Eureka ma non tanto

El número más reciente de la Revista Española de Documentación Científica está lleno de sorpresas. Y todas me parecen positivas.
Para empezar, y a pesar de su título, contiene trabajos que no se centran directamente en la ciencia. Por ejemplo, uno sobre la implantación del estándar DCI (Digital Cinema Initiatives) en la conservación de obras cinematográficas y su distribución a través de filmotecas. Hay otros dos trabajos sobre bibliotecas públicas (incluyendo la BNE) y la parte más dura (siento debilidad por los eufemismos) se reduce a cuatro trabajos sobre rankings y estadística bibliométrica.
En segundo lugar, y esto es lo que más importa para un blog orientado a la comunicación y a la escritura científicas, destaca el trabajo “¿Tienen razón los investigadores al quejarse de la información periodística sobre ciencias? Experiencias con alumnos de Periodismo y científicos”. He adelantado la publicación de ese mismo trabajo a dos compañeras que se dedican a la divulgación y animación científicas y, a falta de una lectura atenta, el enfoque les parece interesante. Yo sí he leído atentamente el artículo, lo he despezado y creo que merece el comentario que aquí le dedico.
María Dolores Meneses y Jorge Martín, sus autores, se plantearon un ejercicio sencillo: se proporcionó a 42 alumnos de periodismo (Departamento de Ciencias de la Comunicación y Trabajo Social, Universidad de La Laguna) temas científicos sobre los que se documentaron. Seguidamente eligieron investigadores expertos a quienes entrevistaron antes de redactar reportajes basados en el tema y las entrevistas. A continuación se enviaron los reportajes iniciales a los científicos y éstos los enmendaron. Cada corrección fue finalmente contabilizada y categorizada.
A este trabajo empírico antecede una disquisición teórica que, como casi todas las de su clase, me parece farragosa. Salvo, quizá, el siguiente párrafo:
“La divulgación constituye un discurso con identidad propia, distinto del periodístico en las fases sucesivas de su elaboración, desde la autoría, la redacción, los objetivos, el propósito social, el estilo hasta los destinatarios y los efectos en la recepción, aun coincidiendo el medio. Diferenciarlos no obsta para que al periodismo –al que se le atribuye la función de formar y un fundamento pedagógico consensuado- se le reconozca un propósito divulgador, pero supeditado a lo periodístico. Por su parte, los científicos comunican cada vez más a la sociedad sus investigaciones, de forma directa y sin mediación periodística, a través de los mass media, Internet, museos u otras instituciones culturales”.
No es que tenga mucho que ver con el asunto central del artículo, pero me parece bien traído y útil en discusiones sobre divulgación del mensaje científico.  Marcos teóricos y establecimiento de hipótesis (¡ OMG !) aparte, el trabajo discurre con fluidez a través de la metodología y los resultados hasta alcanzar conclusiones realmente relevantes y que en buena parte confirman mis intuiciones sobre el tema. Pero primero las conclusiones:

1. Usar la nomenclatura, métodos y teorías de las disciplinas de las que se informa, y hacerlo con corrección, es la dificultad mayor para los periodistas.
2. Los investigadores no aceptan de buen grado el estilo periodístico para difundir contenidos científicos, a pesar de que reconocen la necesidad y conveniencia de salir en prensa.
Su identificación con el lenguaje científico -formal, riguroso y preciso por definición- les lleva no sólo a introducir jerga científica, sino también a alterar aspectos formales de la redacción periodística y como resumen de estas y otras conclusiones:
3. Los científicos desconocen o no aceptan las estrategias narrativas del periodismo, que permiten transformar su lenguaje formal en otro que facilita entender la consistencia
de sus investigaciones, o crear la ilusión de que se entienden.

Mi opinión

Ni los periodistas comprenden el lenguaje científico ni los científicos el de los periodistas. Y no es un problema terminológico, porque los diccionarios especializados lo podrían resolver en ese caso. En un problema de estilo, es una diferencia cultural. Existe una tensión entre exactitud (y por tanto contención en los resultados y conclusiones) y entusiasmo (deprecio por los detalles y atención centrada en las posibles consecuencias inmediatas).
Esta tensión se percibe por ambos lados. Los editores científicos previenen a los autores acerca del “overreaching”, la interpretación inflada y excesivamente ambiciosa de sus hallazgos. Por su parte, más de un periodista debería haberse mordido la pluma en casos como, por poner un ejemplo reciente, la relación estadística entre el consumo de curados y procesados de carne y la incidencia de cancer de colon.
Dos visiones están enfrentadas y para la resolución de las tensiones, los autores apuntan diversas ideas:
Por una parte, “la responsabilidad política de devolver a la ciudadanía en forma de cultura científica la inversión pública en investigación justifica otra vía que gana presencia en España; la de incluir una asignatura de comunicación en los planes de estudios de grados y másteres universitarios de distintas áreas de conocimiento. El objetivo es introducir a los futuros
investigadores en el funcionamiento del sistema informativo que actúa en la sociedad e instruirlos en técnicas elementales para la difusión pública de sus ámbitos disciplinares”
Por otra parte “…se proponen unas pautas aplicables durante el proceso de redacción de
los contenidos periodísticos. Consisten en que el periodista protocolice que su texto cumple la pertinencia, la correspondencia, la autosuficiencia, la coherencia interna y, si realiza el seguimiento de un tema, el intertexto. Así minimiza los errores, y garantiza el acercamiento semántico entre el contenido científico original y el periodístico derivado”.
Finalmente “…si a este procedimiento periodístico se sumara la formación de los científicos en nociones básicas del periodismo, la negociación entre periodistas e investigadores se
vería beneficiada y, con ello, la difusión social de la ciencia y la tecnología mediante contenidos periodísticos de más calidad”.
En ello estamos y está mucha, mucha gente. Otros, por el contrario, aupados sobre cargos más o menos orgánicos y un historial profesional inflado, se empeñan en malas, malísimas imitaciones de Eduard Punset, cosa que sólo sus egos les agradecen.
Hacer de un eureka un albricias no parece tan buena idea.

2015-09-26 15.20.48
En la imagen, la gama de colores que Claudio Malacarne empleó en los cuadros de su última exposición, “Tempo di state” (Kunstkontor Galerie, Nürnberg, septiembre de 2015). Sólo para alegraros la vista.

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