Autoría científica: ¿ baile de vampiros o merienda de negros ?

Hace tiempo que no me topaba con John Walsh. Junto a su pupila Li Tang, este profesor del Georgia Institute of Technology propuso en 2010 un método para resolver la homonimia de los autores de trabajos de investigación mediante el análisis de sus listas de referencias bibliográficas. Recuerdo haber criticado el método sin ninguna base sólida, pero con la sospecha de que los cambios en las líneas de investigación se podrían traducir en cambios en la base de conocimiento de los autores y, en consecuencia, en su perfil de referencias. Hace tiempo que las limitaciones de la capacidad de cálculo en los ordenadores a mi alcance me hicieron renunciar a comprobar empíricamente mis objeciones.

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Dance of the Vampires (Roman Polansky, 1967)

Ahora vuelvo a coincidir con Walsh porque, mientras he concluido estos días un primer trabajo sobre autoría y me dispongo a analizar los resultados de otro sobre parecido tema, me he topado con que, junto a su colaboradora Sahra Jabbehdari, ha publicado un artículo sobre el mismo tema. Y me parece muy, muy bueno.
En “Authorship Norms and Project Structures in Science” Walsh y Jabbehdari examinan la correspondencia entre la contribución de cada investigador en el desarrollo de un proyecto científico y su aparición en (o exclusión de)  las listas de autores de las publicaciones resultantes siguiendo las normas convencionales de autoría. Su objetivo principal es:

…to develop an understanding of some of the drivers of authorship lists (and how those vary systematically by field and by project characteristics net of field) in order to address concerns in the sociology of science and in science policy about the meaning of authorship lists for the evaluation and carees in science.

La introducción del cualquier artículo científico exige un balance entre las definiciones, los razonamientos retóricos y la bibliografía. Las definiciones responden a la pregunta ¿ Qué se investiga ? Los razonamientos responden a la cuestión ¿ Por qué se investiga ? y las referencias bibliografías tratan de responder a la pregunta ¿ Para quién es relevante la investigación de ese tema concreto ? La retórica de una buena introducción requiere de un balance exquisito entre las tres respuestas. En el trabajo de Walsh, sin embargo, el equilibro se rompe en favor de una revisión bibliográfica que a mí me parece excesiva. Las tres ideas básicas de esta sección son: 1) existen criterios para “elevar” a un colaborador al rango de autor; 2) esos criterios no siempre se respetan, y 3) la aplicación de los criterios depende de la cultura de cada grupo o especialidad científicos.
La tercera sección de la introducción discute si las expectativas de un alto impacto del trabajo, los visos de su aplicación comercial y el grado de colaboración institucional que ha exigido su realización pueden predecir la inclusión de más o menos autores en los artículos.
Tras seleccionar una muestra de trabajos de investigación, Walsh y Jabbehdari someten a sus autores correspondientes a una encuesta para que determinen el papel que los firmantes de los trabajos han desempeñado. Los resultados del trabajo son espléndidos, muy robustos, pero sus conclusiones no albergan muchas sorpresas. Ya sabíamos que

authorship lists are the result of a complicated process involving negotiations, field norms, and differences in visibility and that these vary across projects in systematic ways

Y también que

authorship practices may be changing in the age of bureaucratic science. Hence, there is a need for authorship policies and norms that are fitted to this new bureaucratic science structure

La  terminología de Jabbehdari y Walsh me resulta ambigua. Llamar especialistas a aquellos autores que realizan aportaciones puntuales al trabajo no tiene nada de particular, pero hacer equivalentes estos specialist authors a los “guest” authors, autores honoríficos, no me cuadra. Del mismo modo, también me choca que se denominen “nonauthor collaborators” a los autores denominados fantasma (ghost) o negros. Pero recomiendo encarecidamente la lectura del trabajo y agradezco muchísimo que hayan ampliado el estudio de la autoría de trabajos científicos e introducido la forma de identificar o investigar esas dos figuras.
No soy ingenuo: las continuas revelaciones de falta de ética, plagio, reinados de taifa y otras perversiones me hacen suponer que no cesará la picaresca de los investigadores. Pero no conozco actividad humana que no tenga aprovechados, precarios, chupasangres, negros y fantasmas. Trabajos como el de Jabbehdari y Walsh, sin embargo, pueden contribuir a mejorar las directrices y los criterios de una honesta autoría.