P.U.R.I., la indicadora

 

Introducción
Cada investigador intenta seguir y leer los trabajos de las revistas que le merecen confianza. Cada investigador publica (o lo intenta) en las revistas que sigue y lee. De estas premisas se sigue que la publicación esa muestra de confianza y que, cuanto mayor es el número de investigadores o grupos que publican en una revista, mayor es el crédito que le conceden como fuente de información científica.

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Nevado y de Till Nowak (como el video). No podéis pedir más para estas fechas del año…

Las revistas, entonces, son más influyentes cuanto mayor es su popularidad, medida por el número de grupos de investigación que les someten sus trabajos.

Según Pablo Tusset, lo mejor que le puede pasar a un cruasán (sic, Lengua de Trapo, 2001) es que lo unten con mantequilla. Según casi todos los demás, lo peor que le puede pasar a una revista científica es ser librillo de pocos maestrillos.

Método
Esta PopUlaridad de las Revistas de Investigación (P.U.R.I.) es un cociente de cálculo simplón: tómese el número de instituciones diferentes que han contribuido trabajos a la revista en un periodo dado y divídase por el número de trabajos publicados en ese periodo. Yo he calculado la PURI para la Revista Clínica Española y para Medicina Clínica, ambas revistas españolas de Medicina Interna, fundadas en los años 40 y en poder de Elsevier desde hace algunos años.

Resultados
Medicina Clínica publicó 332 trabajos en 2016, casi tres veces más que la Revista Clínica Española, que publicó 121. Por comodidad, he tomado como denominador sólo aquellos trabajos con contribución de centros españoles y como numerador el número de instituciones diferentes (españolas o no) donde se han realizado esos trabajos.
La PURI de Medicina Clínica es 594/301 = 1,97 y la de Revista Clínica Española de 275/114 = 2,41. Sorprendente, pero real.

Conclusión
Dejo para otra ocasión la comparación entre, pongamos, la Revista Colombiana de Educación y la titulada Actualidades Investigativas en Educación, que queda como trabajo pendiente. Y planteo que PURI no sólo está llamada a participar en el baile de cuantos Latindex, CIRC, ERHI, CARHUS, DICE, MIAR son, sino que será, con diferencia, la más guapa de ese baile, gran cotilla denunciadora de endogamias y chiringuitos.
Lo que suscribo hoy, que es 28 de diciembre, y acompaño de una recomendación especial, no sólo musical.

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Una de Hichtcock (con plumas)

El averío lo empezó Elsevier, que no tuvo otra idea que elegir, para su sistema de información bibliográfica, el nombre científico del avemartillo. Dicen fuentes bien informadas— y suscribo yo— que cuando se juega al gigantismo es razonable emplear el nombre del pajarraco que mayores nidos construye para denominar el sistema con la mayor cobertura de los existentes, Scopus. La jugada fue buena: siempre he sospechado que Scopus concede ventaja a las 2969 revistas que como editorial publica la propia Elsevier.
Peero llegó el cuervo, mi querido cuervo, a revolucionar el corral: Sci-Hub, el repositorio que, desafiando a los grandes comerciantes de la información y las revistas científicas, ha resuelto en buena medida los problemas de acceso al documento de millones de investigadores. Picotazo a picotazo, todas las grandes empresas comerciales de edición científica se están viendo afectadas por el cuervo que sujeta la llave y que, de momento, evita la jaula— aunque penosamente— saltando de dominio en dominio.

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Pues bien, hay pájaro nuevo en la bandada: en Junio de 2017, Peter Vincent comunicó la puesta en marcha de Canary Haz, que hasta donde yo sé significa canario flauta. Sin duda tratando de evitar algún que otro malentendido, a este pequeño piolín le han mudado el nombre a otro más pretencioso: ahora se llama Kopernio.
Se trata de otro sistema más que parte de referencias de artículos científicos y obtiene los correspondientes documentos íntegros Lo que es conseguir PDFs, vamos. Pero no lo hace cargando precios abusivos por unas pocas páginas, como las editoriales comerciales que Sci-Hub fustiga; ni a la brava, almacenando PDFs a manos llenas y distribuyéndolos bajo demanda de forma (que decía el otro) “dudosamente legal”. Consigue no sólo acceso libre a los documentos gratuitos, también a aquellos otros cuyo acceso está contratado por la biblioteca de cada institución.
Para ponerlo en funcionamiento, son necesarios tres pasos.
El primero es la instalación de un pequeño programa que se adapta al navegador como extensión (o plugin). Cada vez que obtenemos los resultados de búsqueda en sistemas como Google Académico o PubMed, un rótulo nos informa de la posibilidad de buscar los PDF.
El segundo es el registro personal y gratuito en el sistema. Eso incluye, además del nombre y una contraseña, la dirección de correo electrónico institucional. ¿ Por qué ? Pues porque en el tercer paso o requisito, que consiste en seleccionar la universidad o centro a los que cada uno está afiliado, Kopernio nos identificará como miembros de la institución, averiguará las credenciales y permisos del sistema bibliotecario en cuestión y de esa forma permitirá el acceso a los PDFs de los artículos y revistas incluidos en las suscripciones institucionales, tanto on- como off-campus.

¿ Alguien recuerda con qué cariño Melanie Daniels (Tippi Hendren) compra un pajarito al principio y con qué lastimero aspecto queda malparada  al final en Los Pájaros ? Bueno, pues en nuestro corral también hay sus peros.
Conseguí instalar el plugin y registrarme personalmente en piolín (Kopernio, abreviando) pero no pude identificar ninguna de mis filiaciones institucionales en su lista de autorizadas. Nada extraño teniendo en cuenta que el sistema se encuentra aún en la fase alfa de desarrollo.
Por otra parte, para identificar y obtener los PDF, piolín recurre a revistas de acceso abierto, repositorios institucionales, servidores de preprints… exactamente igual que hacen PubMed (a través de su conexión con PubMed Central) o Google Académico, que enlaza con Arxiv, BioArxiv y otros servidores, además de extraer documentos de plataformas tipo ResearchGate e incluso de páginas personales. Si podemos recurrir a todo eso y, vía VPN, conectar off-campus con los recursos contratados por nuestra institución ¿ Tiene sentido piolín ? Probablemente no. Aunque hablemos de investigadores en situación realmente precaria, con recursos de información limitados o nulos, me cuesta creer que Kopernio vaya a resolverles la papeleta más que la combinación de los recursos ya existentes, incluyendo los de “dudosa legalidad”.
De verdad que no lo veo.

Una cuestión de gratitud

Hace ya muchos años empecé a interpretar partituras  firmadas por un tal S. Lope. Hace menos tiempo supe que esa firma era la del músico Santiago Lope. Hace muy poco, a comienzos de este 2017, descubrí que sólo la edición en holandés de Wikipedia le dedicaba una entrada. Me desagradó que un músico tan popular como compositor y director fuera ignorado por la versión española de la gran enciclopedia y decidí remediar esa falta redactando la entrada correspondiente. Lo que sigue tiene el formato de los agradecimientos: las relaciones que en muchas novelas y libros académicos mencionan a las personas a quien el autor agradece alguna contribución a la obra. Yo de autor tengo poco, pero me gusta ser agradecido con las personas y aún con las cosas. Me hace sentirme bien.
Debo a Dialnet, la gran Dialnet, los primeros recursos para mi proyecto. Su consulta me permitió localizar no sólo la biografía que redactó Vicente Vidal Corella y editó el Conservatorio Superior de Valencia en 1979; también me alertó sobre la existencia de “La banda municipal de valencia y su aportación a la historia de la música valenciana“, la tesis doctoral aprobada en 2003 por Salvador Astruells, que contiene copiosa y muy valiosa información sobre el que fue el primer director de la Banda.

El catálogo de la red de bibliotecas públicas de Valencia registra de esa única biografía sobre Lope, apenas 60 páginas que pude consultar en la Biblioteca Pública de Alboraya. Como era de esperar, la obrita es incompleta y confusa en algunos puntos, aunque está bien escrita e ilustrada.
El paso siguiente fue dirigirme al pueblo de origen de Lope y, así, promediado el mes de agosto, viajé a Ezcaray esperando que allí alguien me informara sobre su figura. Encontré la casa donde nació, la calle que lleva su nombre, las placas que lo recuerdan y, especialmente, tres personas que me ayudaron en mi pesquisa. Naturalmente, las dos primeras fueron la bibliotecaria y la archivera municipales. Entre las dos me dirigieron a Jose, un trabajador del Ayuntamiento y músico de la Banda Santa Cecilia de Ezcaray. El me enseño una fotografía histórica, desgraciadamente copia sin datar, que muestra entre los miembros de la banda a un pífano, un muchacho de unos 7 u 8 años, que quizá fuera Santiago Lope.

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Yo no me atrevería a asegurar que el tercer niño, desde la derecha, que sostiene un flautín, fuera Santiago Lope

Pero Lope salió de su pueblo en dirección al Conservatorio de Madrid cuando tenía 12 años y tomó posesión de la dirección de la Banda de Valencia cuando tenía 32. De alguna forma había de “rellenar” esos 20 años.
Fue entonces cuando vinieron en mi auxilio los historiadores y los archivos. María Luz LT me proporcionó un puñado de direcciones de otros tantos archivos accesibles a través de Internet. De ellos, la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica me resultó de mayor utilidad que BiValDi, la Biblioteca Valenciana Digital. Es una fuente más versátil y, por otra parte, cubre los años de Lope en Madrid, como estudiante y luego como músico y director musical de teatros. La lectura de los números de la Gaceta de Madrid del último decenio del siglo diez y nueve o de las páginas de La Correspondencia de España y del diario valenciano El Pueblo en los primeros años del siglo veinte me proporcionaron datos nuevos o confirmaciones de otros ya recopilados.

Eso sin contar los hallazgos, casi siempre jocosos, con que uno se topa en la prensa de esa época. Es muy curioso que los nombres en las placas de las calles revivan y se encarnen en las diatribas de aquellos periódicos de pocas páginas, pero cada una de dimensiones oceánicas.
A lo largo de este modesto proyecto he tenido ocasión de pensar en el desperdicio tremendo que supone la falta de estructuración de la información, valiosísima, que esas fuentes contienen. El caso más notorio es el de la Gaceta que, cada trimestre y bajo las secciones correspondientes a la Dirección General de Instrucción Pública.— Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Anticuarios.— Registro General de la Propiedad Intelectual, relaciona las obras inscritas en el registro. Por ejemplo:

22.006 La Escuela musical. Zarzuela en un acto. Letra de los Sres. Ruesga y Prieto. Música de D. Santiago Lope.— Ejemplar ms. [por manuscrito] Parte de canto y piano, compuesto de 53 hojas en 4º apais.

No es justo para nosotros y nuestro patrimonio intelectual el silencio sobre toda esa información. Bastante desgracia tenemos con las limitaciones de la base de datos de los libros editados en España, el ISBN en argot.

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Portada de la edición de 1897 de la zarzuela Escuela Musical, que se conserva en la biblioteca de la University of North Carolina at Chapel Hill

¿ Por qué demonios la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill contiene una colección, perfectamente catalogada y digitalizada, de 11.542 registros que denomina “Spanish Drama” ? ¿ Por qué, ya puestos, la BNE no tiene en su catálogo automatizado registro correspondiente a la obra de la acotación anterior que, manuscrito aparte, se editó en Madrid en 1897 ?.

En 35 años de vida, Santiago Lope tuvo tiempo de dirigir musicalmente tres teatros de Madrid y uno de Valencia, también de convertirse en el primer director de la Banda Municipal de Valencia (hay quien dice que también el mejor) y de componer algunos de los pasodobles más inspirados, 17 obras de género chico (zarzuelas breves) y nueve obras sinfónicas.

Creo que merecía un lugar en la Wikipedia y lo tiene gracias a la ayuda que he recibido de las personas que he mencionado y de las otras que hicieron y hacen posible que nuestra identidad se siga apoyando en nuestro patrimonio informativo.

REDoC, TESEO y otras hierbas

Hace tiempo que vengo aplazando mis críticas a la Revista Española de Documentación Científica (REDoC) de la que hay muchas cosas que no me gustan. Mientras las maduro, dedico aquí algunos comentarios sólo al contenido de su número más reciente. Igual interesan a otros.
De los ocho artículos que contiene, seis son de estilo bibliométrico, con tres de ellos centrados en la evaluación; los otros dos trabajos proceden del campo de la biblioteconomía.

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El grupo “Políticas de información, Tecnologías de la Documentación y Comunicación Científica” de la Universidad Complutense de Madrid firma el trabajo más interesante de los de estilo cuantitativo. Su artículo me parece valioso porque aborda el manejo de la base de datos TESEO, un registro de las tesis doctorales aprobadas en las universidades españolas que, con ser público, es de utilidad muy limitada y de escaso aprovechamiento. El problema es que no contempla la descarga masiva de registros y, así, se dificulta el análisis de su contenido. Empleando minería de datos, los autores han obtenido algo menos de 200.000 registros de otras tantas tesis y realizan un estudio descriptivo que abarca 37 años. Critican adecuadamente la calidad de su fuente; ponderan razonablemente sus resultados y presentan datos interesantes que algo avanzan sobre las estadísticas oficiales de las tesis doctorales españolas disponibles. Su mérito hubiera sido mayor si pusieran a disposición de otros investigadores los registros que han descargado. Quizá así se consiguiera que el Servicio de Coordinación y Seguimiento Universitario o quien sea responsable del registro de las tesis aprobadas en las universidades españolas lo haga público de verdad.
Los dos trabajos del grupo de la Facultad de Comunicación y Documentación de la Universidad de Granada siguen la práctica de aprovechar la aparición de nuevos recursos de información para explorar su utilidad como fuentes de datos bibliométricos. Enrique Orduña y su grupo insisten en Google Scholar mientras Rafael Repiso centra su trabajo en dos colecciones recientemente añadidas a la Web of Science.
El análisis de las publicaciones españolas sobre investigación de la comunicación radiofónica y el examen de las listas de revistas “autorizadas” (una traducción demasiado libre de la expresión de Alesia Zuccala) cierran el apartado de trabajos bibliométricos.

Mi compañera JuliaO y su equipo han examinado la publicación de trabajos de los investigadores que forman parte de los comités editoriales de revistas de Psicología en esas mismas revistas. Por lo que parece, hay beneficios para ambas partes: los investigadores publican más y con mayor rapidez y esos artículos atraen más citas para las revistas. Miel sobre hojuelas.
Sobre la promoción de la lectura o la motivación a la lectura se vienen publicando entre 40 y 50 artículos por año en revistas internacionales. En España han aparecido más de 40 libros, más de 100 tesis y cerca de 500 trabajos sobre el tema. Gemma Lluch y Sandra Sánchez realizan una revisión de estos trabajos muy limitada, tanto que sus conclusiones apenas tienen validez. Sin embargo, me parece estupendo que la Revista Española de Documentación Científica publique revisiones, incluso que anime o encargue su elaboración. Podría así atraer la atención de más lectores, ejercer mayor influencia en su entorno y traducir eso (que es lo que realmente importa) en una mayor cantidad de citas (que sólo son un reflejo de lo que importa).