Una nueva reseña sobre Gephi

Suelo dedicar la cara B de mi experiencia laboral al análisis de redes (no necesariamente sociales) que he utilizado ampliamente en mis estudios sobre comunicación científica. Considero un deber dominar y emplear las  herramientas adecuadas pero, además, creo que es de justicia aconsejar su uso a otros.

Acaba de publicarse la crítica que he dedicado a uno de los manuales sobre Gephi y éste de aquí es un canal tan bueno como otro cualquiera para conseguir que se divulgue (Gephi, no mi trabajo). Para críticas de otras obras sobre Gephi, se puede ver también ésta

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Una imagen de la red de citas de trabajos de investigación sobre el pulpo común trazada con Gephi (he utilizado el algoritmo de representación Yfan Hu y algo de expansión)

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Raro, paticorto, esplendoroso.

¿ Por qué todos la han tomado con Febrero ?. ¿ Por qué no tiene el nombre de un César, como Julio o Agosto ? ¿ Por qué no le dieron un nombre divino, como a Junio o a Marzo ?. ¿ Por qué cojea y cada cuatro años le añaden esa ridícula muleta de día 29 ?. Es cierto, tiene su día infausto, su 23-F. Pero también tiene San Valentín y, por poner dos ejemplos, septiembre tiene sus 11 (el del Palacio de la Moneda y el de las torres gemelas) y Julio tiene su 18.
¿ Por qué, a pesar de todos los pesares, considero a Febrero un mes esplendoroso ?
Bueno, podría responder que es el mes del año nuevo chino. Podría añadir que es el mes en que comienzan a mezclarse los aromas del azahar y de la pólvora. También puedo anotar que, siendo que su nombre deriva del latín februum (purificación) los hijos de la Gran Bretaña, muy cachondos ellos, lo declararon el mes de la historia del movimiento de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales (LGBT). Los estadounidenses, en cambio, celebran en febrero la “semana del ingeniero” haciéndola coincidir con el nacimiento de Washington. Pura sosería.
Tengo poderosas razones para celebrar cada año, si no todo el mes de Febrero, al menos los últimos días. El 27 de Febrero se conocieron Martín Santomé y Laura Avellaneda y todos quienes hayan llorado leyendo “La Tregua” (Mario Benedetti, 1960) deberían de celebrar el día con una emoción que sólo la ficción es capaz de proporcionarnos. En 1990, Febrero sólo tuvo 28 días y el penúltimo fue un martes tibio y apacible que siguió a una semana de clima odioso. El 26, todos los 26 de Febrero,  también han sido especiales. Tanto que el propio Benedetti se atrevió a interpelar a su titular: “No seas tímida”, le dijo con el mejor acento montevideano.

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No es Hong Kong u otra parte de China, pero tanto Buda da el pego ¿ verdad ?

Y este año, además, Febrero, el menor de los meses, casi acaba en fin de semana. ¡ Qué gran detalle para un mes tan raro, que tiene que mendigar horas durante cuatro años para poder añadirse un día entero !.
Dejemos que los azahares de Febrero vuelvan a adelantar a las flores del cerezo de Marzo (en el Jerte este año se esperan para el 20, de la Sakura de Japón me desentiendo).
Mi recomendación musical para este fin de semana tiene tres grandes ingredientes : Michel Legrand, que compuso el tema para una película de 1969, Sting, que lo versiona con su voz tan rota, y el trompetista Chris Botti, a quien recién acabo de conocer.
Aunque no lo parezca, es una canción de cumpleaños. Fijaros en esta estrofa:

And when you stand / Y cuando estás
Before the candles on a cake /Ante las velas de la tarta
Oh, let me be the one to hear /Deja que sea el único que oiga
The silent wish you make / El deseo que formulas en silencio

Mucho mejor que la de los Payasos de la Tele o el tradicional Happy Birthday ¿ Verdad ? Aunque como su atmósfera romanticona nada tiene que ver con los temas que, me apuesto lo que queráis, alguien estará bailando en las pistas de The Fabric. Sí, justo, esa que nació a las cinco  menos cuarto de la tarde de un 27 de Febrero, el mes que desde entonces es esplendoroso.

¡ Feliz fin de semana, haced los honores al bueno de Febrero que se acaba y no permitáis que los disc-jockeys de Londres os llenen de agujetas !.
Y, para el caso ! ojo ¡ tampoco se lo consintáis a ningún virtuoso de los bailes de salón.

He sabido hace un rato que hoy también es el cumpleaños de Rafa G, a quien estoy empezando a apreciar. No lo ha aceptado con deportividad, según parece, pero dadle tiempo…

Donna non vidi mai simile a questa !

La ópera me produce un rechazo íntimo. Quizá sólo sea por la forma en que las mentes provincianas se ufanan asistiendo a representaciones que tienen por marca de clase social, quizá por la forma ridícula en que se alzan las cejas y se ponen los ojos en blanco. No te digo de los pechos (y las pechugas) henchidos según sus propietarios descienden algunas escalinatas…¡ Bah, qué más da !. Podría pasar de la ópera, pero no puedo vivir sin Puccini (y a veces hasta me monto tríos también con Tchaikosky).
Hace un par de semanas que escucho a Puccini. Por mis oídos han pasado Gianni Schichi, La Boheme, algo de Butterfly, Turandot de cabo a rabo y, estos últimos días, la que menos me atrae: Manon Lescaut. He tomado el título de una se sus arias para titular esta entrada que, a pesar de lo anterior, nada tiene que ver con la ópera. Mi recomendación, mi deseo de satisfacción para el fin de semana la traigo directa desde Nueva York.

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Suzanne hace unos dos años, en su actuación para la NPR

Sí, ya sé, insisto demasiado últimamente en esa ciudad, que es menos ciudad que cultura y modo de vida, pero ojear el New York Times y leer The New Yorker es lo que tiene: te atrapa lo que pasa y cómo lo cuentan, por muy poca cosa que sea. Alguien diría que es como nostalgia de lo no vivido y sí, tendría razón, así es. Pero bueno, este viernes también tiene su voltereta, su pizca de sorpresa. Y me explico enseguida.
Me gusta la NPR, ese batiburrillo de casi 900 emisoras no comerciales y con vocación cultural y educativa cuya central, creado en Washington hace ahora (26 de febrero de 1970) casi, casi medio siglo. Y más me gustan sus Tiny Desk Concerts donde vocalistas, instrumentistas y grupos diversos adelantan nuevos temas o recuerdan los antiguos. He visto desfilar por allí desde Adele a  Diego el Cigala y T-Pain. ¡ Casi nada !
Hace un par de años grabaron a Suzanne Vega y… bueno. Casi todo el mundo ha escuchado dos  de sus canciones más populares, que publicó hace casi 30 años. Luka está inspirada por el retraimiento de un niño de su vecindario y se refiere al maltrato infantil. La canción es una maravilla y la propia Suzanne nunca ha creído que el niño real fuera maltratado.
El otro tema es muy curioso. Se titula Tom’s Diner, data de 1981, y narra el momento de su desayuno en el careto de la esquina.

 

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Suzanne en la portada de la edición de Tom’s Diner de los años 80.

La historia, como todas las suyas, tiene algo especial. Pero eso no es todo: la grabación también resultó muy muy especial. Me resulta inexplicable que un tema sin ningún tipo de acompañamiento instrumental se haya popularizado a partir de la remezcla que unos productores británicos hicieron en 1990 y haya alcanzado alrededor de 90 versiones. Además, resulta curioso que Karlheinz Brandenburg, el inventor del formato MP3, utilizara este mismo tema como prueba para generar su famosísimo algoritmo de compresión. La canción está inspirada por el comentario de un amigo fotógrafo, cansado de ver la vida a través del objetivo, de ser el testigo de muchas cosas sin estar realmente implicado en ellas. ¿ Otra víctima de la nostalgia de lo no vivido ? A mí, además, me recuerda el arranque de “Los Enamoramientos”, en que también una mujer observa a una pareja en un café…
Ya he adelantado que esta semana también había pirueta. De las múltiples versiones de Tom’s Diner enlazo una de Giorgio Moroder con Britney Spears tarareando (mejor duh-duhando) y cantando. El video está chulo y las animaciones con la letra son muy bonitas. Por desgracia, no contiene toda la letra de la canción, toda la historia. Por eso no estará de más que os deis una vuelta por el mini concierto de Suzanne para la NPR. Por eso y porque me parece una mujer admirable.


Suzanne anda en la cincuentena profunda, como otros. Y me parece a mí que a lo largo del tiempo ha hecho honor al título de su libro (The Passionate Eye, publicado en 1999). Como estudió Danza contemporánea y se licenció en Literatura, así que no es difícil adivinar que es más una autora de historias que de canciones. Dos matrimonios y una hija adolescente (ahora tiene 22, creo) han dejado en su mirada cierta aura de sabiduría que me gusta muchísimo. Podes comprobarlo aquí.
Buen fin de semana y, como concesión a ciertos elevados instintos, aquí tenéis a Jonas Kauffman, un alemán que no lo parece, entonando el afamado título de esta entrada: nuca he visto una mujer como ésta…

No seáis buenos. No vale la pena ni sale a cuenta.

De nuevo las revisiones y trabajos de síntesis: la taxonomía de Harris Cooper

No he sido sistemático al tratar las revisiones sistemáticas. Es la tercera vez en poco tiempo que les dedico una entrada. Esta vez no reflejo la abundancia de revisiones sobre revisiones ni prevengo a los alumnos de doctorado de la conveniencia y aún necesidad de que realicen revisiones sistemáticas. Esta vez pido disculpas: más importante que realizar revisiones sistemáticas es ser sistemático al revisar.
Mi colega Pachu A. tras leer la entrada de la pasada semana, me ha hecho llegar el magnífico y amplio artículo que Justus Randolph dedica a las revisiones en el contexto de la realización de la tesis doctoral. Más oportuno, imposible.
El trabajo se inicia contestando a la pregunta ¿ Por qué se realiza una revisión de la literatura ?. La respuesta es ésta:

“Realizar una revisión de la literatura es la forma en que su autor obtiene conocimiento sobre un campo de estudio determinado, incluyendo su vocabulario, sus teorías, sus variables y fenómenos clave y sus métodos y desarrollo histórico. También informa al estudiante sobre los grupos e investigadores influyentes en esa línea de investigación”.

Randolph enumera muchas más razones que justifican la realización de las revisiones y concluye la sección con una frase de Perogrullo, pero definitiva:

“Es imposible establecer que la investigación que nos proponemos supone un avance sobre lo anterior sin determinar el estado de las investigaciones previas”.

La segunda sección del trabajo, que titula “Taxonomy of Literature Reviews”, se centra en comentar una clasificación de las revisiones que Harris Cooper viene desarrollando desde mediados de los años ochenta. De hecho, el facsímil de su comunicación al Annual Meeting of the American Educational Research Association es absolutamente pre-Google (1985).

Muchos años después, se puede encontrar su taxonomía en el capítulo introductorio al Manual de trabajos de síntesis (de 2009, ved las referencias).
Cooper distingue cinco facetas o aspectos que configuran cómo va a ser la revisión que se pretende.

El énfasis (focus): qué orientación tienen los trabajos que se revisan
El objetivo (goal): qué se propone el autor de la revisión
El enfoque (perspective): qué actitud adopta el autor de la revisión
La cobertura (coverage): qué alcance, número y tipo de trabajos se incluirán inicialmente
La organización: en qué formato y orden se exponen los trabajos revisados y
La audiencia: quiénes son los destinatarios de la revisión

Nadie es tan ingenuo como para pretender tener un diseño establecido desde le primer momento. Los intereses pueden variar y en la misma medida el formato de la revisión. Pero es necesario actuar con orden desde el primer momento. A continuación repaso las categorías y los criterios que cada faceta admite. Lo hago repitiendo las ideas y los comentarios de Randolph al esquema de Cooper.

El énfasis

Quien revisa un trabajo original puede hacer énfasis en sus resultados, o en sus métodos, o en las teorías de las que parte (o en las que defiende) o en sus posibilidades de aplicación. Pero la mayoría de las revisiones se centran en los resultados de los trabajos originales. De hecho, una revisión de la literatura se ha definido como “una síntesis y un análisis de la información centrada en los hallazgos (y no una simple acumulación de bibliografía) que compendia el contenido de la altura y extrae conclusiones de ella.
Desde el punto de vista de los fundamentos de una investigación, una revisión centrada en los resultados ayuda a identificar la falta de información sobre un resultado determinado, justificando así la necesidad del estudio que nos proponemos.
En una revisión metodológica, los métodos en el campo de investigación en cuestión se investigan para identificar variables, mediciones y métodos de análisis que se emplean en la investigación orientada a los resultados.
Y está claro que, por mucho que una tesis tenga un objetivo principal, la revisión que se sitúa en su punto de partida también ha de tratar los demás enfoques.

El objetivo

Lo que muchos revisores pretenden es integrar y generalizar hallazgos de estudios originales o bien resolver un debate en un área determinada o armonizar conceptos que proceden de campos diferentes. Sin embargo, el doctorando usa la revisión de la literatura para identificar una hueco en el conocimiento y acometer la resolución de ese defecto en su tesis.

El enfoque

En investigaciones cualitativas, los autores de revisiones con frecuencia deciden revelar sus prejuicios, sus sesgos previos y discutir de qué modo pueden haber afectado a la revisión. En la investigación cuantitativa los autores intentan ceñirse a los datos y adoptar una actitud neutral. La decisión depende de cada caso, pero es bueno que los doctorandos se esfuercen por alejarse de prejuicios ajenos y no alimenten los propios. A pesar de su aura de objetividad, la ciencia, esa otra hoguera de vanidades, también está hecha de filias y fobias.

La cobertura

Decidir sobre el alcance es una de las fases en la realización de revisiones sistemáticas pero, antes de abordarla, conviene medir las propias fuerzas y no pretender abarcar demasiado. Cooper propone cuatro variedades posibles. En una revisión exhaustiva, el revisor se propone localizar y considerar (leer, cuanto  menos) cada documento disponible sobre el tema en cuestión, esté publicado o no. Pero esto lleva mucho tiempo y es preferible que se definan unos límites para la selección de documentos primarios; amplios, sí, pero límites al fin. A esta segunda variedad Cooper la llama revisión exhaustiva con referencias seleccionadas. Una tercera posibilidad es considerar una muestra representativa y hacer generalizaciones a partir de ella. Esto ya os imagináis que resulta peligroso y no está exento de sesgos. La última variedad es la llamada “muestra intencional” que parte de una selección previa de los trabajos en un área. El criterio de selección aquí puede resultar controvertido pero declarar que se trata, por ejemplo, de los trabajos con gran impacto o de los publicados en las revistas centrales o de los trabajos que, a su vez, son de revisión, ayuda a despejar dudas.

La organización de la revisión

De los formatos posibles que se puede conferir al texto de una revisión, los más usuales son el histórico, el conceptual y el sistemático. En las revisiones de formato histórico, se disponen los trabajos originales en orden cronológico. La intención de este tipo de organización es enfatizar el desarrollo del conocimiento en un campo o sobre determinado problema. En la organización conceptual, se identifican una serie de conceptos y después de asocia a cada uno los trabajos originales, en una especie de paralelismo. De la organización sistemática de una revisión ya hemos tenido suficientes ejemplos en mi tratamiento anterior del tema.

La audiencia

Otra vez conviene no pecar de ambiciosos. La revisión que un doctorando realiza previa a su tesis tiene como primer y principal destinatario a su director de tesis. A continuación, sus compañeros y quizás algunos otros investigadores seniors. La idea es que critiquen la revisión y la mejoren, porque es la mejor guía de investigación que el doctorando tendrá en los siguientes años. Nada de lenguaje coloquial y tratamiento ligero: queda aún mucho camino hasta divulgar los resultados de una investigación que se está iniciando ahora, precisamente con una revisión de la literatura.

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Un maravilloso garito berlinés donde se pincha blues y se fuma libremente

Y mis fuentes:
Randolph, J. J. (2009). A guide to writing the dissertation literature review. Practical Assessment, Research & Evaluation, 14(13), 1-13.
Cooper, H., & Hedges, L. V. (2009). Research synthesis as a scientific process. En Cooper, H., Hedges, L. V., & Valentine, J. C. (Eds.)The handbook of research synthesis and meta-analysis.

Sin tiempo. Sin lugar ni forma

Para Eva, que declara lo mismo algo entristecida.

Hoy no es viernes sino el día antes de la víspera de San Valentín. Durante años he protestado contra esa celebración, el día de los enamorados, que me parecía tan falseada como el día del padre, ese otro gran invento que tantos beneficios reportó a Pepín Fernández y Galerías Preciados. No he cambiado de opinión, pero ahora tolero que las personas dispongan de excusas para expresar sus sentimientos, previo paso por la caja registradora. ¿ Qué importa ?. Los perfumistas tienen tanto derecho a hacer negocios como los fabricantes de bombones y, por otra parte, cubrir el expediente con un regalo a veces ayuda a engañarse a sí mismos.

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La primera cala de este Febrero que comienza a desperezarse

Por mi parte, he encontrado grandes alegrías haciendo catorces de febrero de días que ni eran de febrero ni caían en catorce. He rememorado algunas de las cosas de esos días. Las he limpiado de tristezas y me he unido a la celebración enumerando algunas. Aquí está mi brindis:

Por quien, en una tarde remota, mezcló las tristezas y los perros (sin chocolate)
Por las calas, que el ponente de Febrero despereza
Y por quien las disfrutó y me aconsejó la mejor novela que he leído
Porque Andrea Ferrante nunca haga olvidar a Melania Mazzucco, tan romana
Por los que saben que decir sí es dar permiso a que les rompan el corazón
Por quienes no se protegen tras frases entrecortadas, eufemismos y ocultaciones
Y prefieren amordazar su conmoción en un silencio que simula calma
Por todos esos quiero brindar y por los amores
Sin tiempo. Sin lugar ni forma.

Sólo por dar algo de cancha a la cursilería, aquí tenéis una de las piezas consideradas más románticas. La pieza, que procede de una colección, se situla “Clair de Lune” y la compuso en 1890 Claude Debussy, que no era un compositor romántico sino más bien un completo desalmado. Por suerte, la afectación del último gesto de Angela Hewitt ayuda a quitarle hierro al asunto. Siempre podéis cerras los ojos, desde luego.

 

Feliz fin de semana, incluyendo (puff) San Valentín.

Fernando y Olivia, los Goya mediante

Me gusta Fernando Colomo. Me gusta a sus 70 años de viejo enjuto parapetado tras unas gafas que le superan en muchas tallas. Me gusta porque es autor de películas que han marcado mi biografía. Y esa cualidad sólo la comparte con Almodóvar. Me  gusta porque me redime de algunas de mis perversiones: las películas coreanas y Jason Statham. Muchos comparten series de televisión. “Yo era de Viaje al fondo del mar” o “Yo era más de Misión imposible, o de V o de Los Invasores”. Yo, en cambio fui de Tigres de papel (1977) y de Bajarse al moro (1989). Entre la una y la otra me rompieron dos veces el corazón y, lo que es peor, descubrí que me lo volverían a romper más tarde o más temprano.
Ayer recobré muchas cosas. La única sala de programa doble que sobrevive, que es la sala de mi adolescencia y mi primera juventud; una forma especial de dialogo, mitad improvisación mitad desfachatez, que es marca de las primeras películas de Fernando y, por si eso fuera poco, me encontré el placer de caer en el hechizo de un amor de hora y media.

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¿ Pueril ? Desde luego. Pero también mágico, hipnótico. Las cualidades de algoque desaparece en cuanto alguien chasca los dedos o las luces de la sala se encienden…
No suelo apostar a ganador y, así, es normal que pierda, que Fernando Colomo no gane un Goya como actor novel ¡ a los setenta, con un par! Pero me habrá dejado “Isla bonita” y a Olivia Delcán,  23 años, tres hermanos, una familia desestructurada, un polvorín por casa de vacaciones, un inglés de Nueva York (gracias) y un considerable cacao mental. Adorable claro. Su representante ha presentado un videobook que os comparto. De verdad que mola.

Un último placer: mirar de reojo la sonrisa en la butaca de al lado y compartirla en la oscuridad.
Una última perversión: un carlino que acampa en mi regazo, con su coro de ronquidos, en cuanto bajo la guardia

¿ Por qué lo llaman lado oscuro si ya nadie apaga la luz ?

La saga de Star Wars está causando estragos variados. Uno de ellos es entontecernos como sólo Disney fue capaz de hacerlo edulcorando cuentos populares europeos. Otro perjuicio proviene de hacer pasar por nuevo lo que ha existido desde que Ulises se embarcó para Troya, hará unos 2800 años: la idea del lado oscuro.
Vicios privados virtudes públicas, una acera y la otra, Dr Jekyll y Mr Hyde, reinona de noche chicarrón de día, fuera del armario o dentro de él… ¡ Uysss que me saca un ojo la percha ! Lo más divertido no es que haya un lado oscuro habitado por personajes con insuficiencia respiratoria crónica y voz cavernosa. No. Lo mejor de que existan dos lados es que se puede traspasar de uno a otro. Y ese paso recibe el nombre magnífico de transgresión, la acción de quebrantar, de violar preceptos, leyes, estatutos, convenciones sociales.

Venga, ahora una de romanos

Los Carnavales (Carnavalia) eran latinos, romanos, como los Bacanales (Bacchanalia para las romanas). Hablamos de un ritual de inversión en que los papeles sociales se trastocan y las normas hacia lo que es deseable se suspenden.
He tenido que recurrir a Robin Lane Fox y su espléndida libro “The Classical World: An Epic History from Homer to Hadrian” para encontrar un poco de verdad sobre el remita. Traduzco con descuido (me he dejado la versión española en mi biblioteca):
Los Romanos consideraban a los griegos esencialmente frívolos, gente que hablaba demasiado, pero con pocas luces. Eran arteros, muy poco de fiar en asuntos de dinero, sobre todo de dinero público. Además, los hombres griegos libres tenían relaciones sexuales ¡ entre ellos ! mientras se suponía que los romanos que deseaban relaciones con su mismo sexo recurrían sólo a los esclavos. Los griegos entrenaban y competían en pelota y llevaban túnicas… muy sueltas. Los romanos, en cambio, se ajustaban correctamente sus togas. Los simposia, las fiestuquis-pa-ponerse-hasta-arrrriffa de los griegos también eran otra cosa. Mientras los romanos se juntaban para comer con mujeres y todo, los griegos se juntaban básicamente para mamarse (cualquiera que haya probado el vino rezsina se hace una idea) bebiendo a tope después de cenar un poco. Y nada de mujeres, esclavas y ¡ a tope Zorba, que se hace tarde !
Anacronismos y expresiones populares aparte, esta es la verdad. O lo era hasta que las cosas cambiaron. En tiempos de Cesar (pongamos el año 70 de la era presente) hasta se organizaban espectáculos de strip-tease en escenarios callejeros. No es un tema de decadencia ni de laxitud moral: es que, entre el festival de Flora en abril y las Saturnales en diciembre, los romanos habían descubierto lo chulo que es pasarse de vez en cuando de un lado al otro.

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Y una de jorobados, va.

Hasta que la prohibieron, lo más transgresor del mundo era la Fiesta de los locos. Quien haya leído a Victor Hugo recordará que la novela “Nuestra Señora de Paris” se abre precisamente en mitad de esa fiesta, cuando el campanero Quasimodo es coronado rey ¡ qué forma de pasar de una cosa a otra ! Y eso no es todo porque, en realidad, la fiesta la organizaban los curas, que interpretaban obras de teatro en sus propias iglesias.
Lo de ahora no es nada. Se admite, se aplaude, se consiente la transformación, la mariconería, el disfraz. No se trata de mostrarse anónimo para que nadie pueda identificarte como transgresor de una o muchas normas. No. Te pones la máscara para que todos admiren tu gusto al elegirla. El carnaval se ha domesticado y ha adoptado la forma de un atractivo turístico. En el mejor de los casos, es una de tantas ocasiones que permiten a las y los adolescentes iniciarse en ciertos consumos que, sí, resultan pequeñas transgresiones.

Y ahora, a lo que vamos

A la hora de ilustrar mis mejores deseos para vuestro carnaval, he vuelto a recurrir a Bob Fosse (os lo advertí cuando despreciaba el zumba). La escena que os ofrezco muestra exactamente lo que vengo comentando: el paso al lado oscuro.
Ya veis. Todo va bien y los bailarines y los músicos y los inversores están muy satisfechos hasta que el director dice aquello de “Muchas gracias, pero… esto no ha terminado exactamente aún”  y la escena se oscurece (literalmente) y lo que era un “Despegue con nosotros” cobra otro sentido, los cuerpos de la tripulación se vuelven clásicos y la compañía es “Air…rótica”.
He pensado que el verdadero significado del carnaval está ahí y en el comentario de uno de los inversores (pañuelo en ristre, frente sudada) “Me parece que acabamos de perder la audiencia familiar”.

Perooooooo
Para los que no se atrevan a pasar al otro lado, tengo una alternativa, una cara B del disco. Este año ni las chirigotas ni los coros de Cádiz me están interesando. El verdadero espectáculo está en la Carrera de San Jerónimo, según parece, y no es preciso hacer más sangre a ritmo de ripio con acento gaditano. Así que… os pongo un buen número, casi de Carnaval, con acento porteño. Como con los payasos del circo, el número resulta pueril, pero tiene su gracia que sea humor negro. O sea, oscuro.

 

Para acabar

La bailarina del pelo enloquecido, el body rojo sangre y el sombrerito azul grisáceo se llama Deborah Geffner, y sigue muy atractiva a sus casi 64. Es una lástima que ahora mismo sólo me resulten soportables las mujeres de otro tipo.
Felices Carnavales. Os quiero a casi todos.