Vuelo Chicago-Toronto IB4106, quizá.

Jean-Marc Vallée escribió y dirigió “Café de Flore” en 2011. En pocas palabras y siguiendo una de las sinopsis de la trama, es “una historia de amor entre personas separadas por el tiempo y el espacio, pero conectadas de forma profunda y misteriosa” ambientada mitad en el Paris de principios de los 60 y en el actual Montreal.
No recuerdo cómo di con esa película, pero sí que dejó en mí huellas que aún perduran. Descubrí en ella o descubrí gracias a ella aspectos estéticos, humanos y musicales que me han proporcionado muy buenos ratos y también buen material de reflexión. Me ciño aquí a la música.

cafe de fiore

Evelyne Bronchu y Kevin Parent en un fotograma de la película.

Su banda sonora es extraordinaria y se ajusta a la doble historia oscilando entre dos extremos. Por un lado, los temas inasibles, casi etéreos de Pink Floyd, de Stars of the Lid y de Sigur Ros; también los temas suavizados por vocalistas femeninas (Sophie Hunger especialmente, con su maravilloso francés). Por otra parte,  las composiciones de Matthew Herbert cuyo alter ego esta vez es Doctor Rockit. Su tema Café de Flore, que toma el nombre de la famosa cafetería parisina y que a su vez lo presta a la película, tiene un toque de trance, con su ritmo en obstinato, tan actual que hace olvidar que la composición original es del año 2000.
Esa música y el hecho de que  uno de los protagonistas principales de la película (Antoin Godin, interpretado por Kavin Parent) haga  de DJ internacional, es uno de los elementos que me ha permitido introducirme (poco ¡ eh !) en el mundillo de las disco sessions, los “samplers”, las mezclas y remezclas, los DJs y otras hierbas (nunca mejor dicho).
Si lo entiendo bien, se trata de crear o recrear en vivo una experiencia musical a partir de materiales sonoros previamente grabados; con o sin interpretaciones simultáneas.
OK, me habéis convencido. Sobre todo después de oír y ver cómo Anthony John Culverwell, también conocido como DJ Switch y como Tony ‘3 Times’ (nada que ver con el sexo, espero) interpreta con la National Young Orchestra de Inglaterra el Concerto for Turntables and Orchestra de Gabriel Prokofiev, nieto del gran Serguei.
Ni se me pasa por la cabeza sugeriros una pieza sinfónica (aunque sea la que he mencionado, incluida en los Proms de 2011 del Royal Albert Hall). En lugar de eso, me ciño a la figura del DJ, a la trama “atmosférica, fantástica, trágica y esperanzadora” de la película canadiense y os propongo este fin de semana una producción de Felix Jaehn para la Energy Fashion Week con la vocalista Jasmine Thompson.
La chica es buena para los ojos y buenísima para el oído, lo reconozco. Pero parece tan apocada, tan pava… El tema que he seleccionado tiene que ver con la epidemia de ejercicio físico que atravesamos: es el mismo que sirve de fondo para ciertos ejercicios con los abdominales (antes conocidos como barriga) pero si se compara con el tema original, a esta Jasmine, mezcla de británico y china, la mandas a cualquier parte menos a una pasarela de moda. De todas formas… da igual. Disfrutad de los agudos de Jasmine y del uso (y abuso) del sonido marimba de Felix, un DJ de Hamburgo, la ciudad de Brahms…
La versión que los dos presentan de Ain’t nobody loves me better (No hay nadie que me quiera mejor) se pierde por lo melifluo y es muy inferior a la original de esa maravillosa cantante negra llamada Chaka Khan (por lo más sagrado ¡ qué mujer !) pero tiene mejor imagen, lo reconozco.

 


Mi modesta recomendación sigue limitándose a lo musical pero recordad que la historia que me ha traído hasta aquí (líandoos por el camino) es una historia de amor eufórico, obsesivo, trágico e intemporal. Y, como todas las historias de amor, también es una historia de deslealtad, de traición y contramor, más que desamor. No os la perdáis. Tan sólo las imágenes oníricas de los Down en el aeropuerto (fusiladas directamente del video de Sigur Ros sobre los ángeles sonámbulos) ya valen muchas reflexiones. Y más.
De momento, lo que de verdad espero y deseo con fuerza es que el vuelo Chicago-Toronto transcurra sin novedad. Así que, más que feliz fin de semana o feliz domingo, lo que hoy deseo es (ella me entiende) feliz aterrizaje.

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