¿ Por qué lo llaman lado oscuro si ya nadie apaga la luz ?

La saga de Star Wars está causando estragos variados. Uno de ellos es entontecernos como sólo Disney fue capaz de hacerlo edulcorando cuentos populares europeos. Otro perjuicio proviene de hacer pasar por nuevo lo que ha existido desde que Ulises se embarcó para Troya, hará unos 2800 años: la idea del lado oscuro.
Vicios privados virtudes públicas, una acera y la otra, Dr Jekyll y Mr Hyde, reinona de noche chicarrón de día, fuera del armario o dentro de él… ¡ Uysss que me saca un ojo la percha ! Lo más divertido no es que haya un lado oscuro habitado por personajes con insuficiencia respiratoria crónica y voz cavernosa. No. Lo mejor de que existan dos lados es que se puede traspasar de uno a otro. Y ese paso recibe el nombre magnífico de transgresión, la acción de quebrantar, de violar preceptos, leyes, estatutos, convenciones sociales.

Venga, ahora una de romanos

Los Carnavales (Carnavalia) eran latinos, romanos, como los Bacanales (Bacchanalia para las romanas). Hablamos de un ritual de inversión en que los papeles sociales se trastocan y las normas hacia lo que es deseable se suspenden.
He tenido que recurrir a Robin Lane Fox y su espléndida libro “The Classical World: An Epic History from Homer to Hadrian” para encontrar un poco de verdad sobre el remita. Traduzco con descuido (me he dejado la versión española en mi biblioteca):
Los Romanos consideraban a los griegos esencialmente frívolos, gente que hablaba demasiado, pero con pocas luces. Eran arteros, muy poco de fiar en asuntos de dinero, sobre todo de dinero público. Además, los hombres griegos libres tenían relaciones sexuales ¡ entre ellos ! mientras se suponía que los romanos que deseaban relaciones con su mismo sexo recurrían sólo a los esclavos. Los griegos entrenaban y competían en pelota y llevaban túnicas… muy sueltas. Los romanos, en cambio, se ajustaban correctamente sus togas. Los simposia, las fiestuquis-pa-ponerse-hasta-arrrriffa de los griegos también eran otra cosa. Mientras los romanos se juntaban para comer con mujeres y todo, los griegos se juntaban básicamente para mamarse (cualquiera que haya probado el vino rezsina se hace una idea) bebiendo a tope después de cenar un poco. Y nada de mujeres, esclavas y ¡ a tope Zorba, que se hace tarde !
Anacronismos y expresiones populares aparte, esta es la verdad. O lo era hasta que las cosas cambiaron. En tiempos de Cesar (pongamos el año 70 de la era presente) hasta se organizaban espectáculos de strip-tease en escenarios callejeros. No es un tema de decadencia ni de laxitud moral: es que, entre el festival de Flora en abril y las Saturnales en diciembre, los romanos habían descubierto lo chulo que es pasarse de vez en cuando de un lado al otro.

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Y una de jorobados, va.

Hasta que la prohibieron, lo más transgresor del mundo era la Fiesta de los locos. Quien haya leído a Victor Hugo recordará que la novela “Nuestra Señora de Paris” se abre precisamente en mitad de esa fiesta, cuando el campanero Quasimodo es coronado rey ¡ qué forma de pasar de una cosa a otra ! Y eso no es todo porque, en realidad, la fiesta la organizaban los curas, que interpretaban obras de teatro en sus propias iglesias.
Lo de ahora no es nada. Se admite, se aplaude, se consiente la transformación, la mariconería, el disfraz. No se trata de mostrarse anónimo para que nadie pueda identificarte como transgresor de una o muchas normas. No. Te pones la máscara para que todos admiren tu gusto al elegirla. El carnaval se ha domesticado y ha adoptado la forma de un atractivo turístico. En el mejor de los casos, es una de tantas ocasiones que permiten a las y los adolescentes iniciarse en ciertos consumos que, sí, resultan pequeñas transgresiones.

Y ahora, a lo que vamos

A la hora de ilustrar mis mejores deseos para vuestro carnaval, he vuelto a recurrir a Bob Fosse (os lo advertí cuando despreciaba el zumba). La escena que os ofrezco muestra exactamente lo que vengo comentando: el paso al lado oscuro.
Ya veis. Todo va bien y los bailarines y los músicos y los inversores están muy satisfechos hasta que el director dice aquello de “Muchas gracias, pero… esto no ha terminado exactamente aún”  y la escena se oscurece (literalmente) y lo que era un “Despegue con nosotros” cobra otro sentido, los cuerpos de la tripulación se vuelven clásicos y la compañía es “Air…rótica”.
He pensado que el verdadero significado del carnaval está ahí y en el comentario de uno de los inversores (pañuelo en ristre, frente sudada) “Me parece que acabamos de perder la audiencia familiar”.

Perooooooo
Para los que no se atrevan a pasar al otro lado, tengo una alternativa, una cara B del disco. Este año ni las chirigotas ni los coros de Cádiz me están interesando. El verdadero espectáculo está en la Carrera de San Jerónimo, según parece, y no es preciso hacer más sangre a ritmo de ripio con acento gaditano. Así que… os pongo un buen número, casi de Carnaval, con acento porteño. Como con los payasos del circo, el número resulta pueril, pero tiene su gracia que sea humor negro. O sea, oscuro.

 

Para acabar

La bailarina del pelo enloquecido, el body rojo sangre y el sombrerito azul grisáceo se llama Deborah Geffner, y sigue muy atractiva a sus casi 64. Es una lástima que ahora mismo sólo me resulten soportables las mujeres de otro tipo.
Felices Carnavales. Os quiero a casi todos.

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