Fragmentos de bestiario

Reconozco mi ingenuidad, aliada natural de mi incapacidad para sacar provecho de la experiencia. Lo de no aprender nunca y lo de tropezar con la misma piedra han sido cualidades que me han acompañado un tiempo demasiado largo.
Durante la mayor parte de ese tiempo he pensado que combinar palabras para crear un nuevo vocablo era cosa del alemán, la lengua donde es posible encontrar maravillas como rollstuhlbasketballerinnen. También la forma en que el inglés apila monosílabos o fragmentos de palabras y hasta siglas para crear neologismos me ha admirado siempre. Creo que en muchos idiomas orientales lo que se combinan son sonidos que representan nuevas ideas.

dscn1996

Colocada a demasiada altura, pero igualmente emocionante.

Como la terminología médica fue una de mis debilidades, pensé que palabros como ortopantomografía o esternocleidomastoideo agotaban las posibilidades en nuestra lengua. Hasta que una especie de concurso donde se pedía a la gente que propusiera la palabra española más bella, me hizo volver el pensamiento hacia nuestro lenguaje común y encontrar, junto a muchas otras, palabras como aspavientos o tragaldabas, riquísimas en contenido, en poder plástico, casi tan rotundas como mariliendres, que aún anda esperando al académico que la fije en el diccionario.
Y luego está despecho. Una palabras simple, casi vulgar si no fuera porque es engañosa; no se trata de una de tantas combinaciones que hacen uso del prefijo negativo des-. Sólo cuando pecho significa teta, despechar es destetar. Pero yo me refiero a la primera acepción, donde no es la ortografía, sino la definición la que contiene una disyuntiva que resulta en un doble significado o un significado doble. Veamos, despecho es:

“Malquerencia nacida en el ánimo por desengaños sufridos en la consecución de los deseos o en los empeños de la vanidad”

Preciosa definición ¿ no ?. Entre sus méritos destaca en que contiene otra palabra que me maravilla: malquerencia, casi un oxímoron, si ‘querer’ se interpretara siempre en sentido positivo. Ojalá pudiera saber quien fue su autor. No descarto un vistazo a los cajetines que atesoran nuestra lexicografía la próxima vez que ronde los Jerónimos. Pero ahora lo que toca es reconocerme despechado y, de las dos especies de despecho, afectado por la segunda, la que se refiere a los “empeños de la vanidad”. Esta es mi confesión: mi corazón está incólume, he reemplazado los deseos que dejaron de satisfacerse y me siento tranquilo. Pero aún no he reparado mi orgullo. Y me resulta humillante y me duele no poder desprenderme del recuerdo de alguien con la misma rapidez que me desprendí de la presencia de ese mismo alguien.
No tengo más remedio que comportarme con vulgaridad y conjurar de mala manera a esa mala bestia de mi biografía. Hoy, mediado el mes de Septiembre, es un día magnífico para brindar ante una pinta de Martin’s “Get the fuck out of my mind, you miserable. To your demean and miscarriage !” sonreír y sorber con lentitud.

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