¿ También el jazz es materia nocturna ?

He rebuscado en mi biblioteca hasta dar con un buen libro sobre la historia y el desarrollo del jazz. Lo escribieron dos alemanes, Joachim E. Berendt y Günther Huesmann en 1953 y lo titularon “Das grosse Jazzbuch: Von New Orleans bis Jazz Rock”. Aunque existe versión en español de una obra parecida, yo he consultado la séptima edición en inglés (de 2005) tratando de responderme a mí mismo la pregunta que da título a esta entrada. La cuestión me ronda la cabeza porque, desde hace meses, frecuento uno de esos locales, mezcla de horno y cafetería, que ambienta los desayunos con… jazz. Al principio me resultaba chocante tomar sorbos de café mientras Oscar Peterson (que no me gustaba) aporreaba las teclas; luego esa combinación me empezó a interesar  (no he conseguido lo mismo con Peterson) y ando dando vueltas a ese tema con todas las variantes que se os ocurran.

¿ Tiene la música un momento del día ?
¿ Tiene cada momento su música ?
¿ Un estilo se ajusta a todas las sensibilidades ?
¿ Estamos utilizando la música ?

Schroeder

La “foto de grupo” de bienvenida a la exposición que el Museum of Science and Industry de Chicago organizó a principios de 2013 para honrar al dibujante Charles M. Schulz

En contra de lo que yo creía y a diferencia del termino “rock and roll”, la palabra jazz, que originalmente se escribía “jas” no tiene analogías sexuales y, antes que a la música, se refería a algunas especialidades deportivas. Sin embargo, no hay club de jazz donde no haya presenciado los primeros escarceos de seducciones balbucientes; tan torpes que necesitan de la complicidad del alcohol y los blues aburridos para llegar al consabido “Let’s get out of here”. Vale, lo admito, tampoco me matan los blues que no sean de Davis.

Seamos convencionales
El día debería comenzar con los ritmos invariables de la música barroca o con alguno de los revoloteos de pájaros de Yoshimatsu( al estilo del alllegro de Cyberbird). Luego, en lugar de machacarnos las entendederas con la cháchara de cualquier tertulia política o las gastadas ocurrencias de cualquier programa despertador, estaría bien recurrir a música de buen rollito aunque, claro, eso va en gustos. En mi modesta estadística, Pablo Alborán gana por mucho a la caterva de practicantes del hip hop y el reguetón, que sin embargo dominan los trayectos vespertinos de vuelta del trabajo-recogida de pareja.
No sé nada de la música que ambienta los trabajos de cada uno, aunque podría practicar la mala fe y el exabrupto si me atuviera a la que, desde muchos andamios, arrojan radiocasetes empolvados.
Hay en la jornada un periodo de no-musica, dominado por eso que los publicistas de llaman el “prime time” los programas de televisión pero ¿ Qué pasa cuando se oscurece la caja y se ilumina la lamparilla ?. ¿ Es entonces el momento del jazz ?.

Un roto y un descosido
¿ Es posible que el jazz combine tanto con las bebidas como con los suspiros ? ¿ Que sirva para un roto como para un descosido ? ¿ Que consintamos en rebajarlo a “disimulo de gemidos”?.
Me resisto a tanto convencionalismo. Es verdad que el jazz se nos ofrece “en horario nocturno” tanto si es música en directo como si ambienta cualquier garito. Pero no tiene por qué emplearse sólo como coartada para la falta de palabras entre los amantes o los amigos. La música no ha de ocultar silencios. La música utilitaria acaba siendo despreciada.
Pienso seguir escuchando jazz de buena mañana y en cualquier otro momento que me pille. Dejaré que el jazz me utilice a mí, en lugar de usarlo y, así la música, esa música y yo intercambiaremos tiempos. Todo un trato y una oportunidad para entender a Oscar Peterson. O intentarlo.
De momento, me quedo con el trio de Marcin Wasilewski. Su video contiene un ejemplo perfecto de la tensión entre imitación y variación propia de toda la música y que, en términos jazzisticos, se traduce por tensión entre arreglo e improvisación. Es excelente el modo en que parafrasea la música de Ennio Morricone para Cinema Paradiso, una de las últimas películas que me hizo llorar. Y es una suerte que la grabación, para la radio holandesa VPRO, tenga por fondo el dique oeste del puerto de Amsterdam, el Oosterdok, con la silueta del Museo Nemo de la Ciencia tan parecida a un gran buque varado.

 


Y si alguien se pregunta por qué he elegido la “foto de grupo” que presidía la exposición sobre Schulz, que compare la postura de Marcin al teclado con la del bueno de Schroeder… y se olvide del pelo, claro.
Pasadlo muy bien, pero no seais buenos. No vale la pena.

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