Hembra poeta pelirroja doblemente desnuda

Me consta que la música es omnipresente. Estos tiempos casi diría lo mismo de la poesía. La canción, esa composición en verso que se canta o se compone a propósito para que se pueda poner en música, no es la única excusa; pero sí que ha sido un magnífico pretexto para que, casi sin sentirlo, estemos rodeados de poesía o al menos de su hermana pobre y bajita: la rima.
Y todos disfrutemos de los versos.
Como componente del movimiento Hip Hop, el rap sólo se diferencia de la poesía oral en que su ritmo se ajusta a un compás, naturalmente musical. Anteayer, la palabra del día en el Diccionario de la Real Academia era reguetón, así definida:

“Música de origen caribeño e influencia afroamericana, que se caracteriza por un estilo recitativo y un ritmo sincopado producido electrónicamente”

Bonito ¿ eh ?. Otra casualidad más y tan afortunada como la del hipocampo. Pero a lo que vamos: no conozco emisora musical o gimnasio que estos días no arroje reguetón en cualquier dirección y, claro está, en la de nuestras orejas. Estaréis de acuerdo en que su estilo recitativo es muy similar al del rap.
Las frases hechas ( “de fuera vendrá…”) y los refranes meteorológicos (“en abril las aguas…”) suelen redondearse con rima. Y más acá de los cien cañones por banda de los ejemplos escolares, hay poesía o al menos rima por todas partes, desde las apariciones televisivas de El Langui hasta los anuncios que se intercalan entre programas (¿ o es al revés?).
Nos divierte que en mitad de una conversación alguien inadvertidamente suelte un ripio, esa palabra idiota que sólo se emplea para completar un verso o acaba una rima. Según épocas, no hay quien acabe una frase con la palabra “cinco” u “ocho”…
Estos días me he topado con dos poetas. La segunda es Vanesa Martín, una cantante, al parecer de éxito, que estos días ha presentado un poemario titulado Mujer Océano. He leído algunas partes y también el texto con el que se promociona:

«A un palmo de ti es fácil morderte. Guarda la lengua, que voy directa,
no sea que, al sentirla húmeda, la invite donde guardo ciertos ecos y duermen huracanes, allí donde más de uno murió a oscuras, perdiéndose en el intento de encontrar fuego,que cuando quemas es porque hay alma, y cuando hay alma, duelo.»

Como no soy crítico, no puedo dar una recomendación, sólo una impresión apenas razonada: Las partes que he leído y esto otro que he copiado arriba se dirían extraídos de algún cuaderno oculto por una adolescente. Esto dicho, me encanta que la presentación del libro, organizada por su  editorial, Planeta, fuera multitudinaria y que a la autora la arroparan algunas actrices y un actor que leyeron fragmentos. Y me encanta porque pienso en las y los adolescentes y jóvenes que se sentirán atraídos por esta poesía popular, sin símiles ni metáforas, que nunca se acercará ni de lejos al mito, pero que ofrece la descripción de sentimientos y sensaciones poniéndolos en palabras que luego esos lectores también emplearán, mientras combinan el botellón con sus recién estrenadas hormonas.

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Una instantánea del video en que Miriam Reyes recita el poema que transcribo

Pero dejemos a esta segunda poeta y vayamos con la primera. Alucinad con estos versos, compuestos entre 2004 y 2012 y que son los primeros que aparecen en el poemario Haz lo que te digo (Bartleby, 2015):

Te tengo todo marcado
como un yacimiento arqueológico.
No es extraer los restos de ti lo que persigo
-ruinas de una ciudad tallada en la arenisca-
lo que quiero es penetrarte
taladrar la piedra de tu cuerpo
y este sexo cóncavo de mujer
se vuelve inútil para mi deseo.

Cavo en tu ombligo
para entrar por el flujo de tu sangre.
Vacío mi espíritu como aire en tu boca
y te observo respirarme.
Ya sé que no necesito de piel para tocarte
no es eso
lo que yo quiero es hacerme
una cueva en tu cuerpo.

Flexiono tus rodillas bajo mis axilas
como los brazos de un taladro.
Las aceras que rompo
son las de tu calle.

Con mis pestañas barro
el polvo que levanto de tu frente
y no me detengo hasta que soy tú
y tu sexo es el mío hasta que soy yo
quien está dentro.

No sé gran cosa de Miriam Reyes. Que nació en Galicia y se crió en otra parte, como la gran Blanca Andreu. Que, a diferencia de la gran Blanca Andreu, tiene la voz y la mirada cristalinas y un leve acento mendicante en castellano. Me gusta su piel, un firmamento lechoso tachonado de pecas anaranjadas. Me gustan sus hombros y sus muslos de mujer de cuarenta y algo. Y su forma de recitar y de ofrecer en video su voz transformada:

Yo no hago crítica , para eso ya hay mujeres que desbordan inteligencia, pero me felicito a mí mismo porque haber reconocido a Miriam Reyes no sólo como poeta y videoartista, sino también como hembra. Y me explico.
He incluido en el título de este apunte la expresión “doblemente desnuda” para referirme, primero, el desvalimiento que supongo en quien pretende entender y entenderse con las palabra como único instrumento. Eso es ser muy valiente o muy obcecada o muy sincera. O muy segura del vocabulario o muy segura de quién es y qué siente. Y por eso quiero y admiro a Miriam Reyes.
También porque su poesía (al menos la que he leído) es más que amatoria, es carnal. Algunas mujeres se desprenden de su condición de hembra para titularse madres, señoras, abogadas y ahogan las pasiones propias y ajenas en el mar de sus ambiciones. Después son iguales a todas las madres y todas las señoras y todas las abogadas. Y han dejado de ser mujeres. Mientras tanto, Miriam compone con toda claridad:

“No deberías temer cuando estrangulo tu sexo, no pienso darte hijos, ni anillos ni promesas”.

Hermosa ¿ no ? esa falsa renuncia.  No hay coartada feminista, al menos explícita, en esos versos; no hay sentimentalismo, aunque sí sentimiento, bien epidérmico casi siempre; la palabra “hembra” resulta últimamente sospechosa, mucho más en boca de un macho, pero las palabras e imágenes de Miriam Reyes, os lo aseguro, están muy por encima de la actual epidemia de corrección.
Sigue el carrusel de casualidades: el 4 de noviembre de 2015, precisamente el 4 de noviembre de 2015, Javier Solé incluyó en sus “Fragments de vida” una antología de Miriam. Javier ha ilustrado los poemas de Miriam con reproducciones realistas. Yo hubiera empleado retratos de Modigliani, especialmente el de Lalotte (1916). Pero si queréis ponerle imágenes a los poemas de Miriam, recurrid a su propia videografía. Además del video que os enlazo, he identificado otros de los que ha realizado. Me gusta mucho el que titula Penetrarte, que es de 2015. Además, en su canal de Vimeo ofrece Mamá y yo…(de 2012 o 2013) el intrigante poema Asco (2004) y un video delicioso a través de un acuario a contraluz titulado “Hay una distancia”, donde he podido ver a Miriam de cuerpo casi entero. Hay otras producciones que recogen su participación en el encuentro Centrifugados (Plasencia, 2015-) o su estancia en La Cala (Chodes, tan cerca de La Almunia…).
El poemario más reciente de Miriam me ha costado un recorrido por algunas librerías. Doy por bien empleado el frío de esta tarde. Hace unos días me refería a los amores de hora y media. Debo ser muy antojadizo porque este amor mío de ahora es uno de esos de 69 páginas. Miriam, y no Myriam ni mucho menos Miryam, amigo.  El nombre que en hebreo quiere decir María.

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