Si aquello no era una pipa esto no son recetarios

A veces los trabajos sobre preparación de artículos científicos adoptan el formato de recetarios. La mayoría son aburridos y dan en anticuados por culpa de la rigidez del estilo. Este apunte recomienda dos excepciones de autores daneses. La primera, un artículo-que-no-lo-es, se originó en una conferencia de 1994. La segunda es un chsipeante decálogo, no por jocoso menos acertado. He combinado los contenidos de ambos para introducirlos y animar su lectura detenida. Resultará muy provechosa.

Las citas a Magritte

Las citas no siempre son bibliográficas. Ultimamente es usual referirse al oleo La traison des images, que René Magritte pintó entre 1928 y 1929, para enfatizar  la diferencia entre la realidad y su representación. La paráfrasis más reciente del conocido lema “Ceci n’est pas une pipe” la he encontrado en un trabajo muy interesante sobre las alternativas al formato PDF para la representación electrónica de los documentos científicos. Pero fue Carsten Sorensen quien por primera vez atrajo mi atención hacia la pintura de la cachimba y su significado.

Parece mentira que un profesor senior del Department of Management de la London School of Economics, dedicado al estudio del uso de sistemas móviles y tecnologías de comunicación en la organización industrial, sea probablemente más influyente por un texto de apenas 16 páginas ideado en mitad de una fuerte gripe.

This is not an article, just some thoughts…

En su versión actual, el escrito de Sorensen conserva el lenguaje franco y gracioso que la fiebre le dictó allá por 1994. Arranca con una de las mejores imágenes del trabajo científico desde El Profesor chiflado  pero tras algunas metáforas culinarias, entra en harina partiendo, claro está, del principio de los principios: la research question, la pregunta de investigación. Los silencios más clamorosos o a las verborreas más aparatosas se han producido en respuesta a esta simple pero crudísima cuestión:

“Y usted ¿ Qué quiere hacer?”

La pregunta, así formulada por un director de tesis o jefe de proyecto, se encuentra en todos los artículos científicos y su disposición revela el desorden ordenado que todos presentan: esa pregunta, que es inicial, se encuentra al final… de la introducción. Pero ese es otro tema. Precisamente la primera de las recomendaciones de Sand-Jensen es clara a este respecto

“Avoid focus” es decir “Marea la perdiz” y/o “Vete por las ramas”

Hay que ver lo que puede llegar a dar de sí la biología marina. En fin, una profusión de preguntas desordenadas es la herramienta ideal para desorientar, de acuerdo.

Los criterios

Sorensen se adentra en la factura del artículo científico recomendando que el autor adopte una [firme] postura y abordando la necesidad de equilibrio entre la ruptura y la integración. No conviene la excesiva pretensión de originalidad ni la sumisión completa a las líneas de investigación en que se encuadra nuestro propio trabajo.

Algunos de los criterios que Sorensen desgrana son discutibles. Recomienda, por ejemplo, la simplicidad: un trabajo debe responder a una cuestión y desarrollar una idea, no más. La tendencia contraria, con una profusión de temas a tratar, conduce al aturullamiento y la falta de claridad, estamos de acuerdo. Por ejemplo, este apunte que lees recomienda dos falsos recetarios en lugar de uno… pero dedicar repetidos esfuerzos a contar cada uno de los pequeños avances en una línea se parece demasiado a la conocida técnica de publicación en salami o al procedimiento de publicar un montón de trabajos centrados en cada árbol en lugar de un único trabajo sobre el bosque.

De nuevo, Sand-Jensen utiliza el mismo ingrediente:

“Write lonnnnnnnng contributions” o “Escribe trabajos kilométricos”

Esto es justo lo más oportuno en tiempos en que no sólo existe una feroz competencia por el espacio sino también por el tiempo. La mejor forma de convencer a un colega para que desestime la lectura de tu propio trabajo es anunciarle un tocho de… pongamos 45 páginas. Creedme.

La siguente sección del artículo-que-no-lo-es es la más importante y la mejor estructurada. Relaciona cinco preguntas que el autor de un trabajo se ha de plantear a sí mismo antes de abordarlo:

  1. ¿ Cuál es el asunto el cuestion?
  2. ¿ Cuál es el problema en concreto?
  3. ¿ Cuál es el enfoque de la investigación que se plantea?
  4. ¿ Qué han hecho otros para resolverlo?
  5. ¿ Cuál ha sido mi aportación?

Si se cambia la primera por la tercera persona, son exactamente las mismas preguntas que cualquier revisor se hace cuando examina un manuscrito. Tengo dos observaciones que hacer a lista de cinco preguntas.

En primer lugar, convendría cambiar el orden de la tercera y la cuarta. Tras enunciar el problema lo lógico es presentar cómo han tratado otros de resolverlo para, inmediatamente después, tratar de resolver las cuestiones que esos otros han dejado penientes.

En segundo lugar, una observación sobre la situación de los textos que han de contestar a esas cuestiones. Aunque la última parece hacer referencia al apartado de resultados, todas las respuestas se han de integrar en la introducción del artículo, aun a riesgo de adelantar acontecimientos.

Sorensen afirma que la imitación vale la pena. Se refiere a que la falta de ideas (literarias, formales) se puede paliar tomando esquemas expositivos de otros trabajos. Esto es cierto y es útil, sobre todo en el caso de los autores más noveles. También es verdad que uno se imita a sí mismo cuando pasa del resumen ampliado o el póster al documento de trabajo o al original. Pero el estilo de un trabajo ha de ser propio o la falta de originalidad y el adocenamiento de los artículos meramente formularios aburrirá a un revisor y, eventualmente, al más ávido de los lectores.

Por desgracia, la mejor garantía para que un trabajo sea aceptado (o para conseguir que se apruebe la financiación que demanda una propuesta) es ser poco o nada original. Y ese es otro de los ingredientes de Sand-Jensen para el adobo de los artículos peñazo: evita la originalidad y la expresión de tu propia personalidad. La ciencia está llena de artículos publicados y olvidados casi de forma simultánea.

Si bien coincido con con Sorensen en la necesidad de adoptar un orden expositivo que vaya de lo general a lo particular (a top-down approach) no me parece que el título sea el mejor sitio para comenzar. Defenderlo sería contradecir las reglas que anteriormente expuso.

Las dos últimas secciones del artículo-que-no-lo-es de Sorensen se dedican a la revisión y mejora del texto de un trabajo y sus partes más relevantes. Tendremos tiempo de revisar detalladamente esos métodos en futuros apuntes de este blog. De momento me limito a recomendar encarecidamente tanto a Sorensen como a Sand-Jensen, esa pareja de buenos daneses.

También a Magritte, ese belga tan divertido.

Fe de olvidos

En el apunte inicial del 24 de junio ensalcé la validez de algunas iniciativas españolas sobre la enseñanza de la escritura científica. Estos días he conocido algunos documentos del Grupo de Sistemas Inteligentes y Cooperativos de la Universidad de Valladolid. En sus programas de doctorado incluye sesiones dedicadas a la metodología de la investigación que parecen de interés.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s