todos auparlo a esa carroza donde menudean las salidas de tono hirientes en medio de saludos brazo en alto… ¡ Cómo echo de menos a los caricaturistas del XIX cuando imitaban las composiciones de Del Bosco, las mejores fallas desde siempre !
Entre el adolescente percusionista del lunes y el populista cervecero del viernes, he sido víctima de parecidos ataques durante toda la semana. Algunos son cotidianos, como los que surgen de la deriva de los diarios españoles hacia el extremo de los manuales de autoayuda, el amarillismo y el cotilleo. Otros, aunque aparecen por sorpresa, tienen en común la burrería, la ignorancia supina o una desgana más o menos disimulada.
Aunque soporto a duras penas las ignorancias ajenas, quizá tengo pocos motivos para la queja. Hasta es posible que por fin haya aprendido a descubrir el lado bueno de las cosas. Gracias a esas decepciones encadenadas, me dirijo hacia las personas, los objetos y los acontecimientos capaces de estimularme, de apartarme de la vulgaridad, de hacer de cada día algo único, aunque haya sido triste o deslucido o agotador.
Y siguiendo por ese camino, vamos a olvidarnos de esos 1,2 grados de Madrid y de toda la nieve caída y que caerá a ritmo de DJ francés (Valentin Brunel, aka Kungs) de un trío funk y, sobre todo, de la historieta del video, grabado en las Cícladas con las impresionantes y raras playas de Milos.

Finalmente, otra coincidencia para nuestra colección: Eloy de la Iglesia, que sobrevivió a los estragos de la heroína, murió finalmente el 23 de Marzo de 2006, hace once años y un día. Le agradecí y aún le agradezo sus películas, que me alegraron la adolescencia.

Pero… ¿ A quién se le ocurre ?

Vale, ando estos días algo corto de excusas para rellenar nuevas notas y realmente abrumado más por mis aficiones  que por mis obligaciones. La música es la principal y las lenguas (Isabel S está al tanto) van detrás. Cualquier aficionado sabe que en el mes de Noviembre se produce el gran choque de trenes: las celebraciones de Santa Cecilia y la preparación del concierto de Navidad casi de inmediato. Difícil, difícil.

Pero no es sólo eso. Además conviene conciliar los temas que uno trata o los asuntos que menciona con los intereses de los eventuales lectores. Y en eso  las cosas no es que mejoren. Un repaso rápido en los siguientes párrafos.

Phil y sus colegas de The Scholarly Kitchen han ofrecido una crónica más que hilarante de un congreso sobre identificadores persistentes (DOI, ORCID y demás). Y la crónica es hilarante porque el congreso se ha celebrado este mes de Noviembre en OMG!… Reykjavik. Alice Meadows hace la crónica. Phil aporta notas sobre un par de conversaciones que mantuvo mientras, literalmente, “desarrollaba una déficit de vitamina D”. Combinar la oscuridad del paisaje islandés con los resultados de las elecciones estadounidenses no es que le ayudara mucho.

La literatura “profesional” aburre. Information Processing & Management, que fue mi revista favorita hace tiempo, se descuelga de vez en cuando con trabajos de tipo bibliométrico. En su número del próximo mes de Enero, un grupo de investigadores emplean el análisis de redes sociales para medir la influencia social de los científicos a partir de sus redes de colaboración. Otro, que va por libre, trata de dilucidar los mecanismos por los cuales se rige la co-autoría de trabajos científicos. Aunque hay otro artículo también próximo a otra de mis líneas de trabajo en el que participan investigadores españoles, me resulta demasiado obstruso porque la elaboración de resúmenes de patentes mediante procesamiento del lenguaje natural no es algo que entienda ni quiera entender.

No voy a recomendar a Michael Torke y su música. Y no porque no me resulte interesante: lo es el personaje y lo son las obras. Pero condenaros a la música minimalista donde se combinan células temáticas provenientes de líneas de percusión en música rock con las idas y venidas de un cuarteto de saxos no es mi idea de desearos un buen fin de semana. Y si no, fijaros en las propias palabras de Torke:

“When I am drawn to a particular rhythmic groove from an overheard pop song, I scratch my head and think: “I like that, how could I use it?” To me, it’s not worth trying to write another of the ten million songs out there. But I’ve found that if I take a small part of the drum track and assign it to the non-percussion instruments I’m writing for, then interesting things happen”

 

Así que por partida doble: ¿ A quién se le ocurre asistir a un congreso en Noviembre en Islandia ?. Y ¿ A quién se le ocurre algo que no sea aburrido ni suene a “intento de resumen anual” (empiezan a leerse) como excusa para estas notas ?

No se hable más. Aquí tenéis a Ellie Goulding en el más puro estilo “mira-lo-que-hago-con-el-kulito”. La mejor demostración de que este mundo está lleno de nerds y de que, por descontado, los nerds son quienes valen la pena (no todas, you bitch).

Y, por supuesto, buen fin de semana, felices compras y… ya podéis ir haciendo sitio para lo que vendrá en los próximos días.

 

 

…where the doves go to die

It’s been not a good week. Please, indulge  me this little chronicle just as an escaping illusion. As of the video, I know, it’s somehow sorrowful but still…

The Jheronimus van Aken exhibition at the Prado Museum, which ran from May to September this year, reached the impressive number of 600,000 visitors. This record comes as no surprise as we identify van Aken as the artist who honoured his hometown adopting the pseudonym of “Bosch”, the highly popular Hyeronimus Bosch; but, still, seems a good excuse to inquire once more about the steady or even rising popularity of such a limited and distant artist.
I don’t mean to show disdain about him— how could I dare !. I just want to make a point of the scarcity of his work— few more than twenty paintings have been credited to him— the very limited themes covered— most if not all reproduce biblical scenes or have religious content— and of the fact that he was born around or shortly after 1450, at a time when America had not yet been discovered— hence the distance— and died in 1516, half a millennium ago.

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Paco Nieva, a quien antes conocí  como “tumbao” que como autor.

And yet, Jheronimus Bosch is appreciated as the creator of a world of  esoteric and  magic resonances,  a Paracelsus (his contemporary) whose alchemy is based in the figurative translation of our main myths: origin, end, fate. The language into which Bosch translates these myths is made up of tiny interacting couples: human for the most part in “The hay wain”,  half human half chimeric when representing hell torments or mundane vices in “The last judgement” and a mix of humans and allegoric images of an obscure meaning, like the “tree man” representation of the right panel of “The garden of earthly delights”. Some times, this oneiric universe could be viewed as an never ending parade of monsters (as people usually refer to them) in morbid scenes heading to some final cliff. Impossible to ascertain which chemicals could draw someone to such a delirium.

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Un grito a la arrogancia de los jóvenes, aunque él nunca lo hubiera admitido. De su versión del pequeño vals de Lorca procede el verso que he utilizado como título.

The exhibition at El Prado, however successful and very populated, was somehow flawed precisely by its own success and popularity. The long lines of people waiting for their turn to enter the exhibition were followed by crowded groups of the same people desperately trying to catch some detail on the canvas; an almost impossible task. In a sense, the magnificent effort of imagination has been wasted by a shortsighted organisation. In this respect, El Prado would have to follow some of the usual practices at the “Reina Sofía”, the homologous museum focused in contemporary art: the use of screens to magnify and describe the contents it exhibits, at least those whose craft is near to that of some miniaturists, as is the case. On the other hand this would approach the crafting of Bosch to the contemporary sensibility of people that appreciate the narrative, the story inside every painting as they have been raised in a plastic rather than literary environment.
This last remark leads me to my final comment and recommendation: the Bosch commemorative exhibition needed an extra effort to approach its contents to current people and, at the same time, to prolong and reinforce its influence: along with the retired people and the familiar groups lining up for a while maybe too long, some daily or weekly period would had to be reserved for the growing population of young involved in that intersecting world where plastic art and disciplines meet the information technologies and the graphic narratives of comics. Students and practitioners of these disciplines would have to be forced by some sort of chimeric guardians to attend and contemplate and imitate the exploding delirium of that far and weird and obscure dutch painter. Some industries, like those of computer animation and some creative products like graphic novels would greatly benefit of their practitioners being exposed to such an explosion of creativity.

Take This Waltz from Charissa Olano on Vimeo.

Una de chinos

Me resulta sorprendente que, en algunas épocas o en algunas temporadas o incluso en ciertos días se acumulen varias experiencias que se refieren a un mismo ambiente, a una misma cultura o a los rastros e influencias que esa cultura ha ido impregnando alrededor.

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Pues no, no es un bosque de bambú, pero a primera vista…

La palabra “chino” se ha convertido en una palabra contenedor que usamos para referirnos a un montón de cosas, personas y geografía que antes agrupábamos  como “orientales”. Pero precisamente el hecho de que dispongamos de esa palabra genérica pone de manifiesto que la influencia de la cultura o los productos de Japón, de China o de cualquier país de los del Sudeste de Asia es más que palpable.
Tenemos restaurantes chinos, tiendas de chinos, películas de chinos y cada vez más personas chinas alrededor. Y eso es fenomenal. Yo, que me siento por eso privilegiado, tengo además “música de chinos”.
Estos días, mi primer encuentro con algo de “ambiente chino” es musical. Tras ensayos a lo largo de un par de meses he colaborado con la banda del CEM en la interpretación de Shanghai. Esta obra es una obertura subtitulada “asiática” para banda sinfónica.  La compuso Oscar Navarro, un músico alicantino que cumple los 35 este año, por encargo del Certamen de Bandas de 2010. La obra muestra oficio, una estructura clara con tres secciones que alternan con ritornellos en el duo de flautas, un excelente colorido instrumental y cierta dificultad en el presto final de las maderas (algunos clarinetistas enrojecen de forma alarmante en esos compases) como corresponde a la obra obligada de un concurso.
Y ahora de China a Japón.
A pesar de eso o quizá precisamente por las reminiscencias orientales que contiene su armonía , mi cabeza estaba en otra música durante los ensayos: en la que Ryuichi Sakamoto compuso en 1983 para la película Feliz Navidad, Mr Lawrence, una película de Nagisa Ôshima que aún hace que se me humedezcan los ojos.
Y de Japón a Vietnam, ya puestos…
Cuando he querido recuperar la delicada pieza inicial, he dudado entre la versión del propio Sakamoto, la de Elena Mattiuzzi, una joven italiana que también la interpreta al piano solo, sin arreglos electrónicos, y la de un mochilero que la utiliza por toda banda sonora en un corto sobre su viaje a Vietnam. Y mira tú por dónde, a pesar de que su video dura menos de tres minutos (la pieza de Sakamoto se acerca a los cinco) sus imágenes son tan atractivas que hasta le han valido a Pedro Saavedra, el mochilero, una propuesta de matrimonio (sí).
Por razones personales Vietnam me toca muy, muy de cerca. Porque soy un sentimental, la película de Lawrence, con su trama y su música japonesas, me toca la fibra. Me alegro de que Oscar Navarro y su música me hayan permitido embobarme otra vez con esos temas.

En fin, os dejo con mi disculpa por no haber escrito estas notas en Viernes y con las imágenes de Pedro Saavedra, que ya debe de haber perecido víctima de la morena…

Vietnam from Pedro J. Saavedra on Vimeo.

Fragmentos de bestiario

Reconozco mi ingenuidad, aliada natural de mi incapacidad para sacar provecho de la experiencia. Lo de no aprender nunca y lo de tropezar con la misma piedra han sido cualidades que me han acompañado un tiempo demasiado largo.
Durante la mayor parte de ese tiempo he pensado que combinar palabras para crear un nuevo vocablo era cosa del alemán, la lengua donde es posible encontrar maravillas como rollstuhlbasketballerinnen. También la forma en que el inglés apila monosílabos o fragmentos de palabras y hasta siglas para crear neologismos me ha admirado siempre. Creo que en muchos idiomas orientales lo que se combinan son sonidos que representan nuevas ideas.

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Colocada a demasiada altura, pero igualmente emocionante.

Como la terminología médica fue una de mis debilidades, pensé que palabros como ortopantomografía o esternocleidomastoideo agotaban las posibilidades en nuestra lengua. Hasta que una especie de concurso donde se pedía a la gente que propusiera la palabra española más bella, me hizo volver el pensamiento hacia nuestro lenguaje común y encontrar, junto a muchas otras, palabras como aspavientos o tragaldabas, riquísimas en contenido, en poder plástico, casi tan rotundas como mariliendres, que aún anda esperando al académico que la fije en el diccionario.
Y luego está despecho. Una palabras simple, casi vulgar si no fuera porque es engañosa; no se trata de una de tantas combinaciones que hacen uso del prefijo negativo des-. Sólo cuando pecho significa teta, despechar es destetar. Pero yo me refiero a la primera acepción, donde no es la ortografía, sino la definición la que contiene una disyuntiva que resulta en un doble significado o un significado doble. Veamos, despecho es:

“Malquerencia nacida en el ánimo por desengaños sufridos en la consecución de los deseos o en los empeños de la vanidad”

Preciosa definición ¿ no ?. Entre sus méritos destaca en que contiene otra palabra que me maravilla: malquerencia, casi un oxímoron, si ‘querer’ se interpretara siempre en sentido positivo. Ojalá pudiera saber quien fue su autor. No descarto un vistazo a los cajetines que atesoran nuestra lexicografía la próxima vez que ronde los Jerónimos. Pero ahora lo que toca es reconocerme despechado y, de las dos especies de despecho, afectado por la segunda, la que se refiere a los “empeños de la vanidad”. Esta es mi confesión: mi corazón está incólume, he reemplazado los deseos que dejaron de satisfacerse y me siento tranquilo. Pero aún no he reparado mi orgullo. Y me resulta humillante y me duele no poder desprenderme del recuerdo de alguien con la misma rapidez que me desprendí de la presencia de ese mismo alguien.
No tengo más remedio que comportarme con vulgaridad y conjurar de mala manera a esa mala bestia de mi biografía. Hoy, mediado el mes de Septiembre, es un día magnífico para brindar ante una pinta de Martin’s “Get the fuck out of my mind, you miserable. To your demean and miscarriage !” sonreír y sorber con lentitud.

Palabras, las justas

 

paisagem

 

Andaba yo desencaminado preparando una nota sobre Bill Russo, el gran e híbrido compositor de Chicago, cuando he caído en la cuenta de que esta semana es la primera semana laboral de la temporada para casi todos. He pensado entonces que nadie está para rollos (lo de Russo pasaba de 1000 palabras) y sí para bálsamos.

Es sabida mi afición a la coincidencia, la chiripa, la serendipia.
Toda la vida creyendo que “Spalding” era una marca deportiva y de repente ¡ zas ! me descubren a Esperanza Spalding, magnífica al bajo eléctrico o, como ahora, al contrabajo. Y además, en un duo con Gretchen Parlato y sus agudos y sus manos. Y cantan a Jobim y, de Jobim, una de las canciones con el poema más breve y más tristemente hermoso.

 

ESPERANZA SPALDING “Inútil Paisagem” (live) from Steve Lippman/FLIP on Vimeo.
Mmmmm pues eso. Palabras, las justas. Estas de la letra original que Esmeralda musita al final del video y que al principio ha cantado Gretchen en traducción (muy bonita, por cierto) al inglés:

Mas pra que?
Pra que tanto céu?
Pra que tanto mar? Pra que?
De que serve esta onda que quebra?
E o vento da tarde? De que serve a tarde?
Inútil paisagem
Pode ser que nao venhas mais;
Que nao venhas nunca mais…
De que servem as flôres que nascem pelos caminhos?
Se meu caminho sozinho é nada…

El poema es de Aloysio de Oliveira y, como con tantos buenos poemas, ahora es vuestro.
Hala, a cerrar los ojos y tratarse el dolor de espalda o de lo que sea.