Debilidad por el cuervo

Nadie me creyó cuando afirmé que los cuervos de Berlín no eran negros y marcaban el paso de la oca, así que me faltó tiempo para captar a uno en uno de sus paseos.

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Tomo la anécdota como excusa para referirme muy brevemente a una noticia que supe ayer: la casa editorial Elsevier demanda a Sci-Hub y LibGen el pago de 15 millones de dólares. Y veréis por qué.
Sci-Hub almacena 62 millones de copias de artículos de investigación y bastantes libros. Cualquiera, desde cualquier parte, puede obtener una de ellas sin coste adicional alguno.
Supongo que la actividad de Sci-Hub puede no ser legal. Supongo que la actividad de Elsevier es legal. También creo que la actividad de Sci-Hub no debería perseguirse y que se deberían cuestionar las maneras de Elsevier. Como frente a otras diatribas, no me he formado una opinión, pero he adoptado una postura. Desde estas notas he enlazado con frecuencia las versiones electrónicas de artículos de investigación. En ocasiones, y ante la sospecha fundada de que algunos trabajos no serían accesibles a todo el mundo, he empleado el enlace que me proporcionaba Sci-Hub cuyo anagrama es (qué coincidencia) un cuervo que sostiene una llave.
La fundadora de Sci-Hub, Alexandra Elbakyan, aún no ha cumplido los 30 y ha sido considerada una personalidad relevante para la ciencia y mencionada junto a Edward Snowden, quien ha sido y es relevante para todo el mundo. De momento, el destino de Alexandra es diferente al de Aaron Swartz, un campeón de los formatos libres en Internet, que fue hallado muerto poco tiempo después de ser acusado de una descarga masiva de archivos PDF almacenados en JSTOR.

No dejan de repetirme que la investigación científica es desinteresada y no tiene fronteras. Suelo responder con mi sonrisa más cínica: del trabajo desinteresado de los científicos hay quien  extrae un grandísimo interés y, por mucho que se cacaree lo de la “república de las letras”, todos los premios Nobel tienen pasaporte.

Sabemos lo que pasa cuando el grajo vuela bajo, así que más vale que el cuervo siga marcando el paso de la oca largo tiempo.

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Autoría científica: ¿ baile de vampiros o merienda de negros ?

Hace tiempo que no me topaba con John Walsh. Junto a su pupila Li Tang, este profesor del Georgia Institute of Technology propuso en 2010 un método para resolver la homonimia de los autores de trabajos de investigación mediante el análisis de sus listas de referencias bibliográficas. Recuerdo haber criticado el método sin ninguna base sólida, pero con la sospecha de que los cambios en las líneas de investigación se podrían traducir en cambios en la base de conocimiento de los autores y, en consecuencia, en su perfil de referencias. Hace tiempo que las limitaciones de la capacidad de cálculo en los ordenadores a mi alcance me hicieron renunciar a comprobar empíricamente mis objeciones.

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Dance of the Vampires (Roman Polansky, 1967)

Ahora vuelvo a coincidir con Walsh porque, mientras he concluido estos días un primer trabajo sobre autoría y me dispongo a analizar los resultados de otro sobre parecido tema, me he topado con que, junto a su colaboradora Sahra Jabbehdari, ha publicado un artículo sobre el mismo tema. Y me parece muy, muy bueno.
En “Authorship Norms and Project Structures in Science” Walsh y Jabbehdari examinan la correspondencia entre la contribución de cada investigador en el desarrollo de un proyecto científico y su aparición en (o exclusión de)  las listas de autores de las publicaciones resultantes siguiendo las normas convencionales de autoría. Su objetivo principal es:

…to develop an understanding of some of the drivers of authorship lists (and how those vary systematically by field and by project characteristics net of field) in order to address concerns in the sociology of science and in science policy about the meaning of authorship lists for the evaluation and carees in science.

La introducción del cualquier artículo científico exige un balance entre las definiciones, los razonamientos retóricos y la bibliografía. Las definiciones responden a la pregunta ¿ Qué se investiga ? Los razonamientos responden a la cuestión ¿ Por qué se investiga ? y las referencias bibliografías tratan de responder a la pregunta ¿ Para quién es relevante la investigación de ese tema concreto ? La retórica de una buena introducción requiere de un balance exquisito entre las tres respuestas. En el trabajo de Walsh, sin embargo, el equilibro se rompe en favor de una revisión bibliográfica que a mí me parece excesiva. Las tres ideas básicas de esta sección son: 1) existen criterios para “elevar” a un colaborador al rango de autor; 2) esos criterios no siempre se respetan, y 3) la aplicación de los criterios depende de la cultura de cada grupo o especialidad científicos.
La tercera sección de la introducción discute si las expectativas de un alto impacto del trabajo, los visos de su aplicación comercial y el grado de colaboración institucional que ha exigido su realización pueden predecir la inclusión de más o menos autores en los artículos.
Tras seleccionar una muestra de trabajos de investigación, Walsh y Jabbehdari someten a sus autores correspondientes a una encuesta para que determinen el papel que los firmantes de los trabajos han desempeñado. Los resultados del trabajo son espléndidos, muy robustos, pero sus conclusiones no albergan muchas sorpresas. Ya sabíamos que

authorship lists are the result of a complicated process involving negotiations, field norms, and differences in visibility and that these vary across projects in systematic ways

Y también que

authorship practices may be changing in the age of bureaucratic science. Hence, there is a need for authorship policies and norms that are fitted to this new bureaucratic science structure

La  terminología de Jabbehdari y Walsh me resulta ambigua. Llamar especialistas a aquellos autores que realizan aportaciones puntuales al trabajo no tiene nada de particular, pero hacer equivalentes estos specialist authors a los “guest” authors, autores honoríficos, no me cuadra. Del mismo modo, también me choca que se denominen “nonauthor collaborators” a los autores denominados fantasma (ghost) o negros. Pero recomiendo encarecidamente la lectura del trabajo y agradezco muchísimo que hayan ampliado el estudio de la autoría de trabajos científicos e introducido la forma de identificar o investigar esas dos figuras.
No soy ingenuo: las continuas revelaciones de falta de ética, plagio, reinados de taifa y otras perversiones me hacen suponer que no cesará la picaresca de los investigadores. Pero no conozco actividad humana que no tenga aprovechados, precarios, chupasangres, negros y fantasmas. Trabajos como el de Jabbehdari y Walsh, sin embargo, pueden contribuir a mejorar las directrices y los criterios de una honesta autoría.

¿ Revisiones rápidas o revisiones limitadas ?

En Junio de 1997, tres médicos británicos publicaron un artículo cuyo título comenzaba por “Rapid and responsive health technology assessment”. Ha sido identificado como el primer trabajo que describía lo que, andando el tiempo, se ha venido a denominar “rapid reviews”, revisiones rápidas.

 

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Dos fotogramas de uno de los capítulos del Correcaminos

Hace bastante tiempo que elaboré varias notas sobre las revisiones y no hace tanto que también publiqué un comentario sobre el retraso de publicación. Como ahora, 20 años después, se acaba de publicar un artículo especial (el primero en España) sobre las revisiones rápidas, aprovecho para opinar, como casi siempre a la contra.

La definición de revisión rápida

Una revisión (bibliográfica) se elabora a partir del examen de materiales previamente publicados sobre un tema determinado. Una revisión sistemática se ajusta a un procedimiento normalizado para la selección de esos materiales previos y para la evaluación de su utilidad como evidencia científica. Pues bien, Ferrán Catalá López y sus colaboradores ofrecen una traducción muy adecuada de la definición de revisión rápida:

Una revisión rápida puede definirse como una revisión de la literatura científica que utiliza métodos simplificados y acelerados en comparación con una revisión sistemática tradicional.

Sin embargo, no me resisto a acotar esta otra definición operativa, que procede del trabajo previamente enlazado y tiene cierta elegancia:

“… a rapid review is a type of knowledge synthesis in which components of the systematic review process are simplified or omitted to produce information in a short period of time”

Catalá y sus colaboradores han elegido dos ejemplos de revisiones rápidas: una sobre la mejora de la asistencia en el centro canadiense donde trabajan;  la segunda como respuesta (del mismo centro) a una consulta de la Organización Mundial de la Salud sobre la indumentaria de protección frente al virus del Ebola.

¿ Revisiones rápidas  o revisiones cortas ?

De las alrededor de 150 revisiones rápidas publicadas en los últimos años, sólo unas 20 se salen del ámbito de la Medicina. Las revisiones rápidas parecen útiles para guiar por la evidencia determinadas decisiones en el campo de la práctica clínica o la Epidemiología. Pero, de los ejemplos que Catalá aporta y otros parece desprenderse la idea de que las revisiones rápidas se realizan por encargo. De hecho, el propio Catalá se refiere a “su naturaleza exploratoria, dirigida generalmente a informar una decisión”. Nada que objetar, pero tengo dos cuestiones.
La primera ¿ Son las revisiones rápidas útiles desde el punto académico ? Yo diría que la respuesta a esta pregunta es “no”. La propia Sharon Straus y sus colaboradores resumen así los resultados de la revisión de las revisiones rápidas que realizaron:

Streamlined methods that were used in the 82 rapid reviews included limiting the literature search to published literature (24 %) or one database (2 %), limiting inclusion criteria by date (68 %) or language (49 %), having one person screen and another verify or screen excluded studies (6 %), having one person abstract data and another verify (23 %), not conducting risk of bias/quality appraisal (7 %) or having only one reviewer conduct the quality appraisal (7 %), and presenting results as a narrative summary (78 %)

Es decir, los autores abrevian el procedimiento de revisión sistemática limitando de una forma u otra el número de trabajos previos que recopilan. No es lo que yo recomendaría a un estudiante de postgrado, desde luego. Y, la segunda cuestión ¿ Aportan alguna mejora a la diseminación de la información científica ?.
Veamos, la primera de las revisiones que Catalá describe apareció publicada el 31 de Enero de 2012, pero ya se había emitido el informe interno resultante con anterioridad, con bastante anterioridad— en Febrero de 2011. La segunda revisión, la dirigida a la OMS, apareció en una revista de publicación rápida el 9 de Octubre de 2015. El tracing indica que llegó a la redacción el 16 de Julio de se año. ¿ Tiene algún sentido que las revisiones de los ejemplos— que se realizaron en cuatro y siete semanas— tardaran 44 y 11 semanas respectivamente en publicarse ?. Los retrasos de publicación son una gran losa. Si con las demás revisiones rápidas pasa lo mismo, si son rápidas porque son cortas y si sólo son puntuales en su entrega a quienes las encargaron, entonces no merece la pena que se consideren siquiera un subgénero en comunicación científica.

Me temo que se avecinan días difíciles así que hoy nada de música.