Otra muestra de casquería científica: las citas como longanizas (y cómo evitarlas)

Hace poco añadí a las bellas durmientes de van Raan otro de los símiles útilers en comunicación científica: los cadáveres excelentes. Quizá debería haber completado el cuadro refiriéndome a los artículos zombies, por aquello de la proximidad de los muertos vivientes a los muertos bien muertos. Para quien no esté familiarizado con la jerga de la comunicación científica y su picaresca: un artículo zombie es aquel sucesivamente rechazado por las revistas de su especialidad y que, sin embargo, sus autores se empeñan en someter a más y más títulos como si se resistieran a enterrar (en un cajón se entiende) ese trabajo sin ninguna posibilidad de alumbramiento.
Si algo nos enseña el mal gusto de los autores de novelas gráficas y de los guionistas que adaptan sus obras es que la casquería tiene su clientela y que, para desgracia de los demás, Jacques Tourneur (I Walked with a Zombie, para RKO en 1943) no creó escuela. Pero a lo que íbamos.
La casquería no es un referente único. Muy cerca del puesto de visceras se encuentra la charcutería y es frecuente en la jerga el recurso a sus productos. Así,  la fragmentación de una única serie de observaciones en publicaciones reiteradas de casi los mismos resultados se ha dado en llamar “publicación en salami” (salami slicing) y como, por otra parte, chorizos hay en todas partes, no es difícil encontrarlos entre plagiarios y autores honoríficos.
Pero yo quiero hablar de las longanizas. Y quiero hacerlo con precisión: no me refiero a salchichas, sino estrictamente a longanizas ¿ Que cuál es la diferencia ? Sencilla: las salchichas se presentan aisladas, las longanizas en sarta o ristra. Y éste y no otro es el meollo y de paso el final de mi rodeo. Veréis.

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Ensartado de longanizas en un obrador (Venta del Aire, Teruel)

La cosecha de trabajos relevantes para la comunicación científica es abundante estas semanas y creo que de calidad. Voy a dedicar una próxima nota a comentar uno donde John P Walsh y Sahra Jabbehdai se las entienden con el espinoso asunto de la autoría. Pero antes lo menciono aquí sólo para destacar un detalle de su redacción. La cita literal es la siguiente:

authorship may also reflect social factors such as eminence or hierarchical position (Birnholtz 2006; Drenth 1998; Flanagin, Carey, and Fontanarosa 1998; Haeussler and Sauermann 2013; Laudel 2002; Mowatt et al. 2002; Rennie, Yank, and Emanuel 1997; Sismondo 2009; Zuckerman 1968)

¿ Alguien se percata del detalle ?. Para apoyar la afirmación de que quizás existan factores sociales que determinan el orden de firma [de los artículos de investigación] los autores citan…  nueve (nueve, o sea 9) investigaciones previas. Y por cierto, de forma desordenada.
A esto he dado en llamar citas como longanizas: a que se agolpen en una ristra o sarta un montón de autores y años o, en el sistema numérico, largas secuencias separadas por coma o por guión.
La idea que se intenta transmitir es la de unanimidad, la de que todo el mundo está de acuerdo en que el SIDA no tratado es mortal o en que las estructuras sociales de la ciencia determinan el orden de firma de los trabajos. Pero esta práctica es nociva sobre todo para el lector. Aún no he tenido tiempo de demostrarlo, pero demostraré que la lectura y comprensión de un texto científico, de por sí usualmente aburridas, se hacen más difíciles cuando las citas en el texto se acumulan como longanizas en su sarta.
Bueno, si los malos cómicos introducen “morcillas” sin tino ¿ Por qué los investigadores no han de emularlos ensartando longanizas a tutiplén y porrillo ?. Al fin y al cabo, entre las reglas para la escritura de trabajos sistemáticamente aburridos (“consistently boring”) se recomienda la escritura de trabajos laaaarrgooosss y la inclusión de muchas referencias para apoyar afirmaciones triviales.
No conozco a director alguno que haya propuesto limitar esta práctica, pero no pierdo la esperanza de que se apliquen algunas reglas sencillas que podrán contribuir a su desaparición:

Primero, el premio a la originalidad y homenaje al pionero.

En este caso a la pionera: si Harriet Zuckerman halló que las relaciones sociales entre científicos determinan el orden de firma de sus trabajos, basta con citar su trabajo de 1968. Los siguientes se han limitado a confirmar su hallazgo, que ella demostró por primera vez con gran elegancia.

Segundo, el premio a la robustez.

Me he encontrado con trabajos recientes que llegan a las mismas conclusiones que otros anteriores pero, siguiendo la moda actual de trabajar con poblaciones en lugar de con muestras, dan a sus análisis estadísticos y a sus conclusiones una gran robustez. El ejemplo siguiente, que he aplicado en propias carnes, ilustra la diferencia.
La afirmación de que existe una relación entre el número de autores de un trabajo y la frecuencia de citas que ese trabajo recibe posteriormente se puede apoyar en el trabajo “The effect of scholar collaboration on impact and quality of academic papers” o bien en el titulado “Team size matters: Collaboration and scientific impact since 1900”. Yo he citado el segundo porque es más actual (2015 a 2010) porque cubre un periodo mucho mayor (nada menos que 112 años frente al estudio transversal del primer trabajo) porque abarca más disciplinas (el primero sólo  trabajos en revistas de 20 categorías temáticas) y se extiende a más culturas (algo más de 28 millones de trabajos internacionales frente a 18.500 trabajos italianos).
No hay color, creo yo.
Es viernes y mañana asisto a la representación de la Symphonie der Tausend, lo que me sugiere abundar en temas fúnebres, como éste de Gilberto Gil. Para el fin de semana, que vuelve a ser largo, tiene su miga. Y ya si se combina con embutidos…:

Gazmoños, mojigatos y Roberto Cavalli

Hace tiempo asistí a una de tantas muestras de esa clase de despropósitos que en la jerga de Internet se llama “trollismo”. Vaya, a un intento de buscar la complicidad o provocar la protesta o incitar al insulto contra alguien de una forma extemporánea y desproporcionada . Esta vez le tocó a Khatia Buniatishvili, que interpretó el Concierto para piano de Robert Schumann acompañada de una de las orquestas que más me gustan en el Rheingau Musik Festival, a finales de Agosto de 2012.
La grabación, que se ha reproducido ahora más de 3.700.000 veces, ha suscitado casi 1900 comentarios, bien contrarios o bien favorables a… la vestimenta de la pianista.
Veamos (la fotografía seguro que ayuda): Khatia, que está a punto de cumplir 30 años, revela su origen georgiano en cada mirada negrísima y en todos los tonos de su piel, aceitunada como la de una romaní. Que para ese concierto eligiera un vestido blanco que dejaba al desnudo sus hombros y su espalda sólo merece, creo yo, el comentario más jaleado de todos los que, para bien, se dirigieron a su imagen:

The woman can wear whatever she god damn want to (Freydabae)

Khatia

Su técnica, su postura y su capacidad de entendimiento con la orquesta parece que quedan fuera de toda duda. Pero los comentarios supuestamente cándidos, propios de los más pobres de espíritu o de los peores cínicos fueron (y siguen siendo) numerosos:

There really is a double standard in the way pianists dress.  While women can wear comfortable clothing, men still have to wear tuxedos with neck-throttling bow ties (Gerry R)

Khatia no es la única que ha recibido críticas de esa clase. Yuja Wang, otra grandísima (si olvidamos su altura) pianista, suele vestir de Roberto Cavalli y ha sido definida como “un prodigio al piano popular por la brillantez de sus interpretaciones y por su llamativa vestimenta (“dramatic outfits”). Las críticas le llegan desde arriba (“spiky-haired”) hasta abajo (“five-hinch-heels”) y, sin embargo, yo nunca la he oído fallar un pedal…
Las músicas no son las únicas destinatarias de tanta tontería, por mucho que el machismo sea un ingrediente más que habitual de estas salsas. Pero Yo-Yo Ma o Lang Lang o James Rhodes no han recibido censuras por sus formas de vestir o no sólo por eso. Si en lugar de concertistas de música sinfónica fueran vocalistas de grupos de rock, dudo que alguien reparara en su forma de vestir, criticara su tendencia a la mezcla de estilos (Ma o Lang)  o censurara su testimonio como víctima de abusos (Rhodes).

Hay otra forma de ver las cosas: con independencia de sus gustos personales, las empresas discográficas que contratan a estas dos pianistas están sacando buen partido de sus, llamémoslas veleidosas elecciones de vestuario. Todo el mundo señala que la interpretación musical actual tiene un componente plástico, visual: un concierto no sólo se interpreta, también se representa. No sé cómo le va a Khatia, pero Yuja coloca el “sold-out” con relativa facilidad.
Creo que quien afecta escrúpulos, quien censura de forma exagerada e irrespetuosa, no está defendiendo con más o menos calor una opinión o esgrimiendo un argumento o declarando una convicción. Creo que está padeciendo la famosa terciana  que combina la frase hecha con el estereotipo y el lugar común. Esta dolencia no la originan los mosquitos (como la malaria, de donde he tomado el adjetivo) sino las tonterías y esa extraña tendencia a limitarse a cuatro prejuicios que adquirimos antes de los 20 y no dejamos ni pasados los 80. Pereza intelectual, conformismo y dejadez serían buenos sinónimos  ¿ Por qué se ha de permitir a los músicos de jazz o de pop o de punk lo que se censura en los músicos sinfónicos ?. Me gusta Chopin, me gusta Yuja cuando sobrevuela el teclado en los Preludios, me encanta Cavalli y, aunque no soy muy de orientales, considero las minifaldas de lentejuelas y las espaldas desnudas como otro de los atractivos de una experiencia estética.
Yuja acaba de representar a Chopin frente a un estanque con miles de medusas y un auditorio con no tantos oyentes. Vestido largo vaporoso, realmente etéreo y marino, su último peinado a lo “Bob” y esa forma de hacer conseguir el piano súbito… El mismo día, en la misma ciudad, a muy pocos metros yo opté por un concierto con Das Lied von der Erde y salí perdiendo.

Dejadme que parafrasee al Marcello de La Bohème: “Per vendicarmi, ho messo un video”. Y, claro, ahora me diréis que nos os gusta Brahms.

Khatia Buniatishvili – Yuja Wang – Johannes Brahms – Hungarian Dance No. 1 from medici.tv, music with vision on Vimeo.