Co-autoría científica, nepotes y camorristas: estoy encantado.

En las redacciones de los informativos televisivos y sospecho que también en las de los diarios existe lo que en argot se llama “la nevera”. En la versión que conocí de primera mano la nevera, a espaldas del puesto del redactor jefe, era un anaquel donde se agolpaban cintas de video con noticias perfectamente editadas para su difusión que, sin embargo, a veces nunca se producía. Cuando, en época estival o en algún otro periodo de vacaciones políticas y deportivas, escaseaban las noticias de alcance o de cualquier tipo, cuando no se habían quemado bosques, la ola de calor se había establecido y el dinero para fichajes se había agotado, se recurría a las grabaciones de la nevera para rellenar el tiempo del informativo o las páginas de tal o cual sección. Si alguien se topa, en la sobremesa de cualquier fin de semana, con una noticia que no viene a cuento, es que se ha salvado de la nevera.

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Más veraniego, imposible ¿ No ?

Parece que el comunicación científica también existen esos limbos; al menos esa es la idea que se desprende de la publicación de según qué cosas en según qué fechas.
Hace unos días (nueve de agosto, aunque llevaba dando vueltas desde junio) apareció el trabajo Kin of coathorship in five decades of health science literature, la Co-autoría entre familiares en cinco décadas de literatura médica. Vaya, hasta ahora éramos unos picarones, sólo nos conformábamos con los gifts y los ghosts, con incluir a alguien entre los firmantes de un trabajo al que no había contribuido o con suplantar con nuestras firmas al auténtico autor de un trabajo. Ahora hemos pasado a mayores: el trabajo detecta una variedad más refinada del hoy por tí y mañana por mí y del recurrir a negros  para engrosar las filas de los CV. Los lazos familiares pueden promover carreras (científicas) y los autores que forman parte de una familia tienden a establecer relaciones de co-autoría con los miembros de su misma familia. Cuando se publica en revistas de influencia, la tendencia es mayor, lo mismo que cuando el número de autores es elevado.
Eso requiere, claro está, que los parientes también sean colegas o al menos tengan profesiones u ocupaciones científicas relacionadas. Aunque esto no es seguro: conozco a un tecnólogo de alimentos que firma artículos con su tío, que comparte especialidad, y su padre, que aplica la bibliometría al análisis de la información sanitaria. Y encima los trabajos se centran en el vino…
En todo caso, yo creo que los familiares que firman conjuntamente una o muchas publicaciones científicas representan la cola de una pescadilla. En la cabeza está que una consideración familiar de los negocios y hereditaria de las ocupaciones. El hijo heredará el bar del padre y el camionero enseñará a su hija los secretos de la conducción. En los trabajos más cualificados y en los sectores académicos, los profesionales transmiten sus puestos, sus cargos, sus posiciones a parientes más jóvenes- se supone que también los conocimientos, claro.
Me formé en una Facultad donde las cátedras se han transmitido de padres a hijos en ocasiones hasta tres generaciones (y lo que te rondaré). Es muy posible que los parientes y parientas estén tanto o más preparados que sus ascendientes para los mismos puestos, pero no es seguro que sepan más que sus contendientes para esos puestos. Es muy posible que en los correspondientes procesos de selección se vulnere el principio de igualdad de oportunidades y, como sobre todo hablamos de puestos públicos en instituciones académicas o de investigación públicas, me cuesta mucho aceptar este hecho comoalgo lógico e inevitable. Y si papá o mamá o el tito han preparado amorosamente el CV de sus retoños, no me cabe la menos duda que la igualdad de oportunidades se fue a tomar viento antes incluso de la graduación.

Dejadme, por puro desahogo, que cite al maestro César Nombela:

“Una de las deficiencias que lastran la calidad de la universidad española actual es la escasa movilidad y la endogamia del profesorado universitario. Si estas son las características que marcan los procesos de acceso a la función docente, combatirlas con las medidas adecuadas aumentará la capacitación de los profesores y con ello la calidad de la enseñanza universitaria de nuestro país.”

Su artículo, publicado en Diciembre de 2014 en la Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, es excelente. El que Fuentes, Luque y Lopez Gómez publicaron en 2012 en Teoría de la Educación también y, además, incide en los efectos de la endogamia académica sobre la revisión por expertos y la publicación de trabajos de investigación en revistas científicas españolas.
Veamos la versión nepote: si te examina tu padre, trabajas para tu madre y juzga tus méritos tu tío, tienes que ser malísimo para no llegar algo antes de… pongamos los 35.
Y ahora la versión extendida: si suena tu cara en el departamento y en el comité de redacción de tu revista favorita y el tribunal descubre que además firmas con el jefe, malo será que no consigas un CV kilométrico antes de… pongamos los 35.
Nepote y camorra son palabras italianas- la segunda derivada del español. Las he utilizado en el título porque responden bien a las ideas de repartir prebendas  a familiares y a la ambigüedad entre lo ético y lo no ético de ciertas atribuciones de autoría.
Pero, olvidemos por un momento que el papanatismo y el hacernos de menos son notables enseñas de nuestra identidad como españoles, porque el trabajo sobre autoría y parentesco distribuye por países la colaboración entre la parentela y señala que los alemanes del Este eran los más nepotes (repito que el estudio abarca cincuenta años de investigaciones médicas) y que Italia, Rusia y especialmente India muestran una prevalencia de parentesco en la firma de trabajos biomédicos muy superior a la media mundial- y a las cifras españolas.
Los autores del trabajo son un curioso racimo de epidemiólogos asistidos por un físico y un informático en funciones estadísticas, creo, y un profesor de Documentación que ha realizado la minería y el procesamiento de los datos. Han identificado el parentesco como “the presence of at least two identical surnames in a list of coauthors of the same paper” y, aunque filtran y ponderan los datos utilizando herramientas estadísticas sofisticadas, uno levanta la ceja cuando baraja la posibilidad de que hayan detectado el parentesco entre los autores cuyos apellidos en iniciales son AT y AB, padre e hijo en el caso que antes mencionaba.

Todo esto viene a cuento de lo exóticos y divertidos y entretenidos que pueden llegar a ser los trabajos publicados en determinadas épocas. No niego mérito alguno a este estudio sobre nepotismo, como pondero en lo que vale otro sobre la naturaleza social de la elección de los alimentos. Es más, después de la lectura del excelente pero sesudo análisis de Fukuyama sobre la decadencia o renovación de la política estadounidense casi casi agradezco esas publicaciones, que recomiendo a ociosos.

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…por no callar de lo que distingue el día (con arena)

Una llamada de teléfono y mi sempiterna incapacidad para decir “No” me retienen en el vaivén diario al campus de mi universidad- por otra parte casi desierta. Estos días me divierte el metro. A la ida suelo utilizar los auriculares para evitarme conversaciones estúpidas y el juego de cintura para evitarme todo tipo de lesiones, punzadas y rozaduras contra cualquiera de las innúmeras armas del utillaje playero: los vagones van repletos de grupos con afán de agua y arena, convenientemente pertrechados con bolsos de arpillera de bordes encrespados, sombrillas de amenazantes puntas, hinchables de todos los tañamos y filos (uno que simula un tiburón es divertidísimo) además de hordas de niños que se convierten en armas arrojadizas en cuanto se activan los frenos con más determinación de la cuenta. ¡ Y que duros tienen los huesos las criaturas !.
Mi regreso coincide con el final del “turno de mañana” de esa fábrica de pieles enrojecidas y cansancios y sed que es una playa, cualquier playa. El desaliño de la mañana se ha vuelto en una total pérdida de compostura, en una dejadez de arena en los tobillos y greñas rebeldes a las gomas, las gorras o los sombreros. No es que las miradas estén perdidas, es que apuntan a la penumbra de la siesta como a una tabla de salvación entrevista tras el sol que ha machacado desde los hombros a los empeines. Los niños, ahora inofensivos, se dejan mecer contra el cuerpo de sus madres y los bolsos y las sombrillas son ahora romos.
Pero quiero hablar de la mujer de la peluca.

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La he visto esa misma mañana, en los diez minutos del transbordo, y en seguida he sabido que eso, el hecho de encontrarla, era lo que iba a distinguir el día. En algún tiempo entre los cuarenta y los cincuenta; en alguna talla entre el uno setenta y mucho y el uno ochenta y poco; de empeines y hombros y rostro blancos; fácil de adivinar bajo el vestido playero, largo y barato; el pelo moreno más corto que el mío, uniéndose en la nuca al lazo del sujetador; un regazo acogedor, según he supuesto cuando se ha sentado a mi lado y, al otro lado de su mirada azul, las páginas de un libro, separadas por los dedos que, además, sujetaban un lápiz corto.
He intentado encasillarla por su físico. De todos los arcos que contiene el cuerpo de una mujer, suelo fijarme en el arco de Eros (en el reborde del labio superior) y en otro que nadie ha nombrado y a mí me resulta más definitivo: el arco del cuello que se extiende. He supuesto que es eslava, aunque no sea rubia. Luego he rectificado y la he juzgado holandesa. Sí, creo que en eso he acertado.
Lo que distingue un día, sea persona, animal, circunstancia o cosa, necesita un nombre. De lo contrario, no es definitorio. La mujer que compartía el banco conmigo fue única no por ser alta, no por parecerme holandesa, gay, muy hermosa. La definía un libro de bolsillo que leía y marcaba de vez en cuando con un gesto rápido del lápiz. Confieso haber sido indiscreto, haber aguzado la mirada hasta apreciar que el libro estaba escrito en inglés y que la primera de las palabras que la mujer había circunscrito era “wig”.
Entonces ya no importó que estuviera leyendo la primera de las novelas de Harry Potter “Harry Potter and the Philosopher’s Stone”. En aquel preciso momento se convirtió en “la mujer de la peluca”.
Ese día, en que descubrí con horror,  la sinfonía Babi Yar de Shostakovich, en que me enfrenté a los proyectos que han desarrollado desde 2003 el consorcio multinacional de investigación sobre el Báltico, en que recibí algunos arañazos y empellones de los impacientes bañistas, ese día se convirtió y ya es y siempre quedará como el día de la mujer de la peluca.
Hablar por no callar siempre es tontería, esta vez también, y encima con la molestia de la arena. Me pregunto si esa mujer habrá nombrado su día según el tipo indiscreto que oteaba sobre su hombro su lectura. Y, ya puestos, me gustaría saber qué aspecto tenía ese mismo hombro en el trayecto de vuelta.

Co-autoría y colaboración: una bibliografía de urgencia

Las socilitudes de financiación (vulgo proyectos) de investigación es lo que tienen- una continua exigencia de papeleo. Para justificar las actividades del primer año de una investigación sobre redes egocéntricas de colaboración científica, no he tenido más remedio que ordenar la bibliografía que recopilé inicialmente y sigo recolectando a través de alertas en dos o tres sistemas.

 

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Las autoridades insisten que este incendio NO se originó en las altas temperaturas de estos días. Pero admiten la existencia de mucha gente igualmente quemada. Just saying.

Esta recopilación es muy trabajosa, así que he pensado que puede tener interés compartirla. Toda bibliografía es subjetiva- esto es sabido. Yo ofrezco mi versión de este campo de investigación y me dejo de tonterías: soy muy selectivo, aunque he abarcado desde clasicotes (Beaver y Rosen, Martin y Katz, Newman)  hasta trabajos más recientes. Los he distribuido en cuatro grupos. Ojala os resulte de provecho.

Primero. la definición de la colaboración y su relación con la co-autoría.

 

Beaver, D., & Rosen, R. (1978). Studies in scientific collaboration. Scientometrics, 1(1), 65-84. Vale, ya sé que me paso de clásico, pero tiene sentido.

Katz, J. S., & Martin, B. R. (1997). What is research collaboration? Research Policy, 26(1), 1-18.

Laudel, G. (2001). Collaboration, creativity and rewards: Why and how scientists collaborate. International Journal of Technology Management, 22(7-8), 762-781.
Laudel, G. (2002). What do we measure by co-authorships? Research Evaluation, 11(1), 3-15. Me encanta Grit Laudel, aunque ya quisiera yo verla realizando trabajo empírico e intentando medir.

Sonnenwald, D. H. (2007). Scientific collaboration. Annual Review of Information Science and Technology, 41(1), 643-681. Superacadémico; tomadlo como un homenaje a la desaparición de ARIST.

Jeong, S., Choi, J. Y., & Kim, J. (2011). The determinants of research collaboration modes: exploring the effects of research and researcher characteristics on co-authorship. Scientometrics, 89(3), 967-983

Lewis, J. M., Ross, S., & Holden, T. (2012). The how and why of academic collaboration: disciplinary differences and policy implications. Higher Education, 64(5), 693-708.

Segundo. La relación entre impacto y colaboración

Beaver, D. deB. (2004). Does collaborative research have greater epistemic authority? Scientometrics, 60(3), 399-408.

Inzelt, A., Schubert, A., & Schubert, M. (2008). Incremental citation impact due to international co-authorship in Hungarian higher education institutions. Scientometrics, 78(1), 37-43.

Ioannidis, J. P. A. (2008). Measuring Co-Authorship and Networking-Adjusted Scientific Impact. PLoS ONE, 3(7), e2778

Chiocchio, F., & Essiembre, H. (2009). Cohesion and Performance A Meta-Analytic Review of Disparities Between Project Teams, Production Teams, and Service Teams. Small Group Research, 40(4), 382-420

He, Z.-L. (2009). International collaboration does not have greater epistemic authority. Journal of the American Society for Information Science and Technology, 60(10), 2151–2164

Defazio, D., Lockett, A., & Wright, M. (2009). Funding incentives, collaborative dynamics and scientific productivity: Evidence from the EU framework program. Research Policy, 38(2), 293-305.

Abbasi, A., Altmann, J., & Hossain, L. (2011). Identifying the effects of co-authorship networks on the performance of scholars: A correlation and regression analysis of performance measures and social network analysis measures. Journal of Informetrics, 5(4), 594-607.

Krumov, L., Fretter, C., Müller-Hannemann, M., Weihe, K., & Hütt, M.-T. (2011). Motifs in co-authorship networks and their relation to the impact of scientific publications. The European Physical Journal B, 84(4), 535-540.

Hampton, S. E., & Parker, J. N. (2011). Collaboration and Productivity in Scientific Synthesis. BioScience, 61(11), 900-910

Ortega, J. L. (2014). Influence of co-authorship networks in the research impact: Ego network analyses from Microsoft Academic Search. Journal of Informetrics, 8(3), 728-737.

Sarigöl, E., Pfitzner, R., Scholtes, I., Garas, A., & Schweitzer, F. (2014). Predicting scientific success based on coauthorship networks. EPJ Data Science, 3(1), 1-16.

Bordons, M., Aparicio, J., González-Albo, B., & Díaz-Faes, A. A. (2015). The relationship between the research performance of scientists and their position in co-authorship networks in three fields. Journal of Informetrics, 9(1), 135-144. El grupo de María Bordóns haciendo las cosas bien, como siempre.

Hong, W., & Zhao, Y. (2016). How Social Networks Affect Scientific Performance Evidence from a National Survey of Chinese Scientists. Science, Technology & Human Values, 41(2), 243-273.

 

Tercero. La aplicación del análisis de redes sociales al estudio de la co-autoría

Los trabajos clásicos- los de Newman son increíbles, y eso que trata la co-autoría de mero refilón:

Barabási, A. L., Jeong, H., Néda, Z., Ravasz, E., Schubert, A., & Vicsek, T. (2002). Evolution of the social network of scientific collaborations. Physica A: Statistical Mechanics and its Applications, 311(3–4), 590-614.

Newman, M. E. J. (2001a). Scientific collaboration networks. II. Shortest paths, weighted networks, and centrality. Physical Review E, 64(1), 16132

Newman, M. E. J. (2001b). Scientific collaboration networks.  I. Network construction and fundamental results. Physical Review E, 64(1), 16131.

Y los más recientes:

Börner, K., Dall’Asta, L., Ke, W., & Vespignani, A. (2005). Studying the emerging global brain: Analyzing and visualizing the impact of co-authorship teams. Complexity, 10(4), 57-67 (estos chicos de Indiana siempre en busca de “palabros”- lo de cerebro global no cuela)

Liu, X., Bollen, J., Nelson, M. L., & Van de Sompel, H. (2005). Co-authorship networks in the digital library research community. Information Processing & Management, 41(6), 1462-1480.

Moody, J. (2004). The Structure of a Social Science Collaboration Network: Disciplinary Cohesion from 1963 to 1999. American Sociological Review, 69(2), 213-238.

Ramasco, J., & Morris, S. (2006). Social inertia in collaboration networks. Physical Review E, 73(1), 16122.

Bettencourt, L. M. A., Kaiser, D. I., & Kaur, J. (2009). Scientific discovery and topological transitions in collaboration networks. Journal of Informetrics, 3(3), 210-221

De Stefano, D., Giordano, G., & Vitale, M. P. (2011). Issues in the analysis of co-authorship networks. Quality & Quantity, 45(5), 1091-1107

Zappa, P. (2011). The network structure of knowledge sharing among physicians. Quality & Quantity, 45(5), 1109-1126.

Adams, J. (2012). Collaborations: The rise of research networks. Nature, 490(7420), 335-336 (un simple comentario pero, claro, por publicar vos donde publicais…)

Mali, F., Kronegger, L., Doreian, P., & Ferligoj, A. (2012). Dynamic Scientific Co-Authorship Networks. En A. Scharnhorst, K. Börner, & P. Besselaar (Eds.), Models of Science Dynamics (pp. 195-232). Berlin, Heidelberg: Springer Berlin Heidelberg. (A mi me ha defraudado, pero…)

Ghosh, J., Kshitij, A., & Kadyan, S. (2014). Functional information characteristics of large-scale research collaboration: network measures and implications. Scientometrics, 102(2), 1207-1239.

Y cuarto. La evolución de las redes desde una perspectiva egocéntrica.

Cross, R., & Cummings, J. N. (2004). Tie and Network Correlates of Individual Performance in Knowledge-Intensive Work. Academy of Management Journal, 47(6), 928-937. (¡ Ya están los expertos en organización liándola !)

Abbasi, A., Chung, K. S. K., & Hossain, L. (2012). Egocentric analysis of co-authorship network structure, position and performance. Information Processing & Management, 48(4), 671-679.

Espinosa, J. A., & Clark, M. A. (2013). Team Knowledge Representation A Network Perspective. Human Factors: The Journal of the Human Factors and Ergonomics Society, 18720813494093.

Milojević, S. (2014). Principles of scientific research team formation and evolution. Proceedings of the National Academy of Sciences, 111(11), 3984-3989.

Ebadi, A., & Schiffauerova, A. (2015). How to become an important player in scientific collaboration networks? Journal of Informetrics, 9(4), 809-825.

Arnaboldi, V., Dunbar, R. I. M., Passarella, A., & Conti, M. (2016). Analysis of Co-authorship Ego Networks. En A. Wierzbicki, U. Brandes, F. Schweitzer, & D. Pedreschi (Eds.), Advances in Network Science (pp. 82-96). Springer International Publishing.

 

Espero que, en estas fechas, esta pequeña entrada pase desapercibida, aunque la lectura de esos trabajos es apasionante y la reproducción de las observaciones muy entretenida. Por si acaso no es así, he procurado disponer las referencias en orden cronológico y recomiendo la lectura previa de algún manual de análisis de redes o no sé yo…

Yo me quedo con el Concertino de Glazunov  a unos 34 grados.