Remedio infalible contra la tortícolis

El Diccionario de la Lengua Española contiene definiciones impresionantes y admirables, también algunas de mero compromiso y, desgraciadamente, definiciones balbucientes, torpes, malas de solemnidad. La de  tortícolis se lleva la palma

“Espasmo doloroso, de origen inflamatorio o nervioso, de los músculos del cuello, que obliga a tener este torcido con la cabeza inmóvil”.

No llegué muy lejos en Traumatología, pero cambiar espasmo por contractura o por contracción dolorosa estaría muy bien y arreglar el tema de la inmovilidad ayudaría a darle cierto vuelo al diagnóstico. Igual sugiero la enmienda pero, de momento, prefiero hacer como Matías Martín, el personaje de La Colmena que inventaba palabras para “enriquecer el lenguaje patrio”. Propongo la palabra tontícolis
“Dícese del mal que afecta a quienes, como papanatas, viven y actúan pendientes del Norte y el Este, sin reparar en el Sur y el Oeste”.
Estos pobres idiotas, los tontículos, viven pendientes de tendencias, subvenciones y decisiones llegadas, según los siglos, de Paris, Londres y ahora Bruselas y Berlin. Y convenientemente envueltas en euros, claro. Puedo admitir la dejación de responsabilidades, pero ni la dejación de uno mismo ni dejar pasar el placer que emana a raudales desde el Sur y el Oeste.

Lisboa

No, no es Nueva York. Es el Ponte 25 de abril, sobre el Tajo.

Hoy me ciño al Oeste, a un momento de nuestro oeste: un anochecer del septiembre de 2005 en el Jardim da Torre de Belem, en Lisboa. Como por arte de magia, se convocaron allí figuras que quiero mucho. Por encima de todos, Jacques Morelenbaum, ese músico todoterreno que sonríe tras el mástil de su cello a un lado de Gilberto Gil (¡ Oh, el maravilloso Concerto de Cordas e Maquinas de Ritmo de hace cuatro años en Rio !) o, como ahora, junto Marisa dos Reis Nunes, esa grandísima mozambiqueña recriada en la Alfama y que adoptó el nombre de Mariza. Y además, Luis Guerreiro y su forma tan vehemente y afectada de pulsar la bellísima guitarra portuguesa, a quien conozco y admiro desde su colaboración con Pablo Alborán.
De ese concierto no he seleccionado un fado (¿ o sí ?) sino una balada romántica, tan rica en expresión, en metáforas y en melodías como si lo fuera. No me resisto a transcribir aquí el poema de  Alexandre O’Neill. Por cierto, beijar es la palabra portuguesa para besar, claro.

Há palavras que nos beijam
Como se tivessem boca.
Palavras de amor, de esperança,
De imenso amor, de esperança louca.

Palavras nuas que beijas
Quando a noite perde o rosto;
Palavras que se recusam
Aos muros do teu desgosto.

De repente coloridas
Entre palavras sem cor,
Esperadas inesperadas
Como a poesia ou o amor.

(O nome de quem se ama
Letra a letra revelado
No mármore distraído
No papel abandonado)

Palavras que nos transportam
Aonde a noite é mais forte,
Ao silêncio dos amantes
Abraçados contra a morte.

Si a esos méritos se añaden la caricia del portugués y la belleza mulata de Mariza ¿ Qué queréis ? No habrá llovizna que os fastidie el fin de semana y menos en Toronto, donde la sensación es ¡ OMG, de 23 grados !


Sed inteligentes: contra la tontícolis, seguid mirando al Oeste y  ya sabéis, contra la muerte, abrazaos.

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