Sólo para músicos: los misterios de Leopoldo Magenti y sus “Estampes Mediterrànies”

Hace mucho que interpreté por primera vez la suite sinfónica de Leopoldo Magenti “Estampas Mediterráneas (Estampes Mediterrànies)” y aún no he conseguido resolver un par de misterios o de interrogantes a propósito de esta obrita, aunque aporto aquí un modesto remedio a uno de ellos.

Certamen

De pianista prometedor y futuro solista, Magenti se quedó en director, profesor, crítico y compositor tardío de una obra necesariamente corta. La entrada de la edición en español de Wikipedia no le hace justicia— ni siquiera relaciona la obra a la que me estoy refiriendo. Un viejo artículo de Begoña Jorques me ha puesto en la pista de las dos tesis doctorales que tratan su figura como compositor y como crítico. Manuel Olmos Gil le dedica su estudio Leopoldo Magenti Chelvi (1894-1969). Retrospectiva musical d’un home polifacètic y en 2008, Rafael Polanco Olmos trató su actividad crítica en La crítica musical en la prensa diaria valenciana: 1912-1923.
Apostilla breve: uno de estos días, alguien tendrá que dedicarle un pasodoble a Román de la Calle, director de muchas y buenas tesis sobre historia y estética de la música. Fin de la apostilla.

Tendré que leerlas para mejorar, si es posible, esa entrada y, de paso, tratar e resolver los interrogantes sobre la obra. El primero de ellos se refiere a su ejecución: aunque la suite tiene cuatro partes, casi siempre se interpretan las dos primeras y la última. Sólo conozco una interpretación que escape a esta regla— la de la Unión Musical de Liria de Julio de 2011— y es la excepción que la confirma. Ese segundo tiempo se titula “Idilio en el peñón de Ifach” y, francamente, no me parece que suene tan horrible. El caso es que la obra, que completa alcanza casi los 15 minutos, se suele quedar el 10.
El otro pequeño misterio me atañe. Según escribe Sixto Ferrero en su artículo biográfico, Magenti compuso la suite para piano solo en 1951, la orquestó al año siguiente y en 1956 apareció la versión para banda. Según la la edición de 2003 de Piles y el Instituto Valenciano de la Música, está orquestada para las maderas habituales (sin oboes, curioso, pero con contrafagot) metales algo hipertrofiados (cuatro trombones son muchos trombones) una percusión mínima y el habitual quinteto de cuerda. Hasta ahí vale pero ¿ De dónde demonios sale en la versión para banda sinfónica una parte en Si bemol para la tuba ?. La edición de 1988 de la Diputación de Valencia contiene sólo la parte en esa tonalidad– que ya no es habitual en España– así que todas las bandas añaden una transposición manuscrita que cuesta desentrañar. Esto es raro: en la transcripción para banda sinfónica de una partitura orquestal, la parte de tuba se suele extraer de la destinada an los contrabajos, que se afinan en Do. ¿ Entonces ?
En fin, aquí está mi pequeño remedio, mi grano de arena: una partitura de Estampes Mediterránies para Tuba en Do que no es que sea perfecta (aún no domino tanto MuseScore) pero, vaya, se puede leer. Y, claro ¡ Sólo comprende los tres tiempos que habitualmente se interpretan !
Como siempre, que aproveche a quien corresponda.

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Una cuestión de gratitud

Hace ya muchos años empecé a interpretar partituras  firmadas por un tal S. Lope. Hace menos tiempo supe que esa firma era la del músico Santiago Lope. Hace muy poco, a comienzos de este 2017, descubrí que sólo la edición en holandés de Wikipedia le dedicaba una entrada. Me desagradó que un músico tan popular como compositor y director fuera ignorado por la versión española de la gran enciclopedia y decidí remediar esa falta redactando la entrada correspondiente. Lo que sigue tiene el formato de los agradecimientos: las relaciones que en muchas novelas y libros académicos mencionan a las personas a quien el autor agradece alguna contribución a la obra. Yo de autor tengo poco, pero me gusta ser agradecido con las personas y aún con las cosas. Me hace sentirme bien.
Debo a Dialnet, la gran Dialnet, los primeros recursos para mi proyecto. Su consulta me permitió localizar no sólo la biografía que redactó Vicente Vidal Corella y editó el Conservatorio Superior de Valencia en 1979; también me alertó sobre la existencia de “La banda municipal de valencia y su aportación a la historia de la música valenciana“, la tesis doctoral aprobada en 2003 por Salvador Astruells, que contiene copiosa y muy valiosa información sobre el que fue el primer director de la Banda.

El catálogo de la red de bibliotecas públicas de Valencia registra de esa única biografía sobre Lope, apenas 60 páginas que pude consultar en la Biblioteca Pública de Alboraya. Como era de esperar, la obrita es incompleta y confusa en algunos puntos, aunque está bien escrita e ilustrada.
El paso siguiente fue dirigirme al pueblo de origen de Lope y, así, promediado el mes de agosto, viajé a Ezcaray esperando que allí alguien me informara sobre su figura. Encontré la casa donde nació, la calle que lleva su nombre, las placas que lo recuerdan y, especialmente, tres personas que me ayudaron en mi pesquisa. Naturalmente, las dos primeras fueron la bibliotecaria y la archivera municipales. Entre las dos me dirigieron a Jose, un trabajador del Ayuntamiento y músico de la Banda Santa Cecilia de Ezcaray. El me enseño una fotografía histórica, desgraciadamente copia sin datar, que muestra entre los miembros de la banda a un pífano, un muchacho de unos 7 u 8 años, que quizá fuera Santiago Lope.

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Yo no me atrevería a asegurar que el tercer niño, desde la derecha, que sostiene un flautín, fuera Santiago Lope

Pero Lope salió de su pueblo en dirección al Conservatorio de Madrid cuando tenía 12 años y tomó posesión de la dirección de la Banda de Valencia cuando tenía 32. De alguna forma había de “rellenar” esos 20 años.
Fue entonces cuando vinieron en mi auxilio los historiadores y los archivos. María Luz LT me proporcionó un puñado de direcciones de otros tantos archivos accesibles a través de Internet. De ellos, la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica me resultó de mayor utilidad que BiValDi, la Biblioteca Valenciana Digital. Es una fuente más versátil y, por otra parte, cubre los años de Lope en Madrid, como estudiante y luego como músico y director musical de teatros. La lectura de los números de la Gaceta de Madrid del último decenio del siglo diez y nueve o de las páginas de La Correspondencia de España y del diario valenciano El Pueblo en los primeros años del siglo veinte me proporcionaron datos nuevos o confirmaciones de otros ya recopilados.

Eso sin contar los hallazgos, casi siempre jocosos, con que uno se topa en la prensa de esa época. Es muy curioso que los nombres en las placas de las calles revivan y se encarnen en las diatribas de aquellos periódicos de pocas páginas, pero cada una de dimensiones oceánicas.
A lo largo de este modesto proyecto he tenido ocasión de pensar en el desperdicio tremendo que supone la falta de estructuración de la información, valiosísima, que esas fuentes contienen. El caso más notorio es el de la Gaceta que, cada trimestre y bajo las secciones correspondientes a la Dirección General de Instrucción Pública.— Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Anticuarios.— Registro General de la Propiedad Intelectual, relaciona las obras inscritas en el registro. Por ejemplo:

22.006 La Escuela musical. Zarzuela en un acto. Letra de los Sres. Ruesga y Prieto. Música de D. Santiago Lope.— Ejemplar ms. [por manuscrito] Parte de canto y piano, compuesto de 53 hojas en 4º apais.

No es justo para nosotros y nuestro patrimonio intelectual el silencio sobre toda esa información. Bastante desgracia tenemos con las limitaciones de la base de datos de los libros editados en España, el ISBN en argot.

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Portada de la edición de 1897 de la zarzuela Escuela Musical, que se conserva en la biblioteca de la University of North Carolina at Chapel Hill

¿ Por qué demonios la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill contiene una colección, perfectamente catalogada y digitalizada, de 11.542 registros que denomina “Spanish Drama” ? ¿ Por qué, ya puestos, la BNE no tiene en su catálogo automatizado registro correspondiente a la obra de la acotación anterior que, manuscrito aparte, se editó en Madrid en 1897 ?.

En 35 años de vida, Santiago Lope tuvo tiempo de dirigir musicalmente tres teatros de Madrid y uno de Valencia, también de convertirse en el primer director de la Banda Municipal de Valencia (hay quien dice que también el mejor) y de componer algunos de los pasodobles más inspirados, 17 obras de género chico (zarzuelas breves) y nueve obras sinfónicas.

Creo que merecía un lugar en la Wikipedia y lo tiene gracias a la ayuda que he recibido de las personas que he mencionado y de las otras que hicieron y hacen posible que nuestra identidad se siga apoyando en nuestro patrimonio informativo.

Gazmoños, mojigatos y Roberto Cavalli

Hace tiempo asistí a una de tantas muestras de esa clase de despropósitos que en la jerga de Internet se llama “trollismo”. Vaya, a un intento de buscar la complicidad o provocar la protesta o incitar al insulto contra alguien de una forma extemporánea y desproporcionada . Esta vez le tocó a Khatia Buniatishvili, que interpretó el Concierto para piano de Robert Schumann acompañada de una de las orquestas que más me gustan en el Rheingau Musik Festival, a finales de Agosto de 2012.
La grabación, que se ha reproducido ahora más de 3.700.000 veces, ha suscitado casi 1900 comentarios, bien contrarios o bien favorables a… la vestimenta de la pianista.
Veamos (la fotografía seguro que ayuda): Khatia, que está a punto de cumplir 30 años, revela su origen georgiano en cada mirada negrísima y en todos los tonos de su piel, aceitunada como la de una romaní. Que para ese concierto eligiera un vestido blanco que dejaba al desnudo sus hombros y su espalda sólo merece, creo yo, el comentario más jaleado de todos los que, para bien, se dirigieron a su imagen:

The woman can wear whatever she god damn want to (Freydabae)

Khatia

Su técnica, su postura y su capacidad de entendimiento con la orquesta parece que quedan fuera de toda duda. Pero los comentarios supuestamente cándidos, propios de los más pobres de espíritu o de los peores cínicos fueron (y siguen siendo) numerosos:

There really is a double standard in the way pianists dress.  While women can wear comfortable clothing, men still have to wear tuxedos with neck-throttling bow ties (Gerry R)

Khatia no es la única que ha recibido críticas de esa clase. Yuja Wang, otra grandísima (si olvidamos su altura) pianista, suele vestir de Roberto Cavalli y ha sido definida como “un prodigio al piano popular por la brillantez de sus interpretaciones y por su llamativa vestimenta (“dramatic outfits”). Las críticas le llegan desde arriba (“spiky-haired”) hasta abajo (“five-hinch-heels”) y, sin embargo, yo nunca la he oído fallar un pedal…
Las músicas no son las únicas destinatarias de tanta tontería, por mucho que el machismo sea un ingrediente más que habitual de estas salsas. Pero Yo-Yo Ma o Lang Lang o James Rhodes no han recibido censuras por sus formas de vestir o no sólo por eso. Si en lugar de concertistas de música sinfónica fueran vocalistas de grupos de rock, dudo que alguien reparara en su forma de vestir, criticara su tendencia a la mezcla de estilos (Ma o Lang)  o censurara su testimonio como víctima de abusos (Rhodes).

Hay otra forma de ver las cosas: con independencia de sus gustos personales, las empresas discográficas que contratan a estas dos pianistas están sacando buen partido de sus, llamémoslas veleidosas elecciones de vestuario. Todo el mundo señala que la interpretación musical actual tiene un componente plástico, visual: un concierto no sólo se interpreta, también se representa. No sé cómo le va a Khatia, pero Yuja coloca el “sold-out” con relativa facilidad.
Creo que quien afecta escrúpulos, quien censura de forma exagerada e irrespetuosa, no está defendiendo con más o menos calor una opinión o esgrimiendo un argumento o declarando una convicción. Creo que está padeciendo la famosa terciana  que combina la frase hecha con el estereotipo y el lugar común. Esta dolencia no la originan los mosquitos (como la malaria, de donde he tomado el adjetivo) sino las tonterías y esa extraña tendencia a limitarse a cuatro prejuicios que adquirimos antes de los 20 y no dejamos ni pasados los 80. Pereza intelectual, conformismo y dejadez serían buenos sinónimos  ¿ Por qué se ha de permitir a los músicos de jazz o de pop o de punk lo que se censura en los músicos sinfónicos ?. Me gusta Chopin, me gusta Yuja cuando sobrevuela el teclado en los Preludios, me encanta Cavalli y, aunque no soy muy de orientales, considero las minifaldas de lentejuelas y las espaldas desnudas como otro de los atractivos de una experiencia estética.
Yuja acaba de representar a Chopin frente a un estanque con miles de medusas y un auditorio con no tantos oyentes. Vestido largo vaporoso, realmente etéreo y marino, su último peinado a lo “Bob” y esa forma de hacer conseguir el piano súbito… El mismo día, en la misma ciudad, a muy pocos metros yo opté por un concierto con Das Lied von der Erde y salí perdiendo.

Dejadme que parafrasee al Marcello de La Bohème: “Per vendicarmi, ho messo un video”. Y, claro, ahora me diréis que nos os gusta Brahms.

Khatia Buniatishvili – Yuja Wang – Johannes Brahms – Hungarian Dance No. 1 from medici.tv, music with vision on Vimeo.

Una de chinos

Me resulta sorprendente que, en algunas épocas o en algunas temporadas o incluso en ciertos días se acumulen varias experiencias que se refieren a un mismo ambiente, a una misma cultura o a los rastros e influencias que esa cultura ha ido impregnando alrededor.

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Pues no, no es un bosque de bambú, pero a primera vista…

La palabra “chino” se ha convertido en una palabra contenedor que usamos para referirnos a un montón de cosas, personas y geografía que antes agrupábamos  como “orientales”. Pero precisamente el hecho de que dispongamos de esa palabra genérica pone de manifiesto que la influencia de la cultura o los productos de Japón, de China o de cualquier país de los del Sudeste de Asia es más que palpable.
Tenemos restaurantes chinos, tiendas de chinos, películas de chinos y cada vez más personas chinas alrededor. Y eso es fenomenal. Yo, que me siento por eso privilegiado, tengo además “música de chinos”.
Estos días, mi primer encuentro con algo de “ambiente chino” es musical. Tras ensayos a lo largo de un par de meses he colaborado con la banda del CEM en la interpretación de Shanghai. Esta obra es una obertura subtitulada “asiática” para banda sinfónica.  La compuso Oscar Navarro, un músico alicantino que cumple los 35 este año, por encargo del Certamen de Bandas de 2010. La obra muestra oficio, una estructura clara con tres secciones que alternan con ritornellos en el duo de flautas, un excelente colorido instrumental y cierta dificultad en el presto final de las maderas (algunos clarinetistas enrojecen de forma alarmante en esos compases) como corresponde a la obra obligada de un concurso.
Y ahora de China a Japón.
A pesar de eso o quizá precisamente por las reminiscencias orientales que contiene su armonía , mi cabeza estaba en otra música durante los ensayos: en la que Ryuichi Sakamoto compuso en 1983 para la película Feliz Navidad, Mr Lawrence, una película de Nagisa Ôshima que aún hace que se me humedezcan los ojos.
Y de Japón a Vietnam, ya puestos…
Cuando he querido recuperar la delicada pieza inicial, he dudado entre la versión del propio Sakamoto, la de Elena Mattiuzzi, una joven italiana que también la interpreta al piano solo, sin arreglos electrónicos, y la de un mochilero que la utiliza por toda banda sonora en un corto sobre su viaje a Vietnam. Y mira tú por dónde, a pesar de que su video dura menos de tres minutos (la pieza de Sakamoto se acerca a los cinco) sus imágenes son tan atractivas que hasta le han valido a Pedro Saavedra, el mochilero, una propuesta de matrimonio (sí).
Por razones personales Vietnam me toca muy, muy de cerca. Porque soy un sentimental, la película de Lawrence, con su trama y su música japonesas, me toca la fibra. Me alegro de que Oscar Navarro y su música me hayan permitido embobarme otra vez con esos temas.

En fin, os dejo con mi disculpa por no haber escrito estas notas en Viernes y con las imágenes de Pedro Saavedra, que ya debe de haber perecido víctima de la morena…

Vietnam from Pedro J. Saavedra on Vimeo.

La pareja perfecta: el tambor y el tren chú-chú

Lo de la música y el ferrocarril es lo de los novios de siempre o lo del matrimonio de toda la vida, pero con pasión: cuesta imaginar lo uno sin lo otro. Sobre todo después de descubrir que existen más del mil canciones (en inglés) que tratan del tren o se inspiran en él. Será por aquello del traqueteo rítmico, será por las campanadas de las estaciones o por los silbatos de jefes y factores o por el escape de vapor de las locomotoras o vete tú a saber por qué. Por haber, hay hasta páginas web dedicadas precisamente a eso, a glosar las piezas musicales que tienen que ver aunque sea con el metro.

Uno de los temas más populares de la big band de Duke Ellington, casi su carta de presentación, es el  que compuso en 1939  Billy Strayhorn “Take the A train”. Yo me sé de alguien que en unos días quizá viaje en esa línea de metro entre Brooklyn y la parte alta de Manhattan.También sé que la línea S, entre Grand Central y Times Square, es el reino subterráneo de no pocos músicos vocacionales.

Volviendo al tema: uno de los títulos más descarados es  “Chattanooga Choo Choo”, una canción de 1941 que, en versión de Glenn Miller, se mantuvo durante más de dos meses como el disco más vendido en USA. Y con razón: en cuanto se acaba la introducción con el metal imitando los resoplidos y pitidos del tren, a uno se le van algo más de los pies con el ritmazo del tema. Y, a propósito ¿ Qué hace esa buena mujer haciendo punto en la escena mientras las sordinas cup y las wah-wah lo están rompiendo ? ¿ No será otra de tantas esposas-del-director velando porque ninguna extra atraiga en exceso la atención de su hombre ?. Para olvidarla, más vale que rememoremos aquella remota tarde en que un escape de vapor de una locomotora casi consigue que Marilyn, vocalista de una orquesta de señoritas, se rompa un tacón. Fue justo antes del ensayo de la foto.

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El ensayo de Sweet Sue y su banda… en el tren camino de Florida (Con faldas y a lo loco, naturalmente)

The great locomotive chase (La gran persecución en locomotora)

En sus próximos conciertos, la banda del CEM la emprende con otra obra ferroviaria, basada en hechos tan crueles que, mientras a unos les reportó honores y condecoraciones, a otros les supuso una suerte ligeramente diferente.
El 12 de Abril de 1862, exactamente un año después del inicio de la Guerra de Secesión en USA, 22 soldados unionistas (del Norte, para entendernos) a las órdenes de un tal Andrews, un civil explorador y espía a tiempo parcial, se infiltraron tras las líneas enemigas y tomaron la máquina, llamada “The General”,  y el primer vagón de un tren, mientras sus pasajeros y empleados desayunaban en un hotel cercano a las vías. Desventajas de que los vagones restaurante no existieran todavía.
Su idea era causar el máximo destrozo posible en las líneas de ferrocarril que unían Memphis y Chattanooga, para forzar el asedio y captura de esta última ciudad, un nudo de comunicaciones y un punto clave de aprovisionamiento de agua para el ejército confederado (los del Sur, que también debían agua).
Aunque parezca mentira, el maquinista original del tren y sus hombres persiguieron al tren robado usando otras locomotoras (hasta cuatro diferentes) en vagoneta y, que nadie alucine mucho, también a pie. Como los infiltrados paraban de vez en cuando para destruir infraestructuras (el telégrafo, los puentes, las conducciones de agua) y la velocidad media de una locomotora de entonces no llegaba a los 25 km por hora, pues….

Pero no, no los pillaron y el espía Andrews y sus hombres casi ,casi lo consiguen. No llegaron a Chattanooga por falta de combustible, algo que muchos años después se conocería como la situación “¡ Trata de arrancarlo, Carlos, trata de arrancarlo !” a escasos metros de la meta y el campeonato del mundo de rallies. Quien diga que la historia está para no repetirla, apañado va.

Nunca es triste la verdad (lo que no tiene es remedio)

Los infiltrados se desbandaron, pero casi todos fueron capturados. Tras varios consejos de guerra, Andrews y otros siete, declarados culpables de espionaje, fueron ahorcados. Los restantes intentaron escapar y ocho lo consiguieron. Otros seis fueron considerados prisioneros de guerra e intercambiados un año más tarde. Todos los soldados supervivientes recibieron la primera Medalla del Congreso que se concedía, al igual que las familias de los que no habían sobrevivido. Los dos civiles que participaron en la acción, incluyendo al propio Andrews, no pudieron ser condecorados por eso, por ser civiles.
A veces las opciones en esta vida son así de limitadas: que te cuelguen una medalla o que te cuelguen por el cuello.

La locomotora, el cine y la música

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En 1926, el último año del cine mudo, se estrenó “The General”,  la película de Buster Keaton basada en la gran persecución en locomotora que, tras ser considerada un fracaso, es hoy tenida por una de las mejores películas de la historia del cine. Buster Keaton interpretaba al maquinista perseguidor de su querida locomotora y para alcanzarla añadía a la vagoneta, a las otras locomotoras y a sus pies… el velocípedo. Y por supuesto un embrollo amoroso tan liado que consiguió cargarse primero los planes de medio ejército unionista y luego a la otra mitad del propio ejército para recuperar a sus dos amores: su locomotora y una morenita de pelo revuelto. A Buster Keaton (el maquinista Johnnie Gray en la peli) no lo cogieron, por supuesto. Le colgaron… a la morenita.

Robert Smith, es un compositor de Alabama que anda por los 50 y tantos años, autor de más de 700 obras, profesor de música y… (es duro tener que creer esto) miembro de una banda de cornetas y tambores para la que también compone. En 1999 recibió un encargo de la Escuela Intermedia de Tapp (en Georgia, muy al Sur) y se inspiró en la gran persecución en locomotora para componer esa obra breve (147 compases) para banda sinfónica. Es más que probable que, aunque la obra se presentara sin título, el público reconociera igualmente que va de un tren a vapor, de disparos y melodías sureñas. Falta el famoso toque del Séptimo de Caballería cargando, pero eso hubiera sido una invitación a que intervinieran los pieles rojas y casi que los dejamos para otra.
Mientras tocamos, hay quien recuerda con nostalgia el portentoso “Pacific 231” y hasta quien cae en la cuenta de que la Bachiana número 2 de Villa-Lobos se titula “O trenzinho do caipira”, el trenecito del campesino. Ahí va una de las mejores versiones que he visto y escuchado, interpretada por chavales no muy distintos a los músicos, chicas las más, del CEM.

Para casi todas las infancias, la receta de la felicidad ha sido esta: un tren eléctrico, o de hojalata, un pito para anunciar llegadas y salidas y un tambor solo para formar conjunto y dar la tabarra. En cuanto a las chicas, bastante bendición tienen cuando, de mayores, sus maridos desaparecen hipnotizados durante horas por las vueltas y revueltas de sus trenecito. Y, oye ¡ que algunos hasta echan humo !
A quien haya olvidado su infancia y el modernismo ferroviario, le recomendamos que asista al concierto del CEM. Como mínimo saldrá pitando.

Pasadlo bien, alargad el puente, disfrutad de este otoño tan suave y sed buenos con vosotros mismos: escuchad algo de música

Libertango, otro magnífico mestizaje

Quienes siguen estas notas saben de mi afición al híbrido, a la mezcla, a lo que desafía el encasillamiento. Astor (Pantaleón) Piazzolla fue un marplatense criado en Nueva York, echado a la vida en Buenos Aires y ascendido a compositor en Paris. Astor (Pantaleón) Piazzolla, según sus propias palabras, tuvo tres maestros: Nadia Boulanger, Alberto Ginastera y… Buenos Aires. No es de extrañar que su música, esos tangos y milongas enfangados que nacieron en los peores tugurios, se acabara interpretando en los mejores festivales y en las salas de concierto más selectas.
Hay otro contraste divertido relativo a Piazzolla. Algunas afirmaciones sugieren que no tenía abuela; ésta, por ejemplo: “Mi música podrá gustar o no, pero nadie va a negar su elaboración: está bien orquestada, es novedosa, de este final del siglo XX y tiene olor a tango, por eso es tan atractiva en todo el mundo”. Sin embargo, Piazzolla, como todo el mundo, sí tuvo abuela. Y lo curioso es que la buena mujer era originaria de Lucca, el pueblo de la Toscana donde nacieron, entre otros, Boccherini y Puccini.
¿ A que mola ?. Lo de Pantaleón por cierto, le viene de su abuelo.
He vuelto a repasar las memorias que Astor Piazzolla le dictó a su amigo Natalio Gorín dos años antes de morir (en el 92, a los 71 años)
Es un libro divertido y no tan esquemático como las entradas que le dedica Wikipedia
o el relato que figura en su sitio oficial en Internet.

El caso es que desde los 4 a los 16 años Piazzolla vivió en Nueva York, fue expulsado de un par de colegios, aborreció el solfeo y el bandoneón, conoció a Gardel, aprendió a hacer el tuco (la salsa con que acompañar la pasta) a escapar por piernas de la policía y a hablar en inglés mejor que en español.
Y en el 36 o el 37, con gran dolor de su corazón y 17 años, volvió a Argentina para tocar en clubes y tugurios de noche y aprender con Ginastera y la Orquesta del Colón durante el día. También componía y, gracias a un premio por una de sus obras, pudo estudiar durante dos años en Paris con Nadia Boulanger, la pedagoga más importante de la historia de la música. No conozco mucho la figura de Nadia Boulanger pero sé que era experta en decir que no. Me explico: por lo que yo sé, los músicos acudían a ella en busca de orientación para sus carreras y ella, al menos en el caso de Gershwin, de Copland y de Piazzolla, les animó a componer música siguiendo sus orígenes. En el caso de Gershwin, el impulso del ragtime y el jazz de los años 20. En el caso de Piazzolla, el tango, claro. Después de sus años con Boulanger, Piazzolla siguió con el tango, sí, pero lo cambió todo.

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Libertango

Libertango es el título de un disco y también del primera tema que contiene. Piazzolla lo compuso en 1974, mientras se reponía en Milán de un primer infarto, y no es una cualquiera de las más de 1.000 obras (en 182 discos y más de 40 bandas sonoras) que compuso.

Si uno consulta la palabra “libertango” en Youtube obtiene 743.000 grabaciones y en Google 2.740.000 resultados. Libertango es especial porque esta obra mestiza está compuesta con libertad.

Piazzolla empezó a hacer “cosas raras” tras su vuelta de París a Buenos Aires, en 1955. Por ejemplo, formó el Octeto de Buenos Aires, un grupo que se alejaba de la formación habitual en la interpretación de tangos (llamada precisamente “orquesta típica”) y en cuya música aparecían acordes ampliados, larguísimos grupos irregulares o temas fugados. El que incluyera una guitarra eléctrica se consideró blasfemia, pero a mí me recuerda a Paco de Lucía cuando incluyó la tabla en los grupos de flamenco. Por otra parte, varió la rigidez del ritmo habitual del tango clásico: de tres negras y dos corcheas ocupando el compás de cuatro por cuatro a dos negras con puntillo más una negra, haciendo énfasis en el golpe a contratiempo de la segunda negra con puntillo. Ese es precisamente el ritmo de la partitura original que reproduzco, aunque el compás ¡ Sorpresa ! es un 8/8 con los acentos estratégicamente distribuidos. Pocas diferencias en realidad con la versión que circula para banda. En realidad, a pesar del obstinado machacón en la línea del bajo y de la simpleza de la escala descendente, la melodía que la sobrevuelan impregna de ligereza y la libertad a la pieza, y existen versiones memorables de conjuntos muy variados. Puri P ha tenido el detalle de alertarme sobre  una gran interpretación por el conjunto de cellos de la Berliner Philharmonie pero yo me apunto a una versión con bailarina, muy hermosa y con las estridencias del bandoneón suavizadas en el acordeón, su versión menos portátil.

Libertango from baltazar on Vimeo.

Algunas ventajas tienen las obras tan mestizas y maleables.
Como siempre, buen fin de semana.

Orozco desatado: crónica de un concierto de pipas y gaseosa

La música, hasta la música sinfónica, es algo mucho menos serio de lo que parece. Hemos sacralizado los conciertos, les hemos añadido chaqués y lentejuelas negras y corbatas de lazo y reflejos dorados pero la representación musical, como la representación teatral eran otra cosa hasta hace poco. En los foros de The Globe y del Corral se hacía de todo, hasta apuñalar. La Sinfonía en La de Beethoven, la famosa séptima sinfonía, se estrenó en un concierto a beneficio de los heridos en una de las batallas napoleónicas con el patio lleno… de gente en camilla. Era un poco el ambiente de los cines de barrio donde las botellas de gaseosa rodaban por los suelos inclinados hasta que se llenaban de cáscaras de pipas, que las frenaban.
Andrés Orozco Estrada, nacido nada menos que en Medellín, es titular desde 2013 de la hr-Sinfonieorchester, la principal orquesta del estado de Hesse en su capital, Frankfurt. Allí, en la explanada del astillero Weseler, a la altura del precioso puente Flösser sobre el Main, se celebra desde hace 10 años el  Sommerwerft, un festival de teatro y otras artes combinado, cómo no, con feria y pantagruélicas cenas colectivas. Y allí es donde Andrés la montó a mediados de este Agosto pasado.
Lo tenía fácil: música de Arturo Márquez, nada menos que el Danzón número 2, y un público entregado a los pies de una orquesta que sabe transformarse de sinfónica en ligera cuando toca. Y tocaba.

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El preludio de una sonrisa

Se me ha puesto cara de tonto, de tonto feliz, cuando he visto la grabación de esa parte. Y quiero compartir la felicidad (no la tontería) señalando algunos códigos de tiempo de la grabación. Veamos:

00:09 Sobre el plano general de la cena en el muelle y la orquesta en el escenario, la frase del clarinete solista al ritmo de las claves (esos cilindros de madera que se detallan más adelante en 00:57)
00:26 ¡ Nadie puede negar que el segundo clarinete y el contrafagot son alemanes… !
01:14 …Tan alemanes como ese trío de señoras en el público que no las tienen todas consigo, ni saben por dónde les va a salir la música y la cosa empeora cuando la cuerda toma el tema y Andrés comienza a bailar, pero a bailar bailar.
02:00 ¡ Puff ! Al principio del forte, la cara de extrema concentración de dos violistas no preludia nada bueno.
02:17 Dos nenas más interesadas en una guirnalda que en la música y una panorámica por los puestos de la feria (vivan los drones así empleados).
04:05 Esto promete: comienza el solo de violín y las violinistas jóvenes empiezan a mecerse a su ritmo: los músicos están conquistados y hasta la morena de gafas, más alemana imposible, cierra los ojos y apoya los labios en el mástil. Ahora vamos a por la gente.
04:34 Por fin el brillo de algunos ojos y caras sonrientes entre el público. Creo que los hombros empiezan a flexibilizarse. Sí, definitivamente la cadencia del danzón empieza a hacer sus efectos (a la señora de gafas, que no al marido ceñudo que le guarda las espaldas)
05:50 El solo de trompeta y el güiro atacan, se recrudece el ritmo y, claro, hasta los de las hamacas empiezan a marcar el ritmo.
06:46 Y ya la hemos liado: Dos enamorados (ojito de dónde cojes, junge) y una preciosidad sin pendientes son sólo dos muestras de que la cosa ha calado. Es que es oír unas congas y la gente se desata.
07:32 Más de lo mismo con matrimonio entrado (y casi salido) en años. Y eso que falta lo mejor: así como los actores añaden “morcillas” a sus diálogos, Andrés se ha sacado de la manga dos solos (soberbio, muy mexicano el del trompetista) que añade a la parte final de la partitura, un obstinado que crece y crece y crece…
08:55 … y ya, bueno, de perdidos al Main: Andrés empuña el micrófono y trata de arrastrar al público para que palmee el ritmo de la orquesta. Momento de crisis: a la voz de “singen, singen” nadie se pone de acuerdo en cantar  (¡ Ay que caras, por diossss!) así que a continuación pide palmas…
10:00 Y algo consigue: que el público disfrute de todo, también de su propia torpeza.

Fin de la crónica. Y mi reconocimiento hacia un director joven (está a punto de cumplir los 39) que poco a poco está consiguiendo introducir el repertorio latinoamericano en mitad de Europa— literalmente, tras la última ampliación,
el centro geográfico queda a 40 kilómetros de Frankfurt.
Disfrutadlo el fin de semana y  descubrid que los alemanes son mucho más enrollados de lo que os habían contado. Al menos en las noches de Agosto y con música de un mexicano.