La importancia de la fase de publicación de artículos de investigación. Una reseña bibliográfica

 

Subhash Chandra Parija y Vikram Kate (eds.): Writing and Publishing a Scientific Research Paper. Springer Nature Singapore, 2017. ISBN 978-981-10-4720-6

Los textos sobre la escritura y la publicación de artículos de investigación aparecen continuamente: WorldCat ofrece 21 libros con la expresión “scientific writing” y más de 200 con la combinación “writing/research” en sus títulos, todos ellos aparecidos en este año aún inconcluso. Junto a obras generales, enciclopédicas (casi 800 páginas tiene Scientific Writing and Communication, Oxford University Press, ISBN 978-0190278540) abundan los textos introductorios y concisos (Writing Your Psychology Research Paper, American Psychological Association, ISBN: 978-1433827075). Uno de ellos es este de Chandra Parija y Kate, que coordinan las aportaciones de una treintena de contribuidores, la mayoría profesores en un instituto de formación médica de postgrado situado al sur de la India.

Vietnam

No es el mar de Bengala, pero queda bastante cerca

Lo que hace singular esta obra breve es que dedica la mitad de sus 197 páginas al proceso de publicación de los artículos científicos. Y esto es una novedad, según se desprende del examen de otras obras: James Hartley (2008) apenas dedicaba en su pequeño manual 24 páginas a la elección de la revista, el retraso de publicación y la relación con los revisores. Blackwell y Martin (2011) sólo reservaban un capítulo (17 páginas) a la elaboración de la carta de presentación, el proceso de revisión y la respuesta a las objeciones. El manual de la American Psychological Association concentra en ¡ dos páginas ! la relación entre autores y revisores. Más generosos, Cargill y O’Connor (2009) dedican una sección completa de su manual al proceso de publicación, con capítulos dedicados a la elección de la revista, el proceso de revisión y la relación con los revisores. Por último, Michael Jay Katz (2009) solventa en 16 páginas la elección de la revista, la preparación y envío del manuscrito y la relación a las objeciones de editores y revisores. Ninguno se refiere, por ejemplo, a la determinación de la autoría.
La etapa de publicación es la penúltima del proceso de comunicación científica. Y no es la fase final porque se le ha venido a añadir en la actualidad la fase de difusión y propaganda del trabajo de investigación, que se realiza a través de redes sociales y otros cauces más o menos formales. La publicación propiamente dicha comprende operaciones y decisiones tan sensibles que los errores pueden echar a perder trabajos buenos o excelentes. Suele señalarse que, aunque la fase de publicación es posterior a la realización del trabajo de investigación y a la preparación del manuscrito resultante, algunas operaciones se han de prever desde el inicio de todo el proceso: son la determinación de la autoría y el establecimiento de un plan de publicaciones para un proyecto o una línea determinados. Además de estas operaciones, son importantes la elección de la revista, el manejo de los actuales sistemas electrónicos de envío de originales y el afrontamiento de las críticas y objeciones que directores y revisores plantean a lo largo del proceso de revisión por pares.
Hay títulos contemporáneos al que estoy criticando que sólo cubren parcialmente estas operaciones. Por ejemplo, Writing and publishing research in kinesiology, health, and sport science (Taylor and Francis, ISBN: 978-1351769440) no trata la determinación de la autoría y Journal article writing and publication (Slack Inc, ISBN: 978-1630913359) sólo ofrece capítulos sobre la preparación del manuscrito y sobre el proceso de revisión. El libro de Chandra Parija y Kate, en cambio, dedica los ocho capítulos de su segunda parte a cubrir todos los aspectos de la fase de publicación y algunos más. Antes de abordarlos, sin embargo, conviene repasar los anteriores.
La primera parte de la obra, Writing a Scientific Research Paper, se inicia con un desglose del esquema IMRaD en sus habituales componentes, aunque apenas ofrece una rápida definición de cada uno. A partir de esta especie de índice, dedica un capítulo a cada componente: título, resumen y palabras clave, introducción, métodos, etc. Es muy acertado el nivel de detalle al que desciende cada capítulo: las 11 páginas dedicadas al título, por ejemplo, tratan de la importancia de su redacción, de los tipos de título, del cintillo, de la página de título y hasta de la carta de presentación.
Todos los capítulos presentan una estructura similar: se inician con una relación de aspectos destacados y, tras apartados dedicados a cada uno de los aspectos del elemento en cuestión, se cierran con un pequeño ejercicio y algunas referencias bibliográficas— no especialmente actualizadas.

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Cubierta del libro

La segunda parte del libro se titula Publishing a Scientific Research Paper y se inicia tratando la elección de la revista. Hasta 20 aspectos diferentes se incluyen en este capítulo, desde el ámbito temático a un sorprendente apartado sobre las consecuencias de la retirada (voluntaria) de un manuscrito. El siguiente capítulo no es menos completo, trata de la revisión del manuscrito y abarca desde los tipos de decisión editorial hasta la forma de afrontar las objeciones de los revisores o el cambio de revista.
El muy espinoso tema de la autoría y la contribución centra el capítulo 13 y el hecho de que los autores del capítulo (Akash Shukla y Avinash Supe) hayan tratado en él la diferencia entre mérito y responsabilidad de los autores arroja una buena pista sobre su nivel de actualización. Tratan también el orden de firma y el papel del autor de correspondencia y— esto sí que es muy de destacar- abordan el conflicto entre el reconocimiento de una contribución en la sección de agradecimientos y la consideración de una contribución como plena autoría. Ni que decir tiene que se discuten los fenómenos de la autoría honorífica y los autores fantasma. El capítulo dedicado a los tipos de manuscritos (desde cartas a revisiones) se debería desplazar a la primera parte de la obra y el siguiente, What does a reviewer look into a manuscript, debería de unirse al que trata la revisión.
Savio George Barreto, el único de los autores no afiliado a una institución india, ofrece una exposición clara y completa de las opciones para conseguir que determinado trabajo sea universalmente accesible y, siguiendo con la precisión en el tratamiento de los temas, repasa los costes, el peligro de las revistas predadoras, la relación entre acceso universal e impacto y, claro está las tarifas por cada modalidad de acceso abierto.
Los capítulos finales, dedicados al fraude científico, el plagio y a los dilemas éticos (incluídos los relativos a la autoría) cierran un libro que considero completo y simple.

Empleo el adjetivo “simple” en sentido apreciativo. El texto “aborda las necesidades más acuciantes del investigador novel” (pag. 5) pero sin caer en el esquematismo de la serie “Effective Medical Writing” que publicó desde mediados de 2008 el Singapore Medical Journal o el de la serie “Ten simple rules…” que ha venido animando Philip Bourne desde las páginas de PLoS Computational Biology.

Una característica final anima a la lectura y apreciación del texto: hace honor a su título y sólo en los ejercicios (“case scenarios”) del final de cada capítulo es notoria la afiliación y orientación temática de los autores, algo inevitable por otra parte. Por añadidura, la versión electrónica permite ahorrar a determinadas instituciones los 109 dólares que sus editores demandan.

Leed o al menos ojead ese pequeño texto: vuestros alumnos os lo agradecerán. Ah ! y las referencias de las obras que he utilizado:

American Psychological Association (2009). Publication Manual of the American Psychological Association (6th Edition); American Psychological Association;Washington.
Blackwell, J.; Martin, J. (2011). A Scientific Approach to Scientific Writing. New York; Springer.
Cargill, M.; O’Connor, P. (2009). Writing Scientific Research Articles: Strategy and Step; Chichester; Wiley-Blackwell.
Hartley, J. (2008). Academic Writing and Publishing: A Practical Handbook; New York; Routledge.
Katz, M. J. (2009). From Research to Manuscript: A Guide to Scientific Writing (2nd ed.); New York; Springer.

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Debilidad por el cuervo

Nadie me creyó cuando afirmé que los cuervos de Berlín no eran negros y marcaban el paso de la oca, así que me faltó tiempo para captar a uno en uno de sus paseos.

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Tomo la anécdota como excusa para referirme muy brevemente a una noticia que supe ayer: la casa editorial Elsevier demanda a Sci-Hub y LibGen el pago de 15 millones de dólares. Y veréis por qué.
Sci-Hub almacena 62 millones de copias de artículos de investigación y bastantes libros. Cualquiera, desde cualquier parte, puede obtener una de ellas sin coste adicional alguno.
Supongo que la actividad de Sci-Hub puede no ser legal. Supongo que la actividad de Elsevier es legal. También creo que la actividad de Sci-Hub no debería perseguirse y que se deberían cuestionar las maneras de Elsevier. Como frente a otras diatribas, no me he formado una opinión, pero he adoptado una postura. Desde estas notas he enlazado con frecuencia las versiones electrónicas de artículos de investigación. En ocasiones, y ante la sospecha fundada de que algunos trabajos no serían accesibles a todo el mundo, he empleado el enlace que me proporcionaba Sci-Hub cuyo anagrama es (qué coincidencia) un cuervo que sostiene una llave.
La fundadora de Sci-Hub, Alexandra Elbakyan, aún no ha cumplido los 30 y ha sido considerada una personalidad relevante para la ciencia y mencionada junto a Edward Snowden, quien ha sido y es relevante para todo el mundo. De momento, el destino de Alexandra es diferente al de Aaron Swartz, un campeón de los formatos libres en Internet, que fue hallado muerto poco tiempo después de ser acusado de una descarga masiva de archivos PDF almacenados en JSTOR.

No dejan de repetirme que la investigación científica es desinteresada y no tiene fronteras. Suelo responder con mi sonrisa más cínica: del trabajo desinteresado de los científicos hay quien  extrae un grandísimo interés y, por mucho que se cacaree lo de la “república de las letras”, todos los premios Nobel tienen pasaporte.

Sabemos lo que pasa cuando el grajo vuela bajo, así que más vale que el cuervo siga marcando el paso de la oca largo tiempo.

Autoría científica: ¿ baile de vampiros o merienda de negros ?

Hace tiempo que no me topaba con John Walsh. Junto a su pupila Li Tang, este profesor del Georgia Institute of Technology propuso en 2010 un método para resolver la homonimia de los autores de trabajos de investigación mediante el análisis de sus listas de referencias bibliográficas. Recuerdo haber criticado el método sin ninguna base sólida, pero con la sospecha de que los cambios en las líneas de investigación se podrían traducir en cambios en la base de conocimiento de los autores y, en consecuencia, en su perfil de referencias. Hace tiempo que las limitaciones de la capacidad de cálculo en los ordenadores a mi alcance me hicieron renunciar a comprobar empíricamente mis objeciones.

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Dance of the Vampires (Roman Polansky, 1967)

Ahora vuelvo a coincidir con Walsh porque, mientras he concluido estos días un primer trabajo sobre autoría y me dispongo a analizar los resultados de otro sobre parecido tema, me he topado con que, junto a su colaboradora Sahra Jabbehdari, ha publicado un artículo sobre el mismo tema. Y me parece muy, muy bueno.
En “Authorship Norms and Project Structures in Science” Walsh y Jabbehdari examinan la correspondencia entre la contribución de cada investigador en el desarrollo de un proyecto científico y su aparición en (o exclusión de)  las listas de autores de las publicaciones resultantes siguiendo las normas convencionales de autoría. Su objetivo principal es:

…to develop an understanding of some of the drivers of authorship lists (and how those vary systematically by field and by project characteristics net of field) in order to address concerns in the sociology of science and in science policy about the meaning of authorship lists for the evaluation and carees in science.

La introducción del cualquier artículo científico exige un balance entre las definiciones, los razonamientos retóricos y la bibliografía. Las definiciones responden a la pregunta ¿ Qué se investiga ? Los razonamientos responden a la cuestión ¿ Por qué se investiga ? y las referencias bibliografías tratan de responder a la pregunta ¿ Para quién es relevante la investigación de ese tema concreto ? La retórica de una buena introducción requiere de un balance exquisito entre las tres respuestas. En el trabajo de Walsh, sin embargo, el equilibro se rompe en favor de una revisión bibliográfica que a mí me parece excesiva. Las tres ideas básicas de esta sección son: 1) existen criterios para “elevar” a un colaborador al rango de autor; 2) esos criterios no siempre se respetan, y 3) la aplicación de los criterios depende de la cultura de cada grupo o especialidad científicos.
La tercera sección de la introducción discute si las expectativas de un alto impacto del trabajo, los visos de su aplicación comercial y el grado de colaboración institucional que ha exigido su realización pueden predecir la inclusión de más o menos autores en los artículos.
Tras seleccionar una muestra de trabajos de investigación, Walsh y Jabbehdari someten a sus autores correspondientes a una encuesta para que determinen el papel que los firmantes de los trabajos han desempeñado. Los resultados del trabajo son espléndidos, muy robustos, pero sus conclusiones no albergan muchas sorpresas. Ya sabíamos que

authorship lists are the result of a complicated process involving negotiations, field norms, and differences in visibility and that these vary across projects in systematic ways

Y también que

authorship practices may be changing in the age of bureaucratic science. Hence, there is a need for authorship policies and norms that are fitted to this new bureaucratic science structure

La  terminología de Jabbehdari y Walsh me resulta ambigua. Llamar especialistas a aquellos autores que realizan aportaciones puntuales al trabajo no tiene nada de particular, pero hacer equivalentes estos specialist authors a los “guest” authors, autores honoríficos, no me cuadra. Del mismo modo, también me choca que se denominen “nonauthor collaborators” a los autores denominados fantasma (ghost) o negros. Pero recomiendo encarecidamente la lectura del trabajo y agradezco muchísimo que hayan ampliado el estudio de la autoría de trabajos científicos e introducido la forma de identificar o investigar esas dos figuras.
No soy ingenuo: las continuas revelaciones de falta de ética, plagio, reinados de taifa y otras perversiones me hacen suponer que no cesará la picaresca de los investigadores. Pero no conozco actividad humana que no tenga aprovechados, precarios, chupasangres, negros y fantasmas. Trabajos como el de Jabbehdari y Walsh, sin embargo, pueden contribuir a mejorar las directrices y los criterios de una honesta autoría.

¿ Revisiones rápidas o revisiones limitadas ?

En Junio de 1997, tres médicos británicos publicaron un artículo cuyo título comenzaba por “Rapid and responsive health technology assessment”. Ha sido identificado como el primer trabajo que describía lo que, andando el tiempo, se ha venido a denominar “rapid reviews”, revisiones rápidas.

 

Roadrunner

Dos fotogramas de uno de los capítulos del Correcaminos

Hace bastante tiempo que elaboré varias notas sobre las revisiones y no hace tanto que también publiqué un comentario sobre el retraso de publicación. Como ahora, 20 años después, se acaba de publicar un artículo especial (el primero en España) sobre las revisiones rápidas, aprovecho para opinar, como casi siempre a la contra.

La definición de revisión rápida

Una revisión (bibliográfica) se elabora a partir del examen de materiales previamente publicados sobre un tema determinado. Una revisión sistemática se ajusta a un procedimiento normalizado para la selección de esos materiales previos y para la evaluación de su utilidad como evidencia científica. Pues bien, Ferrán Catalá López y sus colaboradores ofrecen una traducción muy adecuada de la definición de revisión rápida:

Una revisión rápida puede definirse como una revisión de la literatura científica que utiliza métodos simplificados y acelerados en comparación con una revisión sistemática tradicional.

Sin embargo, no me resisto a acotar esta otra definición operativa, que procede del trabajo previamente enlazado y tiene cierta elegancia:

“… a rapid review is a type of knowledge synthesis in which components of the systematic review process are simplified or omitted to produce information in a short period of time”

Catalá y sus colaboradores han elegido dos ejemplos de revisiones rápidas: una sobre la mejora de la asistencia en el centro canadiense donde trabajan;  la segunda como respuesta (del mismo centro) a una consulta de la Organización Mundial de la Salud sobre la indumentaria de protección frente al virus del Ebola.

¿ Revisiones rápidas  o revisiones cortas ?

De las alrededor de 150 revisiones rápidas publicadas en los últimos años, sólo unas 20 se salen del ámbito de la Medicina. Las revisiones rápidas parecen útiles para guiar por la evidencia determinadas decisiones en el campo de la práctica clínica o la Epidemiología. Pero, de los ejemplos que Catalá aporta y otros parece desprenderse la idea de que las revisiones rápidas se realizan por encargo. De hecho, el propio Catalá se refiere a “su naturaleza exploratoria, dirigida generalmente a informar una decisión”. Nada que objetar, pero tengo dos cuestiones.
La primera ¿ Son las revisiones rápidas útiles desde el punto académico ? Yo diría que la respuesta a esta pregunta es “no”. La propia Sharon Straus y sus colaboradores resumen así los resultados de la revisión de las revisiones rápidas que realizaron:

Streamlined methods that were used in the 82 rapid reviews included limiting the literature search to published literature (24 %) or one database (2 %), limiting inclusion criteria by date (68 %) or language (49 %), having one person screen and another verify or screen excluded studies (6 %), having one person abstract data and another verify (23 %), not conducting risk of bias/quality appraisal (7 %) or having only one reviewer conduct the quality appraisal (7 %), and presenting results as a narrative summary (78 %)

Es decir, los autores abrevian el procedimiento de revisión sistemática limitando de una forma u otra el número de trabajos previos que recopilan. No es lo que yo recomendaría a un estudiante de postgrado, desde luego. Y, la segunda cuestión ¿ Aportan alguna mejora a la diseminación de la información científica ?.
Veamos, la primera de las revisiones que Catalá describe apareció publicada el 31 de Enero de 2012, pero ya se había emitido el informe interno resultante con anterioridad, con bastante anterioridad— en Febrero de 2011. La segunda revisión, la dirigida a la OMS, apareció en una revista de publicación rápida el 9 de Octubre de 2015. El tracing indica que llegó a la redacción el 16 de Julio de se año. ¿ Tiene algún sentido que las revisiones de los ejemplos— que se realizaron en cuatro y siete semanas— tardaran 44 y 11 semanas respectivamente en publicarse ?. Los retrasos de publicación son una gran losa. Si con las demás revisiones rápidas pasa lo mismo, si son rápidas porque son cortas y si sólo son puntuales en su entrega a quienes las encargaron, entonces no merece la pena que se consideren siquiera un subgénero en comunicación científica.

Me temo que se avecinan días difíciles así que hoy nada de música.

Otra muestra de casquería científica: las citas como longanizas (y cómo evitarlas)

Hace poco añadí a las bellas durmientes de van Raan otro de los símiles útilers en comunicación científica: los cadáveres excelentes. Quizá debería haber completado el cuadro refiriéndome a los artículos zombies, por aquello de la proximidad de los muertos vivientes a los muertos bien muertos. Para quien no esté familiarizado con la jerga de la comunicación científica y su picaresca: un artículo zombie es aquel sucesivamente rechazado por las revistas de su especialidad y que, sin embargo, sus autores se empeñan en someter a más y más títulos como si se resistieran a enterrar (en un cajón se entiende) ese trabajo sin ninguna posibilidad de alumbramiento.
Si algo nos enseña el mal gusto de los autores de novelas gráficas y de los guionistas que adaptan sus obras es que la casquería tiene su clientela y que, para desgracia de los demás, Jacques Tourneur (I Walked with a Zombie, para RKO en 1943) no creó escuela. Pero a lo que íbamos.
La casquería no es un referente único. Muy cerca del puesto de visceras se encuentra la charcutería y es frecuente en la jerga el recurso a sus productos. Así,  la fragmentación de una única serie de observaciones en publicaciones reiteradas de casi los mismos resultados se ha dado en llamar “publicación en salami” (salami slicing) y como, por otra parte, chorizos hay en todas partes, no es difícil encontrarlos entre plagiarios y autores honoríficos.
Pero yo quiero hablar de las longanizas. Y quiero hacerlo con precisión: no me refiero a salchichas, sino estrictamente a longanizas ¿ Que cuál es la diferencia ? Sencilla: las salchichas se presentan aisladas, las longanizas en sarta o ristra. Y éste y no otro es el meollo y de paso el final de mi rodeo. Veréis.

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Ensartado de longanizas en un obrador (Venta del Aire, Teruel)

La cosecha de trabajos relevantes para la comunicación científica es abundante estas semanas y creo que de calidad. Voy a dedicar una próxima nota a comentar uno donde John P Walsh y Sahra Jabbehdai se las entienden con el espinoso asunto de la autoría. Pero antes lo menciono aquí sólo para destacar un detalle de su redacción. La cita literal es la siguiente:

authorship may also reflect social factors such as eminence or hierarchical position (Birnholtz 2006; Drenth 1998; Flanagin, Carey, and Fontanarosa 1998; Haeussler and Sauermann 2013; Laudel 2002; Mowatt et al. 2002; Rennie, Yank, and Emanuel 1997; Sismondo 2009; Zuckerman 1968)

¿ Alguien se percata del detalle ?. Para apoyar la afirmación de que quizás existan factores sociales que determinan el orden de firma [de los artículos de investigación] los autores citan…  nueve (nueve, o sea 9) investigaciones previas. Y por cierto, de forma desordenada.
A esto he dado en llamar citas como longanizas: a que se agolpen en una ristra o sarta un montón de autores y años o, en el sistema numérico, largas secuencias separadas por coma o por guión.
La idea que se intenta transmitir es la de unanimidad, la de que todo el mundo está de acuerdo en que el SIDA no tratado es mortal o en que las estructuras sociales de la ciencia determinan el orden de firma de los trabajos. Pero esta práctica es nociva sobre todo para el lector. Aún no he tenido tiempo de demostrarlo, pero demostraré que la lectura y comprensión de un texto científico, de por sí usualmente aburridas, se hacen más difíciles cuando las citas en el texto se acumulan como longanizas en su sarta.
Bueno, si los malos cómicos introducen “morcillas” sin tino ¿ Por qué los investigadores no han de emularlos ensartando longanizas a tutiplén y porrillo ?. Al fin y al cabo, entre las reglas para la escritura de trabajos sistemáticamente aburridos (“consistently boring”) se recomienda la escritura de trabajos laaaarrgooosss y la inclusión de muchas referencias para apoyar afirmaciones triviales.
No conozco a director alguno que haya propuesto limitar esta práctica, pero no pierdo la esperanza de que se apliquen algunas reglas sencillas que podrán contribuir a su desaparición:

Primero, el premio a la originalidad y homenaje al pionero.

En este caso a la pionera: si Harriet Zuckerman halló que las relaciones sociales entre científicos determinan el orden de firma de sus trabajos, basta con citar su trabajo de 1968. Los siguientes se han limitado a confirmar su hallazgo, que ella demostró por primera vez con gran elegancia.

Segundo, el premio a la robustez.

Me he encontrado con trabajos recientes que llegan a las mismas conclusiones que otros anteriores pero, siguiendo la moda actual de trabajar con poblaciones en lugar de con muestras, dan a sus análisis estadísticos y a sus conclusiones una gran robustez. El ejemplo siguiente, que he aplicado en propias carnes, ilustra la diferencia.
La afirmación de que existe una relación entre el número de autores de un trabajo y la frecuencia de citas que ese trabajo recibe posteriormente se puede apoyar en el trabajo “The effect of scholar collaboration on impact and quality of academic papers” o bien en el titulado “Team size matters: Collaboration and scientific impact since 1900”. Yo he citado el segundo porque es más actual (2015 a 2010) porque cubre un periodo mucho mayor (nada menos que 112 años frente al estudio transversal del primer trabajo) porque abarca más disciplinas (el primero sólo  trabajos en revistas de 20 categorías temáticas) y se extiende a más culturas (algo más de 28 millones de trabajos internacionales frente a 18.500 trabajos italianos).
No hay color, creo yo.
Es viernes y mañana asisto a la representación de la Symphonie der Tausend, lo que me sugiere abundar en temas fúnebres, como éste de Gilberto Gil. Para el fin de semana, que vuelve a ser largo, tiene su miga. Y ya si se combina con embutidos…:

Gazmoños, mojigatos y Roberto Cavalli

Hace tiempo asistí a una de tantas muestras de esa clase de despropósitos que en la jerga de Internet se llama “trollismo”. Vaya, a un intento de buscar la complicidad o provocar la protesta o incitar al insulto contra alguien de una forma extemporánea y desproporcionada . Esta vez le tocó a Khatia Buniatishvili, que interpretó el Concierto para piano de Robert Schumann acompañada de una de las orquestas que más me gustan en el Rheingau Musik Festival, a finales de Agosto de 2012.
La grabación, que se ha reproducido ahora más de 3.700.000 veces, ha suscitado casi 1900 comentarios, bien contrarios o bien favorables a… la vestimenta de la pianista.
Veamos (la fotografía seguro que ayuda): Khatia, que está a punto de cumplir 30 años, revela su origen georgiano en cada mirada negrísima y en todos los tonos de su piel, aceitunada como la de una romaní. Que para ese concierto eligiera un vestido blanco que dejaba al desnudo sus hombros y su espalda sólo merece, creo yo, el comentario más jaleado de todos los que, para bien, se dirigieron a su imagen:

The woman can wear whatever she god damn want to (Freydabae)

Khatia

Su técnica, su postura y su capacidad de entendimiento con la orquesta parece que quedan fuera de toda duda. Pero los comentarios supuestamente cándidos, propios de los más pobres de espíritu o de los peores cínicos fueron (y siguen siendo) numerosos:

There really is a double standard in the way pianists dress.  While women can wear comfortable clothing, men still have to wear tuxedos with neck-throttling bow ties (Gerry R)

Khatia no es la única que ha recibido críticas de esa clase. Yuja Wang, otra grandísima (si olvidamos su altura) pianista, suele vestir de Roberto Cavalli y ha sido definida como “un prodigio al piano popular por la brillantez de sus interpretaciones y por su llamativa vestimenta (“dramatic outfits”). Las críticas le llegan desde arriba (“spiky-haired”) hasta abajo (“five-hinch-heels”) y, sin embargo, yo nunca la he oído fallar un pedal…
Las músicas no son las únicas destinatarias de tanta tontería, por mucho que el machismo sea un ingrediente más que habitual de estas salsas. Pero Yo-Yo Ma o Lang Lang o James Rhodes no han recibido censuras por sus formas de vestir o no sólo por eso. Si en lugar de concertistas de música sinfónica fueran vocalistas de grupos de rock, dudo que alguien reparara en su forma de vestir, criticara su tendencia a la mezcla de estilos (Ma o Lang)  o censurara su testimonio como víctima de abusos (Rhodes).

Hay otra forma de ver las cosas: con independencia de sus gustos personales, las empresas discográficas que contratan a estas dos pianistas están sacando buen partido de sus, llamémoslas veleidosas elecciones de vestuario. Todo el mundo señala que la interpretación musical actual tiene un componente plástico, visual: un concierto no sólo se interpreta, también se representa. No sé cómo le va a Khatia, pero Yuja coloca el “sold-out” con relativa facilidad.
Creo que quien afecta escrúpulos, quien censura de forma exagerada e irrespetuosa, no está defendiendo con más o menos calor una opinión o esgrimiendo un argumento o declarando una convicción. Creo que está padeciendo la famosa terciana  que combina la frase hecha con el estereotipo y el lugar común. Esta dolencia no la originan los mosquitos (como la malaria, de donde he tomado el adjetivo) sino las tonterías y esa extraña tendencia a limitarse a cuatro prejuicios que adquirimos antes de los 20 y no dejamos ni pasados los 80. Pereza intelectual, conformismo y dejadez serían buenos sinónimos  ¿ Por qué se ha de permitir a los músicos de jazz o de pop o de punk lo que se censura en los músicos sinfónicos ?. Me gusta Chopin, me gusta Yuja cuando sobrevuela el teclado en los Preludios, me encanta Cavalli y, aunque no soy muy de orientales, considero las minifaldas de lentejuelas y las espaldas desnudas como otro de los atractivos de una experiencia estética.
Yuja acaba de representar a Chopin frente a un estanque con miles de medusas y un auditorio con no tantos oyentes. Vestido largo vaporoso, realmente etéreo y marino, su último peinado a lo “Bob” y esa forma de hacer conseguir el piano súbito… El mismo día, en la misma ciudad, a muy pocos metros yo opté por un concierto con Das Lied von der Erde y salí perdiendo.

Dejadme que parafrasee al Marcello de La Bohème: “Per vendicarmi, ho messo un video”. Y, claro, ahora me diréis que nos os gusta Brahms.

Khatia Buniatishvili – Yuja Wang – Johannes Brahms – Hungarian Dance No. 1 from medici.tv, music with vision on Vimeo.