La semana de la víctima

En 1972 se estrenó una de las mejores películas dirigidas por Eloy de la Iglesia, que también era el autor de la trama. En ella, a Vicente Parra no le quedaba más remedio que encadenar un asesinato tras otro, por aquello de que una cosa lleva a la otra: que si mi mujer me ha visto matar (accidentalmente) a un taxista, que si mi hermano y mi cuñada sospechan de lo de mi mujer, igual que mi padre… el matador protagonista, acumulando un asesinato tras otro, contaba afortunadamente con unas instalaciones industriales donde dar salida a tanta casquería. Como el protagonista de otra magnífica historia, la novela “Por amor al arte” de Andreu Martín, el Marcos de la peli mata con impasibilidad, casi con estupor. Pongamos que cada amenaza provoca una curiosidad y cada muerte, un descubrimiento: el extraordinario descubrimiento de la impunidad.

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La maravillosa mirada de Emma Cohen, una de las víctimas en la historia de Eoly de la Iglesia.

La película de Eloy de la Iglesia se tituló “La semana del asesino” y yo he parafraseado ese título para mostrar mi hartazgo con los acontecimientos de estos últimos, pongamos que siete,  días.
El lunes descubrí que la arrogancia lleva a algunos a presumir incluso de su propia ignorancia. Ya sé que eso tiene una explicación psicológica, pero es desalentador que un  adolescente, cuando se le sugiere que debe interpretar un finale “como si fuera de Shostakovich” se desentienda arguyendo que ni siquiera sabe cómo se escribe  ese nombre. ¿ Llegará ese estudiante a comprender la genialidad de la Música para Cuerda, Percusión y Celesta o las series de Rebounds ?  ¿ Llegará a acentuar Bartòk y a escribir Iannis Xenakis ? ¿ Y podrá entonces comunicar esa música para el disfrute de quienes no sabemos qué hacer con una baqueta ? ¿ O seguirá aporreando inmisericordemente sus cajas y timbales sin la menor expresión ?.
Esta misma mañana he leído que un dirigente europeo está llamando al boicot a una marca de cerveza, pretextando que la estrella de su logotipo recuerda la simbología comunista. Dudo mucho que estemos ante otro caso de ignorancia. Este desalmado pretende sacar ventaja de una deriva nacionalista con un porcentaje de manipulación algo más alto del habitual. En todo caso, la tontuna la ponen sus seguidores. A ver si consiguen entre todos auparlo a esa carroza donde menudean las salidas de tono hirientes en medio de saludos brazo en alto… ¡ Cómo echo de menos a los caricaturistas del XIX cuando imitaban las composiciones de Del Bosco, las mejores fallas desde siempre !
Entre el adolescente percusionista del lunes y el populista cervecero del viernes, he sido víctima de parecidos ataques durante toda la semana. Algunos son cotidianos, como los que surgen de la deriva de los diarios españoles hacia el extremo de los manuales de autoayuda, el amarillismo y el cotilleo. Otros, aunque aparecen por sorpresa, tienen en común la burrería, la ignorancia supina o una desgana más o menos disimulada.
Aunque soporto a duras penas las ignorancias ajenas, quizá tengo pocos motivos para la queja. Hasta es posible que por fin haya aprendido a descubrir el lado bueno de las cosas. Gracias a esas decepciones encadenadas, me dirijo hacia las personas, los objetos y los acontecimientos capaces de estimularme, de apartarme de la vulgaridad, de hacer de cada día algo único, aunque haya sido triste o deslucido o agotador.
Y siguiendo por ese camino, vamos a olvidarnos de esos 1,2 grados de Madrid y de toda la nieve caída y que caerá a ritmo de DJ francés (Valentin Brunel, aka Kungs) de un trío funk y, sobre todo, de la historieta del video, grabado en las Cícladas con las impresionantes y raras playas de Milos.

Finalmente, otra coincidencia para nuestra colección: Eloy de la Iglesia, que sobrevivió a los estragos de la heroína, murió finalmente el 23 de Marzo de 2006, hace once años y un día. Le agradecí y aún le agradezo sus películas, que me alegraron la adolescencia.

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Bellas durmientes y cadáveres excelentes

En 2004, Anthony F. J. van Raan llamó bellas durmientes a las publicaciones científicas que, tras largo tiempo desapercibidas, atraen de repente una gran atención. A pesar de que está jubilado, ha insistido hace poco en la misma metáfora, esta vez para referirse a “invenciones olvidadas”. En fin, estos olvidos han ocurrido desde antiguo, en ciencia y casi todos los demás ámbitos. El propio van Raan cita el caso del trabajo donde Gregor Mendel formuló en 1865 sus dos primeras leyes, y que permaneció ignorado durante más de treinta años. También Johann Sebastian Bach dejó de interesar casi del todo tras su muerte en 1750… hasta que una biografía en 1802 y, sobre todo, la representación de una de sus pasiones, que Mendelssohn organizó en 1829, contribuyeron a recuperar su obra para el gran público. Continuamente se producen “milagrosas recuperaciones” o hallazgos de obras literarias: lo de “Rien où poser sa tête” no es nada comparado con lo que se halló en el armario de Mario Lacruz.

dancingoctopus

La danza del pulpo (una imagen de Gabriel Barathieu tomada en la costa este de Africa). ¿ Alguien esperaba de mí otra imagen diferente ?

En ocasiones, sin embargo, no hay beso que despierte a los yacentes y así, trabajos científicos importantes, algunos de relevancia histórica, duermen sin remedio un coma de grado 3 o un casi definitivo sueño de los justos. Creo que está bien parafrasear el título de la película de Francesco Rosi (1976) y llamar a estos trabajos “Cadaveri eccellenti”  ¡ como si de una serie de magistrados tiroteados se tratara !

Menciono todo esto porque hace poco, mientras visualizaba la red de citas de la investigación del Ebola, me topé con un ejemplo no sé si bueno o malo, pero bonito: el trabajo de Stefaan Pattyn, Wim Jacob, Guido van der Groen, Peter Piot y un médico zaireño de apellido Courteille (que aparece mencionado bien con la inicial G o con el nombre Jacques). Este es el primer trabajo donde se achaca la enfermedad y muerte de una mujer de 42 años a “el virus de Marburg o un virus serológicamente diferente pero perteneciente al mismo grupo”. Es la primera descripción de lo que hoy se denomina enfermedad por el virus Ebola, detectada  en Yambuku (República Democrática del Congo, antes Zaire), en el verano de 1976. La noticia de este caso alertó a las autortidades sanitarias (las de los paquetes de cigarrillos no, otras) que reexaminaron un brote ocurrido tres meses antes en Maridi (Sudán del Sur) e identificaron el mismo agente causal.
No sé si las coincidencias significan algo pero se agolpan estos días: además de mi trabajo sobre la red de citas, tres compañeros de la Universidad del País Vasco en San Sebastián acaban de estudiar el contraste entre el tratamiento del Ebola en la prensa y en  la red Twiter. Por otra parte, me he topado con otro artículo (uno de los peores que he leído) que tardó un año en ser aceptado por la revista BMC Research Notes y que me niego a enlazar. En este último se realiza un análisis descriptivo de 2477 trabajos de investigación sobre la enfermedad publicados entre 1977 y 2014. Los resultados de este análisis revelan que el primer trabajo sobre la enfermedad por el virus de Ebola, el de Pattyn y su grupo, no es uno de los trabajos más citados. Esto es llamativo, pero no es sorprendente.
La última de las coincidencias es desgraciada y a punto ha estado de hacerme variar el título de esta nota. Eugene Garfield ha muerto el 26 de Febrero, justo mientras yo estaba examinando uno de sus trabajos clásicos, aquel en que enumera 15 motivos para citar una trabajo científico; el primero de ellos es “rendir homenaje a los adelantados (pioneros)”.  Y entramos de lleno en el meollo de la cuestión: si uno no anda espabilado (y los sistemas automáticos no lo son en absoluto) se puede olvidar el primer trabajo sobre el virus del Ebola al recopilar los trabajos sobre esta enfermedad por la sencilla razón de que ni su título ni su texto contienen referencia alguna al río que dio nombre a la enfermedad y su agente. De hecho, ninguno de los tres primeros trabajos emplean el término “Ebola” y las controversias sobre el descubrimiento no han cesado desde entonces. Tampoco el panfleto sobre la enfermedad divulgado por la Organización Mundial de la Salud se refiere a esa primera comunicación. Por suerte, la magnífica revisión de Joel Breman y sus colaboradores reconstruye con detalle los acontecimientos de aquel lejano verano del 76 y reconoce el esfuerzo del equipo que desde Kinshasa (Clinique Ngaliema) a Amberes (ITM) y luego a Porton Down (Microbiological Research Establishmen) y Atlanta (CDC) contribuyó al descubrimiento de tan terrible infección.

Cuántos excelentes descubrimientos muertos y enterrados por la dejadez y la falta de motivación. No dejéis que os pase. ¡¡¡ Sobre todo si trazáis redes de citas científicas !!!

Africa, tan hermosa, es tierra a la que solemos dedicar nuestra ignorancia y nuestros olvidos. A las dos cosas se opone el conocimiento y yo, homenajeando a algunos de aquellos que lo han hecho posible, me rebelo contra ellas. Mi ejemplo musical es hoy un homenaje a Africa y un tributo a Eugene Garfield, a quien debo ganarme la vida con un trabajo tan apasionante como el que realizo.

Un duo de koras del gran intérprete Toumani Diabaté. A disfrutarlo.

CiteScore: Scopus y la pólvora (con un estrambote)

Tras más de un mes apartado de estas notas, lejos de la rutina profesional, me he desayunado (es un decir) con el redescubrimiento de la pólvora. Mientras preparaba una sesión sobre fuentes de información científica y lidiaba con un nuevo cambio de la página de búsqueda en Scopus, me he dado de bruces con lo que los analistas de Elsevier, en un prodigio de originalidad, han dado en llamar CiteScore. Para llegar a este indicador sólo hay que  pulsar en el nombre la revista de cualquier registro resultante de una búsqueda. El resultado es un entero con un par de decimales y una explicación así de sencilla:

“CiteScore 2015 counts the citations received in 2015 to documents published in 2012, 2013 or 2014, and divides this by the number of documents published in 2012, 2013 and 2014”

¿ Os suena, verdad ?. Pues claro. CiteScore es lo que Bornmann, uno de mis alemanes favoritos, llama el near-doppelgänger, el sosias del Journal Impact Factor. Que el cálculo tome tres años en lugar de dos es lo de menos; la justificación se encuentra en una de las páginas de ayuda de Scopus.

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El carro de curas de las enfermeras de una sala de Traumatología

Y ahora, la pregunta obligada: ¿ Por qué los bibliómetras de Elsevier descubren la pólvora y vuelven a formular el factor de impacto, que se concibió originalmente hace más de 60 años ?

Creo que la respuesta tampoco es original: un indicador es tanto más útil cuanto más simple, a despecho de todas sus imperfecciones. El producto interior bruto o el índice de precios al consumo de una economía se pueden discutir hasta la saciedad, pero la simpleza de su uso supera con mucho los intríngulis y defectos de su elaboración. El “factor” de impacto, que no es ni elemento ni resultado de una multiplicación sino de un cociente, es de comprensión rápida y de cálculo cómodo, a diferencia de su “primo” el Scimago Journal Rank— un indicador mucho más fino y mucho más complicado.
¿ Queréis saber lo peor de todo ?. Pues que, como pasó y sigue pasando tras la formulación y publicación del índice h, nos aguarda un largo y machacón goteo de trabajos comparando éste con indicadores anteriores. Sospecho que los resultados ya están escritos en uno de los más importantes artículos sobre los factores de impacto de las revistas científicas.
Yo no voy a perder el tiempo.

El estrambote

Ya antes de la redacción de esta nota había pasado lo que en ella se pronosticaba. Nicolás RG me ha alertado de la existencia de una breve comunicación en Scientometrics donde se comparan el factor de impacto y este otro.

Nicolás también me ha dirigido al post del blog del Centre for Science and Technology Studies de la Universidad de Leiden donde Ludo Waltman, disecciona un poco este nuvo indicador y, como yo, enfatiza su facilidad de cálculo.

Gracias Nicolás.

 

Pero… ¿ A quién se le ocurre ?

Vale, ando estos días algo corto de excusas para rellenar nuevas notas y realmente abrumado más por mis aficiones  que por mis obligaciones. La música es la principal y las lenguas (Isabel S está al tanto) van detrás. Cualquier aficionado sabe que en el mes de Noviembre se produce el gran choque de trenes: las celebraciones de Santa Cecilia y la preparación del concierto de Navidad casi de inmediato. Difícil, difícil.

Pero no es sólo eso. Además conviene conciliar los temas que uno trata o los asuntos que menciona con los intereses de los eventuales lectores. Y en eso  las cosas no es que mejoren. Un repaso rápido en los siguientes párrafos.

Phil y sus colegas de The Scholarly Kitchen han ofrecido una crónica más que hilarante de un congreso sobre identificadores persistentes (DOI, ORCID y demás). Y la crónica es hilarante porque el congreso se ha celebrado este mes de Noviembre en OMG!… Reykjavik. Alice Meadows hace la crónica. Phil aporta notas sobre un par de conversaciones que mantuvo mientras, literalmente, “desarrollaba una déficit de vitamina D”. Combinar la oscuridad del paisaje islandés con los resultados de las elecciones estadounidenses no es que le ayudara mucho.

La literatura “profesional” aburre. Information Processing & Management, que fue mi revista favorita hace tiempo, se descuelga de vez en cuando con trabajos de tipo bibliométrico. En su número del próximo mes de Enero, un grupo de investigadores emplean el análisis de redes sociales para medir la influencia social de los científicos a partir de sus redes de colaboración. Otro, que va por libre, trata de dilucidar los mecanismos por los cuales se rige la co-autoría de trabajos científicos. Aunque hay otro artículo también próximo a otra de mis líneas de trabajo en el que participan investigadores españoles, me resulta demasiado obstruso porque la elaboración de resúmenes de patentes mediante procesamiento del lenguaje natural no es algo que entienda ni quiera entender.

No voy a recomendar a Michael Torke y su música. Y no porque no me resulte interesante: lo es el personaje y lo son las obras. Pero condenaros a la música minimalista donde se combinan células temáticas provenientes de líneas de percusión en música rock con las idas y venidas de un cuarteto de saxos no es mi idea de desearos un buen fin de semana. Y si no, fijaros en las propias palabras de Torke:

“When I am drawn to a particular rhythmic groove from an overheard pop song, I scratch my head and think: “I like that, how could I use it?” To me, it’s not worth trying to write another of the ten million songs out there. But I’ve found that if I take a small part of the drum track and assign it to the non-percussion instruments I’m writing for, then interesting things happen”

 

Así que por partida doble: ¿ A quién se le ocurre asistir a un congreso en Noviembre en Islandia ?. Y ¿ A quién se le ocurre algo que no sea aburrido ni suene a “intento de resumen anual” (empiezan a leerse) como excusa para estas notas ?

No se hable más. Aquí tenéis a Ellie Goulding en el más puro estilo “mira-lo-que-hago-con-el-kulito”. La mejor demostración de que este mundo está lleno de nerds y de que, por descontado, los nerds son quienes valen la pena (no todas, you bitch).

Y, por supuesto, buen fin de semana, felices compras y… ya podéis ir haciendo sitio para lo que vendrá en los próximos días.

 

 

Conceptos fundamentales sobre redes: un nuevo e importante recurso

¿ Qué debería saber cualquier persona del siglo XXI sobre redes en el momento de acabar su educación secundaria ? A esta pregunta han tratado de contestar un quinteto de investigadores de las universidades de Oxford y pública de Nueva York, el museo New York Hall of Science y la academia militar de West Point.

Tras la conferencia NetSci de 2014, iniciaron un proceso que implicó durante un año a profesores y estudiantes de análisis de redes e incluyó  iniciales tormentas de ideas, comparaciones entre grupos a continuación y finalmente la propuesta de una lista final de conceptos esenciales. Este proceso completo se ha descrito en un trabajo de último número de Journal of Complex Networks (una de mis fuentes preferidas, como expuse hace poco) que se titula What are essential concepts about networks?.

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La portada del panfleto (18 páginas) que contiene los conceptos básicos sobre redes.

 

 

 

 

El resultado es un magnífico panfleto que, con brevedad y gran riqueza gráfica, resume en siete puntos las ideas centrales y el conocimiento básico sobre las redes sociales. Quienes hayan leído el arranque del libro de Freeman sobre el desarrollo del análisis de redes sociales se sentirán muy familiarizados con los puntos que este panfleto divulga. Voy a añadir este panfleto a la literatura básica sobre análisis de redes sociales. Haced lo mismo con vuestras bibliografías. Los estudiantes sabrán apreciarlo.

Y para que la cosa no quede tan sosa, añado un video sobre la “belleza” de las redes cuyo protagonista está pidiendo a gritos un papel en The Big Bang Theory…

 

 

…where the doves go to die

It’s been not a good week. Please, indulge  me this little chronicle just as an escaping illusion. As of the video, I know, it’s somehow sorrowful but still…

The Jheronimus van Aken exhibition at the Prado Museum, which ran from May to September this year, reached the impressive number of 600,000 visitors. This record comes as no surprise as we identify van Aken as the artist who honoured his hometown adopting the pseudonym of “Bosch”, the highly popular Hyeronimus Bosch; but, still, seems a good excuse to inquire once more about the steady or even rising popularity of such a limited and distant artist.
I don’t mean to show disdain about him— how could I dare !. I just want to make a point of the scarcity of his work— few more than twenty paintings have been credited to him— the very limited themes covered— most if not all reproduce biblical scenes or have religious content— and of the fact that he was born around or shortly after 1450, at a time when America had not yet been discovered— hence the distance— and died in 1516, half a millennium ago.

francisco_nieva

Paco Nieva, a quien antes conocí  como “tumbao” que como autor.

And yet, Jheronimus Bosch is appreciated as the creator of a world of  esoteric and  magic resonances,  a Paracelsus (his contemporary) whose alchemy is based in the figurative translation of our main myths: origin, end, fate. The language into which Bosch translates these myths is made up of tiny interacting couples: human for the most part in “The hay wain”,  half human half chimeric when representing hell torments or mundane vices in “The last judgement” and a mix of humans and allegoric images of an obscure meaning, like the “tree man” representation of the right panel of “The garden of earthly delights”. Some times, this oneiric universe could be viewed as an never ending parade of monsters (as people usually refer to them) in morbid scenes heading to some final cliff. Impossible to ascertain which chemicals could draw someone to such a delirium.

leonard

Un grito a la arrogancia de los jóvenes, aunque él nunca lo hubiera admitido. De su versión del pequeño vals de Lorca procede el verso que he utilizado como título.

The exhibition at El Prado, however successful and very populated, was somehow flawed precisely by its own success and popularity. The long lines of people waiting for their turn to enter the exhibition were followed by crowded groups of the same people desperately trying to catch some detail on the canvas; an almost impossible task. In a sense, the magnificent effort of imagination has been wasted by a shortsighted organisation. In this respect, El Prado would have to follow some of the usual practices at the “Reina Sofía”, the homologous museum focused in contemporary art: the use of screens to magnify and describe the contents it exhibits, at least those whose craft is near to that of some miniaturists, as is the case. On the other hand this would approach the crafting of Bosch to the contemporary sensibility of people that appreciate the narrative, the story inside every painting as they have been raised in a plastic rather than literary environment.
This last remark leads me to my final comment and recommendation: the Bosch commemorative exhibition needed an extra effort to approach its contents to current people and, at the same time, to prolong and reinforce its influence: along with the retired people and the familiar groups lining up for a while maybe too long, some daily or weekly period would had to be reserved for the growing population of young involved in that intersecting world where plastic art and disciplines meet the information technologies and the graphic narratives of comics. Students and practitioners of these disciplines would have to be forced by some sort of chimeric guardians to attend and contemplate and imitate the exploding delirium of that far and weird and obscure dutch painter. Some industries, like those of computer animation and some creative products like graphic novels would greatly benefit of their practitioners being exposed to such an explosion of creativity.

Take This Waltz from Charissa Olano on Vimeo.

Cómo obtener datos bibliométricos/bibliográficos para el trazado de redes de citas (III)

[Tercera de una serie de cuatro entregas de contenido metodológico. Las anteriores se pueden ver aquí (la primera) y aquí (la segunda)]

Visualización de la red

El paso siguiente es crear el “historiograma”, una red de citas organizada de forma cronológica que muestra las relaciones de cita directa entre los artículos:
Tools > Graph Maker > Make Graph
El gráfico que aparece por defecto (no el que corresponderá a nuestros datos) se reproduce en la figura de la página siguiente.
En ella he señalado (círculo y flecha rojos) el primer detalle muy importante. Los historiogramas se generan inicialmente de forma abreviada, es decir, representando sólo los trabajos que destacan según su frecuencia de citas dentro de la colección (LCS). El límite, que en la figura se sitúa en 30 significa que sólo se ha trazado la red de 30 trabajos con mayor LCS. Es necesario desactivar ese límite para integrar todos los trabajos en la red.
El resultado gráfico suele ser un tremendo borrón, pero eso no importa porque lo que nos interesa son los datos que identifican los trabajos y sus relaciones, es decir, los vértices y las aristas de la red.

historiograma

Uno de los historiogramas de ejemplo producidos por HistCite. En realidad una red de los trabajos más citados sobre… citas. He resaltado (en rojo) el límite que es necesario desactivar antes de exportar los datos (en azul)

Obtención del fichero de vértices (nodos) y aristas (enlaces)

Una vez estamos seguros de contar con una red que contiene todos los trabajos, empleamos los controles de exportación (los he encuadrado en azul) para obtener el tan deseado archivo con la extensión “.net”. Es posible elegir entre varios formatos de salida. El formato Pajek 2 parece el más adecuado, porque ofrece una lista de atributos de los vértices (características de los trabajos) más completa.
A continuación se incluyen fragmentos de la lista de vértices (nodos) y aristas (conexiones de citas) de una red de 740 trabajos sobre la biología del pulpo común.

verticesyarcos

Dos fragmentos de un fichero “.net” que aparecen de forma sucesiva en el original. La expresión Arcs se emplea aquí en lugar de “Edges” para significar que las aristas tienen una dirección, porque la relación de cita directa no es recíproca.

En estos dos componentes de un archivo en formato Pajek se puede observar que cada vértice contiene un identificador numérico y una etiqueta— el nombre del primer autor y el año de publicación de su trabajo; además, los vértices se denominan aquí arcos (arcs y no edges) porque la relación de cita es direccional, desde el trabajo fuente al citado. Para señalar la relación simplemente se hacen constar el identificador del vértice de origen y el de destino. Este archivo se puede editar y se puede introducir en cualquier programa de visualización para obtener una adecuada representación gráfica de la red de citas.

Ventajas adicionales de HistCite

He comentado más arriba que, además de las puntuaciones que reflejan la frecuencia de citas, HistCite genera una serie de datos y algunos resultados de cálculos
http://www.garfield.library.upenn.edu/histcomp/guide.html
que ofrece en forma de informes y tablas. Es posible exportar esas tablas para añadir atributos a los vértices de la red, de forma que luego se pueda examinar desde diversos puntos de vista.
Además, y éste es el segundo detalle muy importante, una de las tablas que genera HIstCite es la de las referencias citadas (‘cited references’) donde se distingue las que pertenecen al conjunto de publicaciones descargadas (aparecen resaltadas en azul) y otras publicaciones que no hemos recogido, quizá por defectos en el perfil de búsqueda, y que son muy citadas en nuestra colección (tienen un LCS alto). Es muy conveniente identificar al menos las más citadas para ver si las incluimos junto al resto. Para ello, un control permite acceder al registro en el WoS, examinar las características del trabajo y, en su caso, incluirlo en un lote adicional que después agregaremos a nuestra colección.
La advertencia es importante: mientras preparaba estas notas me he dado cuenta, a través de ese control, de que había olvidado en mi perfil la denominación “x-adrenoleukodystrophy” y he tenido que reprocesar. Podréis encontrar la información en la página 13 del manual de HistCite que he enlazado previamente y los procesos posibles en el apartado 6.4 Adding records from te Cited Reference list (página 28 del citado manual).