…lo que se dice liarla, vamos (y con redoble)

Schubert es dios y los del Quatuor Ébène sus profetas. Esto dicho, demos una vuelta por las acepciones del verbo liar y luego se verá.
Lo que me impresiona de Pierre, Gabriel (mira tú por donde) Mathieu y Adrien, los componentes del Cuarteto de Ébano, es su tendencia a liarse la manta a la cabeza, liarse con quien pillan por medio, liarse a tocar como no he oído a otros y liarse con fines deshonestos con quien les da la gana.
Sí, lo sé, acabo de dedicar un párrafo de 59 palabras para declarar que estos franceses geniales
pertenecen a la mejor categoría de los locos: la de los gamberros desaforados. Pero lo justifico con ejemplos:
Los tíos se liaron la manta a la cabeza para montar un programa literalmente de cine en el Folies Bergère en noviembre de 2010; por enredarse, se han enredado con las bandas sonoras de Quentin Tarantino, con la bossa nova de Tom Jobim, con los tangos de Piazzolla, con Sting y hasta con el tema de Streets of Philadelphia de Bruce Springsteen; en teniendo el instrumento (lo que viene a ser un violín, una viola o un cello ¡ ojo !) entre manos, igual les da tocar con arco, pizzicato, con sordina,  sul ponto, o tamborilear la madera de la caja, que hacer como quien tortura a un lindo gatito (ainssss). El caso es liarse a sacar sonido. Finalmente, se han arrejuntado (lo que es liarse deshonestamente y con amancebamiento) con todas, desde Luz Casal a la soprano Natalie Dessay pasando por la mejor vocalista actual, mi muy amada Stacey Kent, tan amada que hasta le soporto las canciones tristes y el marido tan guapo.
Fin del rodeo y vamos a una fórmula propia del profesor Franz de Copenhague: el cuarteto, más la colaboración de Bernard Lavilliers, más uno de los temas más rítmicos de Sting más la voz de Stacey producen esto:

Hay que ver lo que cuatro locos y medio, que han cambiado el chaqué y la pajarita por la camiseta, pueden hacer cuando se lían con una antigua estudiante de ¡ literatura comparada !.

Y ahora el redoble

Hasta hace un rato estaba indignadísimo, más irritado que un bebé con incontinencia, absolutamente herido en mi sensibilidad de melómano de tres al cuarto. Lo que merece tanto aspaviento es lo siguiente.
En un concierto organizado por una tal Fundación Excelentia de una orquesta denominada en consonancia Excelencia Pops Symphony Orchestra se programó y ejecutó (miércoles 25 de noviembre, Palau de la Música de Valencia) la música de la serie de películas Star Wars. Para mi sorpresa y cabreo ni en el programa de mano, ni en los carteles anunciantes, ni en las entradas figuraba el nombre de John Williams, el compositor de esas y otras bandas sonoras de películas muy muy populares (Superman, Tiburón y Parque Jurásico son sólo algunas). Me parecía mentira ese olvido u ocultación, pero…
Luego ha venido el remedio a tanto sofoco: me he puesto a pensar y he descubierto que lo que hace grande a John Williams o a John Barry o a Bernard Herrman es precisamente que sus nombres ya no importen. Sí, parece un contrasentido y quizá lo sea, pero lo que queda es “la música de Darth Vader” o que todo el mundo reconozca el tema de 007 o los rechinares violines de Psicosis.
La parte de mi indignación que no tiene remedio es que el director no levantara ni una sola vez al final de las piezas a la timbalera de la orquesta. Nunca hasta ahora he visto a mujer tan menuda, tan joven, con tanta técnica y estilo echarse a las baquetas esas piezas donde lo que más importa a la audiencia es el ritmo. Vaya para ella mi homenaje con esta imagen cuya calidad, penosa, hace honor a la prohibición taxativa de hacer fotos en la sala.

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Sed muy felices o, por lo menos, intentadlo con ganas. Ah ! y cuidado que el fin de semana hay luna llena y los del tántrico desaconsejan  determinadas prácticas (sí, ésas).

Eureka ma non tanto

El número más reciente de la Revista Española de Documentación Científica está lleno de sorpresas. Y todas me parecen positivas.
Para empezar, y a pesar de su título, contiene trabajos que no se centran directamente en la ciencia. Por ejemplo, uno sobre la implantación del estándar DCI (Digital Cinema Initiatives) en la conservación de obras cinematográficas y su distribución a través de filmotecas. Hay otros dos trabajos sobre bibliotecas públicas (incluyendo la BNE) y la parte más dura (siento debilidad por los eufemismos) se reduce a cuatro trabajos sobre rankings y estadística bibliométrica.
En segundo lugar, y esto es lo que más importa para un blog orientado a la comunicación y a la escritura científicas, destaca el trabajo “¿Tienen razón los investigadores al quejarse de la información periodística sobre ciencias? Experiencias con alumnos de Periodismo y científicos”. He adelantado la publicación de ese mismo trabajo a dos compañeras que se dedican a la divulgación y animación científicas y, a falta de una lectura atenta, el enfoque les parece interesante. Yo sí he leído atentamente el artículo, lo he despezado y creo que merece el comentario que aquí le dedico.
María Dolores Meneses y Jorge Martín, sus autores, se plantearon un ejercicio sencillo: se proporcionó a 42 alumnos de periodismo (Departamento de Ciencias de la Comunicación y Trabajo Social, Universidad de La Laguna) temas científicos sobre los que se documentaron. Seguidamente eligieron investigadores expertos a quienes entrevistaron antes de redactar reportajes basados en el tema y las entrevistas. A continuación se enviaron los reportajes iniciales a los científicos y éstos los enmendaron. Cada corrección fue finalmente contabilizada y categorizada.
A este trabajo empírico antecede una disquisición teórica que, como casi todas las de su clase, me parece farragosa. Salvo, quizá, el siguiente párrafo:
“La divulgación constituye un discurso con identidad propia, distinto del periodístico en las fases sucesivas de su elaboración, desde la autoría, la redacción, los objetivos, el propósito social, el estilo hasta los destinatarios y los efectos en la recepción, aun coincidiendo el medio. Diferenciarlos no obsta para que al periodismo –al que se le atribuye la función de formar y un fundamento pedagógico consensuado- se le reconozca un propósito divulgador, pero supeditado a lo periodístico. Por su parte, los científicos comunican cada vez más a la sociedad sus investigaciones, de forma directa y sin mediación periodística, a través de los mass media, Internet, museos u otras instituciones culturales”.
No es que tenga mucho que ver con el asunto central del artículo, pero me parece bien traído y útil en discusiones sobre divulgación del mensaje científico.  Marcos teóricos y establecimiento de hipótesis (¡ OMG !) aparte, el trabajo discurre con fluidez a través de la metodología y los resultados hasta alcanzar conclusiones realmente relevantes y que en buena parte confirman mis intuiciones sobre el tema. Pero primero las conclusiones:

1. Usar la nomenclatura, métodos y teorías de las disciplinas de las que se informa, y hacerlo con corrección, es la dificultad mayor para los periodistas.
2. Los investigadores no aceptan de buen grado el estilo periodístico para difundir contenidos científicos, a pesar de que reconocen la necesidad y conveniencia de salir en prensa.
Su identificación con el lenguaje científico -formal, riguroso y preciso por definición- les lleva no sólo a introducir jerga científica, sino también a alterar aspectos formales de la redacción periodística y como resumen de estas y otras conclusiones:
3. Los científicos desconocen o no aceptan las estrategias narrativas del periodismo, que permiten transformar su lenguaje formal en otro que facilita entender la consistencia
de sus investigaciones, o crear la ilusión de que se entienden.

Mi opinión

Ni los periodistas comprenden el lenguaje científico ni los científicos el de los periodistas. Y no es un problema terminológico, porque los diccionarios especializados lo podrían resolver en ese caso. En un problema de estilo, es una diferencia cultural. Existe una tensión entre exactitud (y por tanto contención en los resultados y conclusiones) y entusiasmo (deprecio por los detalles y atención centrada en las posibles consecuencias inmediatas).
Esta tensión se percibe por ambos lados. Los editores científicos previenen a los autores acerca del “overreaching”, la interpretación inflada y excesivamente ambiciosa de sus hallazgos. Por su parte, más de un periodista debería haberse mordido la pluma en casos como, por poner un ejemplo reciente, la relación estadística entre el consumo de curados y procesados de carne y la incidencia de cancer de colon.
Dos visiones están enfrentadas y para la resolución de las tensiones, los autores apuntan diversas ideas:
Por una parte, “la responsabilidad política de devolver a la ciudadanía en forma de cultura científica la inversión pública en investigación justifica otra vía que gana presencia en España; la de incluir una asignatura de comunicación en los planes de estudios de grados y másteres universitarios de distintas áreas de conocimiento. El objetivo es introducir a los futuros
investigadores en el funcionamiento del sistema informativo que actúa en la sociedad e instruirlos en técnicas elementales para la difusión pública de sus ámbitos disciplinares”
Por otra parte “…se proponen unas pautas aplicables durante el proceso de redacción de
los contenidos periodísticos. Consisten en que el periodista protocolice que su texto cumple la pertinencia, la correspondencia, la autosuficiencia, la coherencia interna y, si realiza el seguimiento de un tema, el intertexto. Así minimiza los errores, y garantiza el acercamiento semántico entre el contenido científico original y el periodístico derivado”.
Finalmente “…si a este procedimiento periodístico se sumara la formación de los científicos en nociones básicas del periodismo, la negociación entre periodistas e investigadores se
vería beneficiada y, con ello, la difusión social de la ciencia y la tecnología mediante contenidos periodísticos de más calidad”.
En ello estamos y está mucha, mucha gente. Otros, por el contrario, aupados sobre cargos más o menos orgánicos y un historial profesional inflado, se empeñan en malas, malísimas imitaciones de Eduard Punset, cosa que sólo sus egos les agradecen.
Hacer de un eureka un albricias no parece tan buena idea.

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En la imagen, la gama de colores que Claudio Malacarne empleó en los cuadros de su última exposición, “Tempo di state” (Kunstkontor Galerie, Nürnberg, septiembre de 2015). Sólo para alegraros la vista.

As promised… let’s make fridays freedays !

Parece que habéis aceptado que mis entradas de los viernes sean una forma de desearos un buen fin de semana. Vosotros os lo buscásteis: me dais pie a insistir, así que ahí vamos:

Esta semana me tomé un día libre para visitar la Sierra de Gúdar. Ya sabéis, Rubielos, Nogueruelas, Albentosa… De esas idas y venidas, de las reflexiones entre casas solariegas y pinos mediterráneos podría haber surgido otra vez un temita empalagoso y tristón, al ritmo de rumiaciones más o menos obsesivas, como el de la semana pasada. Pero no, alguien vino en mi auxilio y, como veréis y escuharéis, me cambió por completo la inspiración, las intenciones y el color de los pensamientos. Del malva-tirando-a-semana-santa al verde-caribe-en-los-árboles-y-en-tu-falda (en este punto hasta admito uno de los gruñidos de Pérez Prado).

Debo mucho a mucha gente, pero con nadie tengo una deuda tan grande como con quien me habló hace poco de su afición por los swing choirs, esos grupos de aficionados o profesionales que combinan el canto en grupo con el baile. Como siempre, seguí el hilo hasta quedar encantado y lo que comparto con vosotros es parte de ese encantamiento. Añádase a los efectos bocales de Bobby McFerrin el humor del coro Boca a Boca y ¡ ya !

Me da igual que el video sea promocional. Lo que cuenta es que la gracia de esa gente, su forma de comunicar alegría y despreocupación con sus voces, sus efectos y sus movimientos provocan que los malos humores se disipen o al menos se aplacen… durante el fin de semana.

 

In English, please.

La comunicación científica y su análisis están llenos de lugares comunes. Uno de los más frecuentes tics considera al inglés como “el idioma de la ciencia” y a veces acompaña esa opinión con el dato de que más del 70 por ciento de los trabajos incluidos en Web of Science se han redactado en ese idioma, aunque Web of Science es una fuente muy limitada, que cubre pocas de las revistas científica existentes. Un grupo internacional publicó a finales del pasado año una investigación sobre la influencia de los diversos lenguajes a nivel global, y no sólo en el ámbito científico. Esa investigación no es sólo rigurosa, además es una preciosidad. Tomando como fuentes las traducciones (por ejemplo de libros) de un idioma a otro, las adaptaciones de artículos de la Wikipedia entre unas y otras ediciones y las ocasiones en que los usuarios de Twitter redactan sus mensajes en más de una lengua, trazan las redes que relacionan los lenguajes en cada uno de esos ámbitos. Sus resultados admiten poca discusión: “We find that the structure of these three global language networks (GLNs) is centered on English as a global hub and around a handful of intermediate hub languages, which include Spanish, German, French, Russian, Portuguese, and Chinese”. Pero volvamos al la ciencia y a la escritura científica.

Ana Isabel Moreno (Departamento de Filología Moderna Facultad de Filosofía y Letras Universidad de León) obtuvo en 2009 financiación para un proyecto de investigación titulado “Estrategias retóricas para publicar en revistas científicas internacionales desde una perspectiva intercultural español-inglés”. Al frente de un equipo procedente de ocho instituciones diferentes, afrontaba muchas cuestiones relevantes para la comunicación y la escritura científica. Una de ellas no es de Perogrullo y resulta central: ¿ Qué decide a un investigador español entre publicar en su idioma y publicar en inglés ?.
De aquel proyecto de investigación han resultardo bastantes publicaciones (yo he contado siete hasta el momento) y quiero comentar aquí la que afronta más directamente la pregunta que he enunciado. Se titula “Why publish in English versus Spanish” y apareció en el primer número de la Revista Española de Documentación Científica de 2015. De este trabajo interesan tanto el apartado conceptual, que le confiere una gran solidez, como los resultados, que resultan esclarecedores.
En esencia, se trata de someter a un buen número de investigadores a un cuestionario sobre los motivos que les llevan a publicar en una revista española (habitualmente en español, aunque no siempre) o en una revista internacional (casi siempre en inglés). El número de encuestados es impresionante: de casi 9000 envíos, obtuvieron respuesta de unos 1500 investigadores del CSIC y cuatro universidades. Según recuerda una de las investigadoras que cumplimentó la encuesta, la tarea era muy ardua y le llevó casi una hora, de modo que las cifras aún resaltan más. En cuanto a la fundamentación y la metodología del trabajo, Irene Lopez Navarro (CSIC y Univ de y Univ de Salamanca) y sus colaboradores han optado por la teoría de la autodeterminación (ya, ya pero la traducción de self-determination theory no admite demasiadas variantes) que traza una línea continua entre los motivos intrínsecos y extrínsecos con que los individuos justifican sus acciones o sus decisiones. Dejando aparte otros detalles, es curioso y aleccionador el modo en que combinan los grados a lo largo de esa línea continua con los factores motivaciones que distinguen (desde el deseo se superar desafíos hasta las ganas de que mis publicaciones se traduzcan en ingresos por productividad) y la forma en que (en la página 11) representan ese continuo mediante un conjunto de diagramas de reloj.
No me extenderé en las agrupaciones de casos ni en las idas y venidas de las variables. Sólo transcribo algunos fragmentos escogidos de los resultados del trabajo.
En relación con las motivaciones de los investigadores junior y senior, los comentarios son:
“With respect to extrinsic motivations, as in the case of Spanish, those who are at the beginning of their academic career are the most concerned about aspects of professional promotion when deciding to publish in EAL, meanwhile those who are distinguished by pursuing extra remuneration through their publications in English are senior researchers. Junior scholars are the most intrinsically motivated by need for achievement when choosing to publish in English”.
“More experienced authors in English are more motivated to write in English in response to invitations, and are also more concerned with obtaining citations and recognition through English publication, though not with professional promotion, a motivation that is equally important for all scientists. More experienced authors are also more concerned with the scientific audience to whom they direct their research articles when choosing English as language of communication. On the other hand, when it comes to motivations related to proficiency, researchers with lower levels of experience are those who are more concerned particularly with the improvement of their writing skills in EAL”.
Sobre las influencias del marco regulatorio (¡ vaya expresión !), algunas observaciones son:
“Consistent with these arguments, the researchers in our sample share the desire to obtain more intellectual feedback, broader international diffusion, as well as more citations, recognition and possibilities of professional promotion through their use of English as a language of research publication instead of Spanish. Our results thus point to a high degree of internalization by Spanish scientists of the requirements of the regulatory process that governs research evaluation”.
“…publication in Spanish is chiefly motivated by the most self-determined, integrated regulated, form of extrinsic motivation (communicating to the local scientific audience). From the salience of this item we can infer that there is a degree of concern among Spanish researchers that their results should reach the local community and not just those abroad even though they are in fact encouraged to privilege the international community by research evaluation practices”.
La pregunta final es más que obvia: ¿ Qué, cómo te quedas ?.

P.S.
Los autores reconocen que existen factores dependientes del contexto (disciplinario u otro) que sin duda influencian la elección del medio y el idioma de publicación. Me permito añadir que no sólo las relaciones sociales (de colaboración, por ejemplo) sino también la jerarquía de investigación y publicación afectan a la elección. Pero eso, claro, ya es cosa de futuras investigaciones. En todo caso, ya tengo buenas respuestas para los alumnos que preguntan por qué hay que publicar en inglés.

Gino Paoli era sbagliato

Dios me libre de copiar, pero más me libre de pretender que soy original. En su blog para el New York Times, Paul Krugman desliza a veces videos musicales. He pensado hacer lo mismo y con el mismo propósito: desear un buen fin de semana a mis seguidores. Utilizaré la etiqueta estrictamente (strictly) personal para distinguir estas entradas de las otras, más técnicas. Lo que sigue justifica sobradamente el carácter personal de la entrada. Ahí va:
Hace algún tiempo, alguien devolvió a mi memoria una canción que había olvidado. La conocí en 1972, con la banda sonora de una de las películas más enternecedoras que he visto, la comedia Avanti ! que Billy Wilder adaptó del original teatral de Samuel Taylor. No me extenderé sobre la película, que sin embargo recomiendo y con fuerza, pero la canción y lo que para mí supuso el reencontrarla son otra cosa…
Como siempre que algo me interesa, tiré de lo poco que sabía y fui descubriendo, uno de mis placeres favoritos. Gino Paoli compuso “Senza fine” en 1961 para una mujer, una figura fue tan importante que consiguió desplazar a Anna Fabbri, la esposa oficial entonces, y a Stefania Sandrelli, doce años más joven y con quien, a pesar de ser menor de edad, mantenía una relación por aquellos años.
Aquella mujer fue Ornella Vanoni y me resulta muy sencillo justificar que inspirara el tema porque a su belleza y a su talento añadía algo más importante aún: su complicidad con el compositor. Quizá eso no bastó para consolidar su unión, así que, en efecto, Gino Paoli se equivocaba y todo tiene un final. Paoli se separó de la Vanoni como Jack Lemmon se separó de Juliet Mills.
Senza fine, un ritmo suave de vals (gentle waltz, in 1 marca la partitura) que introduce un acordeón recorriendo el Mi bemol mayor, y una letra arrebatada, primero con una falsa protesta de agobio y luego con la declaración de la entrega…
He traicionado a Paoli y he elegido para vosotros una versión adobada con un suavísimo ritmo de samba en la guitarra. Si no conocéis aún a Zizi Possi, es momento de que disfrutéis de su estilo y su voz.

La vida da muchas vueltas y entre tantas idas y venidas  Gino volvió a encontrar a Ornella como Wendell y Pamela se volverían a encontrar todos los veranos, si hemos de creer la historia de la película. Me temo que yo no tendré tanta suerte: la vida da muchas vueltas, pero no tantas.
Buen fin de semana a todos. Espero haber añadido algo bueno a vuestras alegrías.

Retraso de publicación de los artículos científicos, bioRxiv y una disculpa

El número más reciente de las Proceedings of the National Academy of Sciences (de 5 de noviembre de 2015) contiene dos artículos que me han interesado mucho. El primero me ha gustado por razones estrictamente personales: demuestra por métodos genómicos que los perros se domesticaron y evolucionaron desde los lobos grises del Asia Central hace al menos 15.000 años. Todo aquel que aprecie la mirada de un perro en su mirada sabe por qué saber eso me emociona.
La importancia del segundo trabajo, una perspectiva, se extiende a los ámbitos de la documentación científica, la escritura científica y a toda la comunidad de autores de trabajos en ciencias biológicas. Es obra de Ron David Vale, un biólogo y farmacólogo molecular que ha llegado a ser presidente de la American Society for Cell Biology; alguien que sabe de qué está hablando cuando propone que se abra una discusión sobre cómo acelerar la publicación científica en Biología o, lo que es lo mismo, cómo reducir el retraso de publicación en ciencia.
Su trabajo es el más reciente de una serie de buenas contribuciones sobre el retraso de publicación. Recientemente también se ha analizado la relación entre frecuencia de citas y retraso de publicación. También entre los resultados (confirmatorios o negativos) de un trabajo y el tiempo hasta su eventual publicación. Mi bibliografía sobre el tema sobrepasa la decena de trabajos (incluyendo un par de ellos de cosecha propia) pero quiero centrarme en el trabajo de Vale. Antes, presento algunas definiciones que ayudan a describir el problema (si realmente es un problema).

Los retrasos de publicación

El retraso de publicación es un segmento de un periodo temporal muy amplio (varios o muchos años) que abarca desde la formulación inicial de las preguntas de investigación hasta el momento en que llega a los lectores el contenido del trabajo.
Dejando de lado la fase de investigación, el contenido de un trabajo científico se hace público en una sucesión de fases que recorren, primero, el proceso de edición en el seno de una revista científica y en segundo lugar la incorporación del trabajo a las bases de datos bibliográficas que lo difunden.
En lo que respecta a la edición, la distancia cronológica entre la conclusión de un trabajo científico y la publicación de sus logros en forma de un artículo revisado por pares es lo que se denomina retraso de publicación. Así definido, el retraso de publicación tiene dos componentes principales. El primero es el retraso editorial, que corresponde al proceso de revisión por pares y cuyos límites son la fecha de recepción del manuscrito en la revista y la fecha de aceptación en su versión final. El segundo es el retraso técnico (no encontré un nombre mejor, lo siento) que se extiende desde esa aceptación hasta la aparición efectiva en un ejemplar de la revista.
Si el trabajo se destina a una revista con versión electrónica, existe un periodo que abarca desde la fecha de aceptación a la aparición de la versión online del trabajo en cuestión. En el caso de las revistas que se editan exclusivamente en forma electrónica y no cuenta con edición impresa, la fecha de su aparición online es la fecha de publicación de los trabajos.
Cuando una institución o un individuo están suscritos a una revista cuyos ejemplares impresos van llegando por correo postal, la fecha de recepción es aquella en que se difunden los trabajos publicados. Sin embargo, la distribución electrónica y la posibilidad de suscribir alertas de sumarios, flujos de noticias (RSS feed) y otros canales de distribución automática hacen que la difusión se adelante. Por otra parte, las bases de datos bibliográficas son canales por los que también se difunden los trabajos de investigación. En la difusión a través de estos canales también se pueden distinguir dos fases. En la primera, el sistema contiene una descripción de los elementos del trabajo (resumen, filiaciones y otros datos meramente bibliográficos) y en la segunda se añade el aparato analítico, que resulta del análisis del contenido del trabajo en forma de códigos clasificatorios, palabras clave o descriptores y denominaciones normalizadas de, por ejemplo, las filiaciones institucionales de sus autores o los propios nombres de las revistas.

La secuencia, así pues, podría quedar así:

Fase de publicación = fase editorial + fase técnica

Fase de difusión = difusión rápida + difusión cualificada

El retraso amenaza el reconocimiento de la prioridad en el descubrimiento

¿ Os habéis parado a pensar por qué casi todos los artículos científicos se acompañan de fechas ?.
Me gustan mucho los trabajos de Michael Strevens, el profesor de filosofía de la Univ de Nueva York. El que prefiero se titula “The role of the priority rule in Science” y examina por qué se considera tan importante ser “el primero” en realizar una observación o un descubrimiento científico. No entro aquí en los razonamientos y sí señalo algo de lo más obvio: cualquier retraso en la publicación de esas observaciones o descubrimientos se opone el interés por que se reconozca la prioridad de los investigadores que los realizaron, los que llegaron primero a esos hallazgos. Retraso y prioridad están en conflicto. Y esa es la razón por la que los trabajos llevan fecha de recepción y de aceptación. Y también es la razón de que hablemos no de fases o periodos de publicación, sino de retrasos.
Pero el trabajo de Vale apunta a otro hecho más grave, si cabe. No es que el retraso amenace la prioridad en el descubrimiento. Es que amenaza el propio descubrimiento (y de paso al eventual descubridor). Veamos un ejemplo: Carlos Amigo trabaja en los experimentos de su tesis doctoral, que adopta el formato de una tesis internacional y exige que el candidato haya publicado al menos un trabajo sobre el tema. El plazo para realización de la tesis son cuatro años. Si el candidato dispone de un manuscrito publicable al cabo de tres años…

probablemente no llegue a tiempo de su fecha de defensa. Si a pesar de todo consigue su doctorado y decide proseguir su carrera investigadora, el periodo de formación postdoctoral se resentirá también de los sucesivos retrasos. Por no hablar de que cualquier convocatoria de beca exige un historial más o menos poblado a los candidatos.
Ron Vale achaca el retraso de publicación a la exigencia que los comités editoriales plantean sobre el uso de más datos y más elaborados, lo que inevitablemente plantea más tiempo de investigación y mayor complejidad de los experimentos. Comparando los trabajos de dos semestres de 1984 y 2014, apoya su argumentación con evidencias sobre el formato de los artículos, entre otras. No menciona (y debería hacerlo) que el efecto pernicioso de la dilatada recopilación de datos y de su procesamiento son terrenos abonados para la dejadez de tutores y directores científicos, tanto más ocupados como poco resolutos en la mayoría de casos que conozco.
El resto del trabajo de Ron Vale se dedica a discutir las soluciones posibles al retraso de publicación y, de entre ellas, defiende los archivos de preprints como la más eficiente. Confieso que no tenía ni la más remota idea de la existencia de bioRxiv (pronunciado baioarkaif, otra magnífica iniciativa del Cold Spring Harbor Laboratory) confieso que lo he probado y que funciona con gran transparencia. No tiene las dimensiones, ni la tradición, ni el arraigo cultural de Arxiv, pero tiempo al tiempo.

La disculpa

Las premoniciones y sospechas de las últimas semanas se han confirmado. Por desgracia no he podido evitar que me afectara hasta el punto de hacerme olvidar algo de gramática y mucho de estilo. No estoy en mi mejor momento y esto es patente en algunas entradas recientes de este blog (que voy elaborando con bastante antelación)  y pido disculpas por ello. Estoy convencido de que al menos eso va a mejorar.