¿ Sueñan los autores de la REDC con el síndrome Gatica ?

Siento especial predilección por la Revista Española de Documentación Científica. Aceptó mi primer trabajo, ha publicado el penúltimo y espero lo mismo del que me traigo entre manos. Además, me acogió como miembro del equipo editorial durante años, es una superviviente de las limitaciones burocráticas que ahogan a otras muchas publicaciones y una resistente a la decadencia del periodismo científico en España. Merece y tiene todo mi cariño y respeto.
Pero, por mucha debilidad que sienta por la REDC, creo que su funcionamiento deja que desear y quiero exponer aquí uno de sus defectos y proponer una solución para solventarlo.

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Vale, otros coleccionan sellos.

El ejemplo de los números recientes

Los últimos números publicados de la Revista Española de Documentación Científica contienen trabajos estimulantes, algunos decepcionantes y otros que me parecen totalmente ajenos a su alcance. La REDC declara su objeto de forma deliberadamente ambigua: declara servir como transmisor de conocimiento generado por investigadores “… en el sector de la Información y Documentación Científica” y aportar también sus contenidos a “aquellos que hacen uso de información científico-técnica y estratégica para la toma de decisiones en materia de política científica”. Pero aunque esa definición se interprete en sentido amplio, no hay forma de acomodar en ella algunos trabajos recientes. Ni el trabajo “Patentes sobre fotografía en España…” ni el que se centra en “La misión en las bibliotecas nacionales europeas…” ni los casos estudiados en el artículo sobre “WebSite Canvas Model…” ni el que revisa los “Sistemas de gestión de procesos de negocios…” ni el que enumera los “Recursos abiertos de información geográfica”- a pesar de su relación con la visualización de la información- se ajustan a la cobertura de la REDC.
Por otra parte, me parecen admirables el trabajo de Merchán y Valmaseda, el artículo de Avila Toscano y sus colaboradores y la revisión de Elea Giménez sobre el espinoso tema de la evaluación de los humanistas y los científicos sociales.
El apartado anterior contiene meras opiniones personales. En el siguiente discuto datos.

“…Y tu tic-tac me recuerda mi irremediable dolor”

Se suele denominar retraso editorial al tiempo transcurrido entre la recepción de un trabajo y su aceptación. Se trata del periodo que ocupa la revisión editorial del manuscrito, el plazo en que autores y editores acuerdan su versión final para publicación. Yo he tabulado las fechas de recepción, aceptación y publicación de los trabajos aparecidos en los dos últimos números de la REDC.

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Las fechas de publicación las he estimado. Las horas de publicación también.

 

Por término medio, el retraso editorial es de unos tres meses, un periodo razonable que dice mucho en favor de la diligencia de los revisores (la de los autores se presupone). Hay que tener en cuenta que la revisión de un manuscrito supone varias o muchas rondas de dimes y diretes entre autores y revisores. El mayor retraso editorial es del del trabajo sobre “Recursos abiertos de información geográfica”, un trabajo de factura compleja, relacionado con la visualización de la información, con jun pie fuera y otro dentro de la cobertura de la revista y, acaso por esto mismo, cuya revisión demoró más de cinco meses.
El retraso técnico es el periodo que se extiende entre la aceptación de un manuscrito y su publicación como artículo. A falta de otro mejor, el calificativo “técnico” se refiere a las operaciones, a veces muy complejas, que supone el procesamiento de la información textual, icónica y gráfica contenida en el manuscrito. Salvo excepciones, nada justifica que el retaso técnico promedio de los trabajos que he examinado sea superior a ocho meses. El trabajo sobre las patentes históricas en fotografía, que considero también “borderline”, tiene 5 tablas y el texto y ha tardado 309 días en ver la publicación desde que fuera aceptado.
La REDC ya sólo se publica- empleando la plataforma Open Journal Systems- en edición electrónica. La composición y maquetación de los artículos son sencillas y no deben plantear muchas exigencias al departamento de publicaciones que la edita. El retraso técnico, sumado al retraso editorial, provoca que la tercera parte de los artículos que he observado se hayan publicado un año después de haber sido sometidos a la consideración de la revista. Demasiado en un periodo de premuras, evaluaciones sobrevenidas y otras exigencias burocráticas.
Ernest Abadal realizó y publicó el pasado mes de Junio un análisis de la revista que dirige y una comparación con otras revistas españolas del área. De todo ello extrajo cuatro tareas pendientes: incrementar el grado de profesionalización de los responsables de la edición, aumentar también el número de originales, incorporar nuevas funciones a la edición electrónica y mejorar la difusión de la revista. Como el propio Abadal reconoce “estas líneas de acción propuestas son seguramente aplicables a otras revistas españolas de documentación”.
Estoy muy de acuerdo y me atrevo a añadir otra exigencia: ni la REDC ni las demás revistas españolas deben defraudar las expectativas de sus autores alargando innecesariamente los plazos de publicación. Un artículo se ha de publicar cuando es aceptado. Si es necesario, en el formato del manuscrito.
El sistema Open Journal Systems contempla la posibilidad de que un trabajo sea publicado de forma inmediata tras la aprobación de editores y autores:

“Hitting Save will publish the submission to the selected issue. If the issue is already published, the submission will be immediately available to readers. Otherwise the submission will not be published until the issue is published”.

Cabe requerir del cuerpo editorial de la REDC un esfuerzo para que los artículos aceptados se compongan con rapidez y se publiquen en el plazo más breve posible. Quizá la adopción del OJS completo y la activación de todos sus módulos contribuiría a alcanzar este objetivo. Esto no entra en conflicto con la tradición y la práctica de la REDC de publicar sus “números” con periodicidad trimestral.
Mientras espero y esperáis a que alguien tome la decisión o a que se amplíe el debate, os dejo con el clásico que Roberto Cantoral compuso después de one-night stand y Lucho Gatica elevó al paraíso de los boleros. En cuanto a la versión que enlazo, as they usually say: “quality as incoming”

Disclaimer: I’m just accountable for my own nightmares.

Cheers!

 

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Dos revisiones que debí citar cuando escribí sobre el “Open Access”

En mi comentario sobre las iniciativas de acceso abierto a los documentos científicos incluí una sección inicial que bien podría haber titulado “¿ Cómo hemos llegado a esto ?”. Trataba de ofrecer un poco de contexto y, de paso, justificar mi pesimismo acerca del acceso abierto. Hice referencia en aquella sección a una cronología del desarrollo en España de la documentación automatizada (con entonces se conocía) y las bases de datos de bibliografía científica y a algunas noticias periodísticas sobre el tema.
Es cuestión de estricta justicia que añada aquí las referencias a dos trabajos, uno muy antiguo y otro no tanto, sobre la llamada “industria española de bases de datos”. Tomás Baiget y Pedro Hípola, a quienes considero buenos colegas, lo merecen y los interesados en el tema seguro que aprovechan sus dos revisiones, magníficas por otra parte.
Y como ayer se cumplieron 125 años del suicidio de Tchaikovsky y los cachondos de Radio 3 le dedicaron unos minutos, ofreciendo las más inimaginables versiones de sus melodías (la de Sarita Montiel no tiene precio) pues… aquí va la grabación del espacio de Jorge Barriuso.

http://www.rtve.es/drmn/embed/audio/4827212 Barriupedia: aniversario Chaikovski

Otra para (niños) músicos: Los secretos de Sacabaja y Metesube

Altos y bajos

En música, las cosas son diferentes. “Estás bajo” no significa que uno está agachado, le falla la silla o no le aprovecha lo que come. Cuando el director o el compañero dicen “Estás bajo” es que el instrumento no está afinado, y da notas más graves que las de sus compañeros de cuerda. Cuando la acusación es “Estás alto” también hay problema, pero nada que ver con el estirón. O todos los instrumentos de una banda suenan igual cuando emiten la misma nota, o esa banda deja de ser la Banda de Almassera (por ejemplo) y se convierte en la Banda del Empastre.
A veces, cuando uno está desafinado, demasiado bajo o demasiado alto, no sabe muy bien qué hacer, porque se empana, porque le han pillado con las manos en el móvil, porque ha tenido un mal día, por novato, por despistado o por todo eso al mismo tiempo. Y… bueno ¿ Qué se hace cuando uno (su instrumento en realidad) está desafinado ?
— ¡ Ah, ya me acuerdo !— dice el de la empanada.
— ! Hay que sacar ¡ o ! Hay que meter ¡.
Mmmm ¿ En qué quedamos ?
— ¿ Si saco subo, meto si estoy alto, subo por lo bajo, bajo y luego subo y así me quedo igual y vuelta a empezar y mare meua qué lío me estoy armando ?.
No le deis más vueltas: Quien está alto, tiene que sacar y bajar la nota. Quien está bajo, mete y así sube la nota.
Pero ¿ Por qué ?Lo explicaremos a continuación porque mejor manera de combatir el empanamiento, el despiste, es enterarse de algunas cosas; pocas, pero para siempre.

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La que pasa por ser la tuba más grande. Su sonido debe de ser extremadamente bajo.

El tamaño importa

La música se produce haciendo vibrar una cantidad de aire. Cuando soplamos la lengüeta de un clarinete, de un fagot, de un saxo o de un oboe, la vibración de la caña se transmite al aire que contiene el instrumento. Cuando hacemos vibrar los labios en la boquilla de una flauta o una trompa, ocurre lo mismo. Las notas más graves (más bajas) las producen instrumentos muy voluminosos: el timbal es más grave que la caja, el contrabajo da notas mucho más bajas que el violín y la flauta produce notas más graves que el flautín. En cada familia de instrumentos, los más gordos son los que producen sonidos más graves porque contienen más aire. Punto.

Cuestión de largura…

Pero cada instrumento, grande o pequeño, puede producir sonidos diferentes, más graves o más agudos ¿ De qué depende que produzca unos u otros ?. Pues, primero, de la cantidad de aire que tiene dentro y, en segundo lugar, de lo fina o gruesa que sea la columna de aire que soplamos. Vayamos con la largura.

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La primera vez que un contrafagot como éste se utilizó en una sinfonía, sonó nada menos que en el tercer y cuarto tiempo de la Quinta Sinfonía de Beethoven (ya sabéis: sol-sol-sol-miiiiii bemol/fa-fa-fa-reeeee). La imagen es una instantánea tomada de  https://www.youtube.com/watch?v=gMoOhCh_GUM

Cuando el trombonista alarga al máximo la vara, obtiene una nota muy baja, un Do (gracias por la corrección, Vicente R.). Si va recogiendo la vara, acorta la cantidad del aire en el interior del instrumento y en cada posición emite una nota algo más aguda. Si el trombonista no para de soplar mientras acorta la vara, se produce un “glissando”, una nota que parece que resbale y asciende desde un sonido muy grave a otro más agudo o, al contrario, baja hasta los graves desde una nota más alta.
Del mismo modo las columnas de aire se acortan y las notas son más altas cuando una flautista o un clarinetista o un saxofonista “destapa” agujeros.

… Pero también de finura

Aunque una flautista no mueva los dedos, puede dar tres notas en la misma posición. Para cambiar desde la más baja a la más alta, sólo tiene que estrechar los labios y conseguir que la columna de aire que introduce en su instrumento sea más delgada, más fina, a más presión. Hasta los instrumentos más grandes y graves funcionan igual. Sin necesidad de tocar ni una tecla, la tuba asciende por las notas Do>Sol>Do>Mi>Sol>Do, recorriendo nada menos que dos octavas, y aún puede bajar y subir más; todo depende de la presión y la finura de la columna de aire.
¿ Recordáis un órgano de inglesia ?. Los tubos más largos y gruesos emiten las notas más bajas, los cortos pequeños las más agudas. Pero si no tenéis un órgano a mano, daos la vuelta en un ensayo y mirad la marimba o el xilófono. Debajo de cada placa hay un tubo más largo y grande para las notas graves y más corto y estrecho para las notas agudas.

Soplad, soplad !

Así que, cuando afinéis, sólo tenéis que pensar que cuando alarguéis la la columna de aire de vuestro instrumento, las notas serán más bajas y que cuando os digan “Estás alto” tendréis que “meter”, acortando la distancia que recorre el aire en vuestro instrumento.

“Alles klar ? ” preguntaría Beethoven.

Open Access, open data, open science: ¿ Qué se vislumbra al otro lado de la puerta ?

He asistido como observador al lanzamiento de un proyecto de diseño de indicadores sobre investigación e innovación responsables (RRI). Tuve que apresurarme a obtener una buena definición y la que sigue me parece suficiente:

RRI “refers to the comprehensive approach of proceeding in research and innovation in ways that allow all stakeholders (…) to obtain relevant knowledge on the consequences of the outcomes (…) and to effectively evaluate both outcomes and options in terms of societal needs (…) and to use these considerations as functional requirements for design and development of new research, products and services.”

Según parece, la RRI incluye las iniciativas de apertura— Open Access, Open Data, Open Science— que tratan de promover la distribución gratuita de productos académicos y de investigación para que otros profesionales o la sociedad los reutilicen. No estoy totalmente familiarizado con estas iniciativas, pero quiero transmitir algunas reflexiones que quizá resulten de utilidad. Las he dividido en tres partes. La primera contiene algunas referencias al pasado reciente, muy abundante en acrónimos.

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La oferta de trabajos académicos y de investigación es muy parcial.

“Open Access” se refiere a la distribución online gratuita y sin trabas de los resultados de la investigación, de forma que se promueva su reutilización. Los resultados principales y más abundantes de la investigación y la actividad académica son las publicaciones científicas. Vale, un poco de historia.
En los años 70, la fundación de la CTNE para el desarrollo social de las comunicaciones en España (FUNDESCO) animó la creación de grandes estructuras informativas. Una de sus filiales, FUINCA, inició en 1977 las actividades la Red INCA (de Información Científica Automatizada) con participación de varios centros del CSIC. Poco después, estos centros abordaron la automatización de los registros de la literatura científica española y crearon las bases de datos IME (Indice Médico Español), ICYT (Indice Español de Ciencia y Tecnología) e ISOC (Indice Español de Ciencias Sociales). Algo posterior es el programa PIC (Puntos de Información Cultural) que permitía que el público en general consultara bases de datos bibliográficas y de contenido cultural variado. Resulta curioso que los PIC, que nacieron en Septiembre de 1980, se propusieran “el libre acceso de los ciudadanos a los bienes culturales (… y) la participación activa de los mismos en su creación o disfrute”.
Al desmantelamiento de FUNDESCO a finales de los años 90 siguió la decadencia de los grandes sistemas españoles de bibliografía científica. Este progresivo deterioro obedeció a la confluencia de factores administrativos, económicos, políticos y creo que también técnicos. Algunos fueron la conversión de institutos de servicio en institutos de investigación del CSIC y la falta de apoyo administrativo al personal de soporte de esas infraestructuras; otro la liquidación de las empresas editoras de revistas científicas españolas, el último y quizá más importante, la exigencia de internacionalizar la publicación de los trabajos españoles de investigación. Algunos datos: en 1990 se publicaron 11.816 artículos médicos en revistas españolas (IME) y 3.524 en revistas extranjeras (WoS). En 2011, su último año operativo, IME incluía 1.933 registros publicados en España mientras WoS registraba más de 16.000 artículos médicos con contribución española y MEDLINE, el principal sistema bibliográfico que abarca la Biomedicina global, contiene casi 22.000 trabajos con contribución española ese mismo año, pero sólo 1363 publicados en revistas españolas. De los 22.000 trabajos mencionados, por cierto, sólo 4478 son universal y libremente accesibles. Y que conste que la Biomedicina es un ejemplo muy fácil.
Datos tan fragmentarios no sólo impiden determinar la proporción de la literatura científica española accesible, sino también el montante total de publicaciones españolas, porque esas publicaciones parecen distribuirse en dos ámbitos separados, uno nacional y otro internacional, cuyas fuentes bibliográficas de elección podrían ser en la actualidad Dialnet, un sistema nacional operativo desde principios de 2002 , y diversos sistemas internacionales Web of Science, Scopus, MEDLINE y demás.
Además de los sistemas de información bibliográfica, hay otros de tipo administrativo. Por una parte, los sistemas CRIS (Current Research Information Systems) para almacenar y gestionar datos sobre la investigación llevada a cabo en cada institución y, por otra parte, los repositorios institucionales, destinados a la conservación de copias digitales de los documentos académicos o de investigación producidos, nuevamente, en cada institución. En relación con los primeros, sería posible coordinar sus contenidos y crear un CRIS nacional, del mismo modo que existe un catálogo colectivo de las bibliotecas universitarias españolas.
Respecto de los repositorios, también existen servicios que recopilan el contenido y favorecen la consulta y el acceso de manera combinada a varios o todos ellos. En julio de 2008 había 43 repositorios académicos y de investigación. Ocho años más tarde, Lucía Morcillo ha analizado 49 repositorios universitarios. Aunque en algunos los documentos se cuentan por cientos de miles, no parece que los investigadores sean especialmente diligentes depositando copias de sus trabajos. Muchos prefieren enviarlas a una red social académica o a un repositorio temático (Arxiv, PMC u otros) antes que embarcarse en el proceso de registrarlas, de por sí farragoso. Así que tanto los CRIS como los repositorios institucionales son muy incompletos. Algunos datos más: un conocido centro español de investigación ha participado en la realización de 286 tesis doctorales a lo largo de su trayectoria. De ellas, sólo 80 están registradas como tales en el catálogo colectivo de la organización y sólo se dispone de copia de 20 en el correspondiente repositorio.

¿ Qué ofrecen todas estas colecciones a los profesionales o aficionados que deseen reutilizar sus contenidos ? Una parte de las publicaciones españolas académicas y de investigación que, además, sólo en parte están disponibles para su “reutilización”.

La expresión “Open data” se debería abandonar

Datos abiertos no equivale a datos de investigación. La mayor y mejor fuente de datos sobre la realidad española es el Instituto Nacional de Estadística. Cabe afirmar lo mismo de cualquier país con un sistema decente de registros.
Que en España hubiera algo menos de 29 millones de cerdos en 2017; que el nombre masculino y el apellido más frecuentes sean respectivamente José y García, o que el cáncer de mama fuera responsable de 137.000 ingresos hospitalarios en 2016 son datos, sí; accesibles a todo el mundo a través de una conexión online, sí pero… son datos fruto de operaciones de registro administrativo en diversos ámbitos y no datos resultantes de la actividad científica. De los 284.225 conjuntos de datos que la administración estadounidense ofrece, sólo algunos proceden de centros educativos o de investigación. Y parece que también son datos administrativos.
Es posible que la expresión “data sharing and reuse”, que se puede traducir por “intercambio de datos” sea más apropiada que “open data” para designar una actividad que hace tiempo forma parte de las rutinas de la investigación.
Este énfasis en la terminología no es gratuito: los datos científicos, resultantes de la actividad investigadora, sólo son útiles a quienes pueden comprender sun utilidad: otros científicos.
Hay muy pocas personas fuera de los ámbitos académicos que sepan manejarse en el panorama de las bases de datos de proteínas o de biología molecular. La interpretación de datos antropométricos y la utilización de plásmidos están reservadas también a especialistas, personas capacitadas para su comprensión. Juzgar estos datos de cara a su aplicación o estimar su validez o su ajuste a objetivos sociales no parecen tareas fáciles.
Es muy difícil que un lego comprenda el contenido de un trabajo de investigación, no digamos que interprete correctamente los datos resultantes.

A la apertura de publicaciones, recursos académicos y datos, la “Ciencia abierta” añade la de los códigos (open source) y los métodos. Ni que decir tiene que esta propuesta está tan limitada como las anteriores a las comunidades investigadoras y quizá también a las académicas. A veces he llegado a sospechar que el índice E (de egocentrismo) mucho más elevado que el índice H, está detrás de algunos intentos por alcanzar un protagonismo innecesario, si no inmerecido.
He escrito todo lo anterior sin disimular mi escepticismo. Hace dos días Jon Tennant se publicó el mejor documento hasta la fecha sobre lo que agrupa bajo el término genérico de “Open Scholarship”. Me comprometo a examinarlo y volver luego a escribir sobre estos movimientos. De momento, mi pronóstico es reservado pero, para que ningún ceño quede fruncido, ahí tenéis una música que deberían haber compuesto para una película de Monsieur Hulot, aunque se adelantó a 1930. Ya sabéis: fröhliche Feiertage !

Hiperautoría y autores honorarios en ciencias sociales. Una cuestión de estilo.

Actualización: La investigación del yacimiento tartésico de Casas deTuruñuelo (en Guareña, Badajoz) implica a once instituciones diferentes; si bien es verdad que  en los cuatro trabajos de investigación publicados sobre ese yacimiento (todos en 2017) no se sobrepasa la cifra de cuatro firmantes.

A finales del 2000, Blaise Cronin sometió al Journal of the American Society for Information Science and Technology un magistral trabajo sobre el creciente número de autores en los artículos de investigación. En el título utilizó el término “Hyperauthorship”, un neologismo que definía simplemente como “niveles masivos de autoría”.
A finales de 2016, mi compañero NicolásRG y yo supimos de una decisión administrativa que consideramos arbitraria. Una agencia oficial de evaluación había decidido minusvalorar o penalizar a los trabajos de investigación en ciencias sociales publicados por más de cuatro autores. En pocos meses realizamos las observaciones y pusimos a punto un manuscrito donde demostramos que el número cuatro era un límite arbitrario y que el número de firmantes de los trabajos en ciencias sociales estaba relacionado con la colaboración con grupos internacionales y conducía a un impacto mayor de las investigaciones realizadas.
Tras medio año de incomprensible retraso, se acaba de publicar nuestro artículo y en su título se afirma que no existe “inflación de autores” en los documentos que hemos analizado. Inflación de autores es una cosa, nosotros nos referíamos más bien a inflación en el número de autores. Yo hubiera preferido emplear el neologismo de Cronin. Y no es el único detalle de estilo que hubiera corregido.
La redacción final del trabajo es buena y no sólo se ajusta al formato que se espera de un original de investigación: además de conveniente es convencional y, aunque Nicolás hizo en esto una gran aportación yo, que siempre me he sentido constreñido por lo estereotipado de los textos científicos, me comporté con mucha mayor libertad en mis borradores, casi tanta libertad como la que disfruto cuando redacto estas notas.
Si a alguien le interesa el trabajo y quiere aprovechar sus resultados, debe leer la versión en la Revista Española de Documentación Científica. Pero si alguien quiere hacer eso que se llama una “lectura en diagonal” o se mueve por simple curiosidad, encontrará mayor fluidez en el texto de mi borrador: aquí, sin tablas ni gráfica sin referencias, que sí se encuentran en la versión publicada.
Y ya que es viernes, un día propicio a la cerveza y a los rubios, venga: un poquito de Dinamarca, que no se diga.

 

 

Vergonzoso de tan simple: de RIS a csv vía Zotero

En más de 30 años dedicado al análisis cuantitativo de los procesos de comunicación y publicación científicas (vulgo análisis bibliométrico) la frase que más he escuchado has sido “el Science Citation Index no cubre la producción científica española” que, andando el tiempo, ha actualizado su contenido, aunque no su significado: “Web of Science no refleja a producción científica española”, “Scopus no cubre la producción científica española” y demás frases equivalentes.
Todas ellas son ciertas, aunque son más verdaderas cuando se matizan: Scopus, WoS (por Web of Science) reflejan en buena medida la producción española en STM: ciencias, tecnología y medicina. También en algunas áreas de las ciencias sociales, como las ciencias económicas y de la conducta. Esto es lógico, puesto que hace tiempo que se obliga a los investigadores españoles a publicar sus trabajos en revistas incluídas en la cobertura de alguno de esos sistemas o los dos: en 2017, WoS incluyó más de 85.000 trabajos publicados en 12.128 revistas diferentes con contribución de grupos de investigación españoles. Pero los investigadores y académicos españoles son mucho más productivos que todo eso.

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Vale, un tanto perjudicada, pero la Feldhase von Dürer

 

El ejemplo de la Historia Moderna

Hará un año que CarolinaC me pidió ayuda para determinar la producción científica de un par de departamentos universitarios de Historia Moderna/Contemporánea. Cuando examiné las fuentes, no me sorprendió averiguar que el investigador más prolífico había publicado dos trabajos según Scopus y nueve según el WoS… pero era autor de 288 publicaciones según Dialnet, el gran sistema bibliográfico español. Parecido contraste existía con los casi 5.000 autores restantes. Descargué los registros de Dialnet en formato RIS y, gracias a un script preparado por FrançoisP obtuve las tablas SQL adecuadas para el análisis de esa información. Si alguien está especialmente interesado, aquí tiene mi contribución.

Un embrollo de siglas

Los archivos csv (comma separated values, o simplemente delimitados por coma) son archivos de texto eran un formato ideal para su transcripción a tarjetas perforadas y para su manejo en los programas de cálculo pioneros, allá por los años 70 y primeros ochenta. Son ideales para representar registros, cada uno presentado como una secuencia de atributos que ocupa una línea. Entre unos y otros atributos, vale cualquier cosa: coma, punto y coma, tabulador y demás. Nunca entenderé por qué sólo algunos sistemas de información bibliográfica y muy pocos gestores personales de esa misma información aceptan el formato csv como soporte de intercambio de registros. Hay quien (como el Hellenic National Documentation Centre) monta APIS y entornos en Java para posibilitar el intercambio entre diferentes sistemas bibliográficos. Hay quien, consciente de las limitaciones de Mendeley, recurre a otro gestor bibliográfico (JabRef) para exportar y eventualmente compartir sus registros a través de csv.Yo soy mucho más limitado.

Aunque es un formato propietario de ISI ResearchSoft (originalmente Research Information Systems) RIS se ha extendido y es admitido y empleado por la práctica totalidad de gestores personales de información bibliográfica, además de por un gran número de bibliotecas digitales y sistemas de información bibliográfica. RIS es lo que se llama un formato “etiquetado” porque presenta en cada línea un elemento precedido de una etiqueta que lo define; así, TY es el tipo de referencia, AU precede a los autores y demás.

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Registros en formato RIS, con las etiquetas de campo precediendo los diferentes atributos. La etiqueta ER (end of record) cierra cada registro y TY (type of record) abre el siguiente.

Dialnet admite la descarga de registros en formato RIS. ¿ Cómo delimitarlos por coma para poder importarlos a tablas SQL y analizarlos sin recurrir a compañeros con sobrecarga de trabajo y sin ahogarse en una sopa de siglas y acrónimos ?

Como siempre: Zotero

Aunque parezca increíble, a veces a uno se le olvida sumar: Zotero puede exportar registros en formato delimitado por comas. Zotero admite la importación de registros en 20 formatos diferentes ¿ So ?. Basta con descargar los registros en RIS, importarlos en Zotero y exportarlos luego en csv para poder capturarlos en tablas SQL. Las fases de este sencillo proceso se muestran a continuación.

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Desplegable con la lista de formatos que Zotero admite y, al fondo, la lista de registros capturados

Tras la carga en Zotero, basta seleccionar los registros y (botón derecho del ratón) exportar los registros seleccionados. Es muy rica la variedad de formatos de exportación.

 

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Entre los formatos a que Zotero puede exportar está, claro, el delimitado por comas.

El resultado de la exportación resulta algo decepcionante porque no hay manera de elegir los elementos bibliográficos a exportar y el Dublin Core es muyyyyyyy amplio.

 

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Los registros exportados desde Zotero en formato csv. Las comas simples y las dobles comillas se pueden cambiar con un adecuado procesador de textos.

Finalmente, los registros se pueden incorporar a un sistema de gestión de bases de datos (DBase, Access, FileMaker o, como en este caso, MySQL) para su procesamiento.

 

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Fragmento de la tabla que contiene los registros.

Siempre será posible, no obstante, eliminar de la definición de tabla los elementos no deseados.

No hay excusas

He iniciado esta nota con un rodeo: hay que manejar varias fuentes para obtener un corpus de documentos que refleje con cierta fidelidad el objeto de estudio. A pesar de las objeciones de sus administradores, Dialnet es una buena fuente de información sobre la investigación española que no está contenida en publicaciones STM. Y sus registros se pueden descargar con facilidad: vía libre para un análisis más exahustivo y fiable de la comunicación y la publicación científica española. Por cierto, una última imagen con alguno de los resultados sobre los investigadores de Historia Moderna.

 

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Sólo para músicos: los misterios de Leopoldo Magenti y sus “Estampes Mediterrànies”

Hace mucho que interpreté por primera vez la suite sinfónica de Leopoldo Magenti “Estampas Mediterráneas (Estampes Mediterrànies)” y aún no he conseguido resolver un par de misterios o de interrogantes a propósito de esta obrita, aunque aporto aquí un modesto remedio a uno de ellos.

Certamen

De pianista prometedor y futuro solista, Magenti se quedó en director, profesor, crítico y compositor tardío de una obra necesariamente corta. La entrada de la edición en español de Wikipedia no le hace justicia— ni siquiera relaciona la obra a la que me estoy refiriendo. Un viejo artículo de Begoña Jorques me ha puesto en la pista de las dos tesis doctorales que tratan su figura como compositor y como crítico. Manuel Olmos Gil le dedica su estudio Leopoldo Magenti Chelvi (1894-1969). Retrospectiva musical d’un home polifacètic y en 2008, Rafael Polanco Olmos trató su actividad crítica en La crítica musical en la prensa diaria valenciana: 1912-1923.
Apostilla breve: uno de estos días, alguien tendrá que dedicarle un pasodoble a Román de la Calle, director de muchas y buenas tesis sobre historia y estética de la música. Fin de la apostilla.

Tendré que leerlas para mejorar, si es posible, esa entrada y, de paso, tratar e resolver los interrogantes sobre la obra. El primero de ellos se refiere a su ejecución: aunque la suite tiene cuatro partes, casi siempre se interpretan las dos primeras y la última. Sólo conozco una interpretación que escape a esta regla— la de la Unión Musical de Liria de Julio de 2011— y es la excepción que la confirma. Ese segundo tiempo se titula “Idilio en el peñón de Ifach” y, francamente, no me parece que suene tan horrible. El caso es que la obra, que completa alcanza casi los 15 minutos, se suele quedar el 10.
El otro pequeño misterio me atañe. Según escribe Sixto Ferrero en su artículo biográfico, Magenti compuso la suite para piano solo en 1951, la orquestó al año siguiente y en 1956 apareció la versión para banda. Según la la edición de 2003 de Piles y el Instituto Valenciano de la Música, está orquestada para las maderas habituales (sin oboes, curioso, pero con contrafagot) metales algo hipertrofiados (cuatro trombones son muchos trombones) una percusión mínima y el habitual quinteto de cuerda. Hasta ahí vale pero ¿ De dónde demonios sale en la versión para banda sinfónica una parte en Si bemol para la tuba ?. La edición de 1988 de la Diputación de Valencia contiene sólo la parte en esa tonalidad– que ya no es habitual en España– así que todas las bandas añaden una transposición manuscrita que cuesta desentrañar. Esto es raro: en la transcripción para banda sinfónica de una partitura orquestal, la parte de tuba se suele extraer de la destinada an los contrabajos, que se afinan en Do. ¿ Entonces ?
En fin, aquí está mi pequeño remedio, mi grano de arena: una partitura de Estampes Mediterránies para Tuba en Do que no es que sea perfecta (aún no domino tanto MuseScore) pero, vaya, se puede leer. Y, claro ¡ Sólo comprende los tres tiempos que habitualmente se interpretan !
Como siempre, que aproveche a quien corresponda.