De concentraciones y relajos

¿ Qué revelan realmente las vacaciones ? ¿ El deseo de cambio, de conocer algo y alguien nuevos o bien el deseo de olvido, el desaparecer un tiempo, el perder de vista algo y alguien muy vistos ?
Por lo que observo a mi alrededor, la segunda opción es la válida. La gente vuelve a sitios que ya visitó o a los pueblos y ciudades de los que partió. Y lo hacen casi en cada periodo de vacaciones así que, como repiten sus destinos, hay que creer que lo que pretenden es escapar de su medio cotidiano. Acaso las dos opciones sean igualmente válidas: volvemos a los mismos sitios para escapar de las mismas caras. O algo así.
Cuando regresamos lo hacemos cargados de cambio. Tenemos un nuevo color de piel o un nuevo amor o un recuerdo diferente o muchas fotos con las que aburrir a los compañeros o amigos o vecinos o parientes. Ellos, a su vez, ya se encargan de tomarse cumplida revancha y hablarnos de sus hallazgos y sus novedades.
Después, todo y todos siguen igual… Y hasta la próxima.

viveros

El “Desnudo con libro” de José Esteve. Una de las mejores imágenes para esta época.

Sospecho, entonces, que no nos apartamos de los demás para “recargar las baterías” sino para “descargar los hartazgos” que nos acarrean personas y circunstancias a quienes apreciamos, pero no aguantamos más allá de un límite, los once meses que van de cada final de agosto a cada final de julio.
Por supuesto que hay personajes de los que no hay forma de librarse, pero ese es otro tema.
Suelo compartir con vosotros algunos temas musicales en forma de video. Algunos videos me impresionan, algunos temas son magníficos. Pero confieso que miento con descaro cuando simulo que esa es la música que me interesa. ¡ Ni de lejos ! Como productos industriales, esos temas son impecables. Como productos culturales, su contenido es más que discutible. Están preñados de un sexismo atroz, por nombrar sólo alguna de sus rasgos más evidentes. Pero molan. Y uno no puede evitar moverse al compás de esos bajos tan poderosos, que parecen empujones más que impulsos.
De Ariana Grande no sé gran cosa. Que alguien haya vetado su presencia o su actuación en la Casa Blanca me da igual. Es uno de tantos productos de temporada que quizá consiga permanecer en la industria y quizá no. Su paso por filtros y más filtros, su disfraz de personaje de Manga y las pobres imitaciones de Beyoncé de sus coreografías no auguran nada bueno. Por otra parte, si una chavalilla de 23 años va por la vida de “mujer peligrosa” es que es una creída, con independencia de a quiénes pretenda convertir en víctimas.


Y ahora, una de mis habituales contradicciones. No os deseo que os concentréis, como machaconamente quiere la cancioncita de marras, sino que sigáis el  estribillo para todo lo contrario:

Just come and get it let them say what they say
‘Cause I’m about to put them all away

Eso. Echadlo todo por la borda y que digan lo que quieran.
Mientras disfrutáis del tema de Ariana, me voy a concentrar (yo sí) en lo que realmente me apasiona. Algún día tendré que contarlo, qué engorro…

Scholarly-scientific-academic-publishing: don’t get lost in translation (once more)

Hace unos días recibí la alerta con el contenido de una publicación rara-rara. La revista en cuestión, que edita la Universidad de Toronto desde Octubre de 1969, es el Journal of Scholarly Publishing. En su declaración de intenciones se define como

“the indispensable resource for academics and publishers that addresses the new challenges resulting from changes in technology, funding and innovations in publishing. In serving the wide-ranging interests of the international academic publishing community, JSP provides a balanced look at the issues and concerns, from solutions to everyday publishing problems to commentary on the philosophical questions at large”.

De acuerdo con esta declaración, con las intenciones de sus nuevos directores y con los sumarios que he revisado, JSP (como se abrevia a sí misma) no es una revista central para los interesados en la redacción científica. Y es que publishing hace referencia a las actividades técnicas y a las comerciales de un editor de libros y publicaciones periódicas y está mucho más próxima a edición que a publicación. De forma similar, editor equivale más a director que a otra cosa.

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Mapa mental de la segunda mitad de Julio. Si las boyas fueran vértices y los hilos las aristas, no les arriendo la ganancia a los especialistas en análisis de redes…

Que la revista no resulte central no significa que sus contenidos no guarden cierto interés para los interesados en los procesos de comunicación científica y en la preparación y publicación de artículos de investigación. Su último número publica un análisis sobre los hábitos de colaboración de los investigadores iraníes en Economía, Gestión y Negocios y el anterior, un trabajo literalmente incendiario sobre ciertos antecedentes de la revisión por pares. Puro exotismo, ya te digo.

Cn todo, y a pesar de mi excursión por el Random House Dictionary ymi afirmación de hace dos párrafos, insisto en llamar la atención sobre Learned Publishing, la revista de la Association of Learned & Professional Society Publishers que se edita como revista desde 1988 en Gran Bretaña, ese recientemente autoproclamado archipiélago independiente.  La revista ya no se distribuye a través de la plataforma Ingenta. Ahora se encuentra en la Wiley Online Library y, su primer número de este año confirma en alto interés para los aficionados a los temas que cubre este blog: es un monográfico sobre peer review. Este tema es muy recurrente en Learned Publishing pero no es el único interesante: el número de Septiembre de 2014 se centraba en el manejo de los datos de investigación y hasta coqueteaba con el uso de las “altmetrics”. Es en esa revista donde he leído las primeras (y mejores) descripciones de ORCID, RUBRIQ, HighWire, Arxiv, la nomenclatura de versiones de artículos y otros temas centrales y es que su definición, con ser más concisa, es mucho más expresiva y próxima a mis intereses:

Learned Publishing publishes peer reviewed research, reviews, industry updates and opinions on all aspects of scholarly communication and publishing.

(La negrita, mía).

Añado que Learned Publishing es frecuentada de tarde en tarde por autores españoles.
Hace falta una selección de las revistas útiles para el seguimiento y el estudio de la comunicación científica, la redacción de artículos, los esquemas de publicación y difusión y tantos otros temas afines. He empezado ya a elaborarla pero, mientras la concluyo, vaya por delante esta opinión sobre dos revistas, una mucho más interesante que la otra.

El honor en el olvido: para James Roy Horner

Hay quien se pasa la vida buscando el reconocimiento ajeno, quien quiere resultar importante a toda costa. Conozco de primera mano gente con el “síndrome del pedestal” (en su primera fase, más leve, se manifiesta como síndrome del estrado). Es una dolencia  que afecta a quienes pretenden mantenerse continuamente en el candelero, en la cresta de la ola, en la tendencia dominante. Todos somos importantes para otros en algún momento y luego, pasada la ocasión, seguimos con nuestras vidas modestas o anónimas o normales. Pero esa gente no. Necesitan mantener la atención constante sobre su figura y, como eso no es posible, reaccionan de dos formas: o bien se sumergen en una fase de desaliento, de depresión y resentimiento hasta que una nueva situación de éxito y relumbrón los aúpa o bien intentan que sus momentos de gloria se trasladen a cualquiera de sus restantes actividades. Así, un profesor merece el aplauso por el dominio de su materia, pero pretende extender el homenaje a sus opiniones políticas, a su destreza con la escobilla del wáter o a la forma en que cocina la lubina. Estos aún no se han dado cuenta de que el olvido puede ser un gran reconocimiento, a veces el mayor.
Obliterar significa anular, borrar y quizá también olvidar. La obliteración por inclusión es una forma un tanto técnica de referirse al sobreentendido, al dar por supuesto algo que es conocimiento común y de referirse a personas y personajes que no es preciso mencionar. ¿ De quién es “Las meninas” ?. ¿ A quién olvidamos y damos por supuesto cuanto hablamos de la quinta (sinfonía) ?. Pues eso.
Hace un tiempo me quejé de que el programa de un concierto sobre la saga Star Wars omitía el nombre de John Williams. Pero a continuación también escribí “lo que hace grande a John Williams o a John Barry o a Bernard Herrman es precisamente que sus nombres ya no importen”. Sí, parece un contrasentido y quizá lo sea, pero lo que queda es “la música de Darth Vader” o que todo el mundo reconozca el tema de 007 o el rechinar de los violines de Psicosis”.
Hasta los más jóvenes saben que la música puede contribuir al éxito de una obra cinematográfica. Y no sólo eso: a veces permanece la música y se olvida al músico. ¿ Qué sería del Puente sobre el Río Kwai sin que nadie silbara la marcha de los prisioneros ? ¿ Cómo cabalgarían Los Siete Magníficos sin su allegro tan enérgico ? Maximo el Gladiador no se reuniría con su familia sacrificada. El Bueno, el Feo y el Malo no la emprenderían a balazos. Superman no podría sobrevolar la esfera terrestre. James Bond erraría una y otra vez el tiro y, con toda seguridad, Rose DeWitt no se habría enamorado de Jack Dawson y el hundimiento del Titanic quizá se habría olvidado.
La película sobre ese desastre se estrenó en 1997. Del disco con su banda sonora se han vendido en estos veinte años 27 millones de copias y del tema de amor, la canción My heart will go on, otros 15 millones.
Según el razonamiento anterior, estaría de más mencionar el nombre del compositor, salvo por un par de detalles. Primero, James (Roy) Horner murió sobre las 9:30 del lunes 22 de junio de 2015, al precipitarse con una de sus avionetas  (le encantaba volar en solitario) sobre el desierto del Condado de Ventura, en California. Se acaba de cumplir el primer aniversario de su muerte.

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Shaofeng Feng y uno de los lobeznos de El último Lobo (Jean-Jacques Annaud, 2015 con música de James Horner)

Y segundo, el viernes 8 de Julio la Banda del CEM de Almácera dedica un concierto a las bandas sonoras, la música de películas. El programa es largo, unas nueve piezas más un bis. Algunas son pequeñas suites de películas infantiles, otras no y el bis, si se interpreta, es música de televisión, la que compuso Ramin Djawadi (un alemanote cuarentón) para la cabecera de Game of Thrones. El concierto incluye una pequeña suite de la banda sonora de Titanic (1997) y también otra pieza muy popular de Horner: The Mask of Zorro (1998). Además de esas dos bandas sonoras tan populares, compuso otras 156. Es raro encontrar a alguien que no haya visto intrigas como El informe pelícano (1993) o Gorky Park (1983) o dramas épicos como Braveheart (1995) o Troya (2004) o melodramas como Leyendas de Pasión (1994) o películas históricas como El nombre de la rosa (1986) o bélicas como Enemigo a las puertas (2001) o sus numerosísimas músicas para historias de ciencia-ficción. No hay género que no tocara y en todos destacó. Según propia confesión, “rumiaba” su música mentalmente antes de escribir una sola nota. Por eso resulta extraño y también maravilloso que fuera tan prolífico. Algunos años llegó a componer tres grandes bandas sonoras y, cuando murió, aún no se habían estrenado las películas con su última música: la maravillosa “El último lobo”, “Los 33” sobre la tragedia y rescate de los mineros chilenos y el drama deportivo Southpaw. La música para la nueva versión de Los Siete Magníficos (se estrena a finales de septiembre de este año) vuelve a mostrar la habilidad de Horner para manejar el sonido de los instrumentos orientales, japoneses sobre todo ¡ No está mal para una historia que originalmente ideó Akira Kurosawa !

El éxito se fabrica a partir de talento y formación. James Horner, que se inició en el piano a los cinco años, recibió su formación musical básica en el Royal College of Music de Londres. Algo raro para un californiano hijo de un emigrante checo. Después se licenció en música en la Universidad del Sur de California y trabajó como postgraduado en UCLA. Comenzó a componer para películas baratas en los 70 y… el resto es lo que es.
Ya sé que lo anterior no es poco pero, si os lo parece, si pensáis que los compositores de música de películas (que los pijos llaman música incidental) son menores, haced dos cosas: primero, recordad a Dmitri Shostakovich; luego, escuchad “Pas de Deux”, el doble concierto para violín y cello de Horner o su “Collages”, subtitulado pieza de concierto para cuatro trompas.
El cine, con ser un arte e industria de mostrar, oculta el nombre y ensalza la obra.
Deseo el olvido de Horner para aquellos que más han sentido el dolor de su pérdida: su mujer Sarah y sus hijas Emily y Becky, o sus grandes colaboradores, los directores Jean-Jacques Annaud y James Cameron. Deseo el olvido para Horner para que su nombre se sobreentienda y no importe. Para que lo único que importe sea oír a alguien silbando el tema de Rose como alguien tararea ese sol-sol-sol-mi(bemol) fa-fa-fa-do.

En el colmo de los contrasentidos, os deseo buen fin de semana rememorando una muerte, la del James Roy Horner. Eso sí, me niego a resignarme al silencio: disfrutad de uno de sus últimos (y mejores) trabajos con, claro está, un trailer.

 

Me gusta pensar que los músicos de Almácera rinden homenaje este viernes a Horner.