Cómo me estoy quitando del sexismo

Al principio, uno es sexista por la falta de encuentros. Luego, por el exceso de desencuentros. Al final llega la sabiduría y ya no hay más aquello de “todas las niñas son tontas” o “todos los tíos sois iguales”. Lo que permite cambiar de opinión es experimentar la diferencia. Conocer a alguien es apostar porque ese alguien sea único, porque esté al margen del convencionalismo y la vulgaridad y la falta de originalidad que proliferan en todas partes. Las mayores decepciones, sentimentales, artísticas o intelectuales o de cualquier otro tipo, nos asaltan cuando comprobamos que quien creíamos diferente no lo es, que se ha integrado al rebaño, que ha perdido su identidad y se ha inclinado ante el pensamiento dominante. No hay culpa en ello: comportarse de forma alternativa tiene un coste, a veces inasumible, casi siempre agotador (quizá por eso siempre es un comportamiento valioso).

Es una suerte que haya gente tan diferente como Alondra de la Parra. No es diferente por ser mexicana (una espléndida mexicana de 37 años) ni por dedicarse a la música. Lo es porque su sensibilidad, su inteligencia y su trabajo la están aupando a un podio (nunca mejor dicho) que hasta hace poco era pedestal exclusivamente masculino: la dirección de una orquesta sinfónica.

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Alondra de la Parra en el concierto del 14 de Junio. No me resisto a señalar el hueco entre sus dientes, tan atractivo como el de Vanessa Paradis

 

Conozco el trabajo de Marin Alsop en la Sinfónica de Sao Paulo, de alguna italiana de rompe y rasga cuyo nombre se me escapa y de muchas directoras de coros. Pero el 13 y 14 de Junio del año pasado, Alondra dirigió durante dos veladas consecutivas a la Orchestre de Paris y sedujo al público de la sala Pleyel y, lo que parece increíble, a los integrantes de la orquesta con un programa que iba de Argentina (Piazzolla) a México (Revueltas, Moncayo y sobre todo Arturo Márquez). Si pudiera citar a Jelusín escribiría aquello de “con dos palabras”.
He tocado dos veces, con dos formaciones y dos directores diferentes el Danzón nº 2 de Arturo Márquez, una pieza de 1994. He alucinado delante de la partitura y también ante interpretaciones como la de Gustavo Dudamel y su orquesta hipertrofiada (en los Proms de 2007) pero lo de Alondra es diferente: conseguir la complicidad de los profesores de la orquesta de París, incluyendo el calvito que toca las claves y pierde el ritmo (¡!) en la reexposición, es algo extraordinario. La idea es que, en algún momento del fin de semana, lo disfrutéis:

Felicitadme porque he resistido la tentación de aburriros con detalles que explican por qué esa pieza es tan singular. Y me remito a lo anterior: cuando descubrimos que nuestra alma gemela no es tan gemela y luego comprobamos que ni siquiera tiene alma, todo lo que nos queda es la música que hace gente como Alondra de la Parra. ¿ No es una pena que la hayan contratado en Australia el año que viene ?. Grrrrr

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