La pareja perfecta: el tambor y el tren chú-chú

Lo de la música y el ferrocarril es lo de los novios de siempre o lo del matrimonio de toda la vida, pero con pasión: cuesta imaginar lo uno sin lo otro. Sobre todo después de descubrir que existen más del mil canciones (en inglés) que tratan del tren o se inspiran en él. Será por aquello del traqueteo rítmico, será por las campanadas de las estaciones o por los silbatos de jefes y factores o por el escape de vapor de las locomotoras o vete tú a saber por qué. Por haber, hay hasta páginas web dedicadas precisamente a eso, a glosar las piezas musicales que tienen que ver aunque sea con el metro.

Uno de los temas más populares de la big band de Duke Ellington, casi su carta de presentación, es el  que compuso en 1939  Billy Strayhorn “Take the A train”. Yo me sé de alguien que en unos días quizá viaje en esa línea de metro entre Brooklyn y la parte alta de Manhattan.También sé que la línea S, entre Grand Central y Times Square, es el reino subterráneo de no pocos músicos vocacionales.

Volviendo al tema: uno de los títulos más descarados es  “Chattanooga Choo Choo”, una canción de 1941 que, en versión de Glenn Miller, se mantuvo durante más de dos meses como el disco más vendido en USA. Y con razón: en cuanto se acaba la introducción con el metal imitando los resoplidos y pitidos del tren, a uno se le van algo más de los pies con el ritmazo del tema. Y, a propósito ¿ Qué hace esa buena mujer haciendo punto en la escena mientras las sordinas cup y las wah-wah lo están rompiendo ? ¿ No será otra de tantas esposas-del-director velando porque ninguna extra atraiga en exceso la atención de su hombre ?. Para olvidarla, más vale que rememoremos aquella remota tarde en que un escape de vapor de una locomotora casi consigue que Marilyn, vocalista de una orquesta de señoritas, se rompa un tacón. Fue justo antes del ensayo de la foto.

some-like-it-hot-marilyn-monroe-train-song

El ensayo de Sweet Sue y su banda… en el tren camino de Florida (Con faldas y a lo loco, naturalmente)

The great locomotive chase (La gran persecución en locomotora)

En sus próximos conciertos, la banda del CEM la emprende con otra obra ferroviaria, basada en hechos tan crueles que, mientras a unos les reportó honores y condecoraciones, a otros les supuso una suerte ligeramente diferente.
El 12 de Abril de 1862, exactamente un año después del inicio de la Guerra de Secesión en USA, 22 soldados unionistas (del Norte, para entendernos) a las órdenes de un tal Andrews, un civil explorador y espía a tiempo parcial, se infiltraron tras las líneas enemigas y tomaron la máquina, llamada “The General”,  y el primer vagón de un tren, mientras sus pasajeros y empleados desayunaban en un hotel cercano a las vías. Desventajas de que los vagones restaurante no existieran todavía.
Su idea era causar el máximo destrozo posible en las líneas de ferrocarril que unían Memphis y Chattanooga, para forzar el asedio y captura de esta última ciudad, un nudo de comunicaciones y un punto clave de aprovisionamiento de agua para el ejército confederado (los del Sur, que también debían agua).
Aunque parezca mentira, el maquinista original del tren y sus hombres persiguieron al tren robado usando otras locomotoras (hasta cuatro diferentes) en vagoneta y, que nadie alucine mucho, también a pie. Como los infiltrados paraban de vez en cuando para destruir infraestructuras (el telégrafo, los puentes, las conducciones de agua) y la velocidad media de una locomotora de entonces no llegaba a los 25 km por hora, pues….

Pero no, no los pillaron y el espía Andrews y sus hombres casi ,casi lo consiguen. No llegaron a Chattanooga por falta de combustible, algo que muchos años después se conocería como la situación “¡ Trata de arrancarlo, Carlos, trata de arrancarlo !” a escasos metros de la meta y el campeonato del mundo de rallies. Quien diga que la historia está para no repetirla, apañado va.

Nunca es triste la verdad (lo que no tiene es remedio)

Los infiltrados se desbandaron, pero casi todos fueron capturados. Tras varios consejos de guerra, Andrews y otros siete, declarados culpables de espionaje, fueron ahorcados. Los restantes intentaron escapar y ocho lo consiguieron. Otros seis fueron considerados prisioneros de guerra e intercambiados un año más tarde. Todos los soldados supervivientes recibieron la primera Medalla del Congreso que se concedía, al igual que las familias de los que no habían sobrevivido. Los dos civiles que participaron en la acción, incluyendo al propio Andrews, no pudieron ser condecorados por eso, por ser civiles.
A veces las opciones en esta vida son así de limitadas: que te cuelguen una medalla o que te cuelguen por el cuello.

La locomotora, el cine y la música

the_general_poster
En 1926, el último año del cine mudo, se estrenó “The General”,  la película de Buster Keaton basada en la gran persecución en locomotora que, tras ser considerada un fracaso, es hoy tenida por una de las mejores películas de la historia del cine. Buster Keaton interpretaba al maquinista perseguidor de su querida locomotora y para alcanzarla añadía a la vagoneta, a las otras locomotoras y a sus pies… el velocípedo. Y por supuesto un embrollo amoroso tan liado que consiguió cargarse primero los planes de medio ejército unionista y luego a la otra mitad del propio ejército para recuperar a sus dos amores: su locomotora y una morenita de pelo revuelto. A Buster Keaton (el maquinista Johnnie Gray en la peli) no lo cogieron, por supuesto. Le colgaron… a la morenita.

Robert Smith, es un compositor de Alabama que anda por los 50 y tantos años, autor de más de 700 obras, profesor de música y… (es duro tener que creer esto) miembro de una banda de cornetas y tambores para la que también compone. En 1999 recibió un encargo de la Escuela Intermedia de Tapp (en Georgia, muy al Sur) y se inspiró en la gran persecución en locomotora para componer esa obra breve (147 compases) para banda sinfónica. Es más que probable que, aunque la obra se presentara sin título, el público reconociera igualmente que va de un tren a vapor, de disparos y melodías sureñas. Falta el famoso toque del Séptimo de Caballería cargando, pero eso hubiera sido una invitación a que intervinieran los pieles rojas y casi que los dejamos para otra.
Mientras tocamos, hay quien recuerda con nostalgia el portentoso “Pacific 231” y hasta quien cae en la cuenta de que la Bachiana número 2 de Villa-Lobos se titula “O trenzinho do caipira”, el trenecito del campesino. Ahí va una de las mejores versiones que he visto y escuchado, interpretada por chavales no muy distintos a los músicos, chicas las más, del CEM.

Para casi todas las infancias, la receta de la felicidad ha sido esta: un tren eléctrico, o de hojalata, un pito para anunciar llegadas y salidas y un tambor solo para formar conjunto y dar la tabarra. En cuanto a las chicas, bastante bendición tienen cuando, de mayores, sus maridos desaparecen hipnotizados durante horas por las vueltas y revueltas de sus trenecito. Y, oye ¡ que algunos hasta echan humo !
A quien haya olvidado su infancia y el modernismo ferroviario, le recomendamos que asista al concierto del CEM. Como mínimo saldrá pitando.

Pasadlo bien, alargad el puente, disfrutad de este otoño tan suave y sed buenos con vosotros mismos: escuchad algo de música

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s